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Penetrada en el metro

Hola, ahora les quiero contar algo que me sucedió en el metro de la ciudad de México.

Resulta que mi esposo fue hace poco a hacer unos trámites de los terrenos que tiene en el pueblo de donde somos y tuvo que estar en el DF varios días. Uno de esos días me habló por teléfono y me dijo que necesitaba unos papeles y que se los llevara al día siguiente. Yo casi no conozco la ciudad, pero me dijo que llegando tomara un taxi y se los llevara a una dirección cerca del metro Tacubaya.

Total que encargué a los chicos con mi cuñada y me fui con la idea de verlo y agradarle. Como eran días de calor, me puse ropa ligerita, una falda amarilla de algodón arriba de la rodilla con una abertura hasta el muslo, una blusita blanca, un suetercito cerrado de cuello V y zapatos de tacón. Según yo me veía bonita para agradarle a José.

Tomé el autobús en Arcelia a las 18 de la mañana para llegar a México como a las 2 de la tarde. Un señor que me tocó de compañero me fue piropeando todo el camino y me acordé de cuando le mamé la verga toda la noche a un señor que conocí también en un autobús de esta misma ruta. Me puso cachonda con sus cosas y sus miradas lascivas, incluso me echó un rollo de que si las cosas que a uno le gustan no las puede tocar se echan a perder y lo dejé agarrarme las piernas un rato. No se porqué pero siempre que viajo me caliento yo sola y esta vez no fue la excepción. Me levanté dos veces al baño para pasar junto a él y excitarlo viéndome por atrás.

Yo le miraba el pene bien erecto sobre el pantalón. Su mano en mis piernas me estaba excitando mucho, pero era de día y había personas en el autobús que me conocen, así que le quité la mano de mis piernas, me acomodé en el asiento y me hice la dormida. Al resbalarme en el siento, la falda se me subió un poco más y la apertura de la falda dejó ver mis piernas un poco más de la cuenta. Sentía como rozaba mi muslo con su antemano.

Antes de llegar a México, me ofreció dinero para acostarme con él y me propuso un montón de cosas, me decía quedito casi en el oído lo que me iba a hacer en la cama y luego se quitó la chamarra, se la puso sobre las piernas, me enseñó su pene y se comenzó a masturbar para que yo lo viera. Terminó, se limpió con su pañuelo y me lo regaló. Cuando llegamos a México le di un beso de despedida, pero él me abrazó y no quería soltarme, por fin me zafé, me quiso seguir y yo me puse nerviosa y sin hacerle caso a mi esposo de tomar un taxi, corrí y me metí al metro. Pensaba que ahí iba a estar más segura.

Compré mi boleto y me subí, afortunadamente me le perdí a aquel hombre y ya más tranquila pensaba que le había dado más entrada de la cuenta, recordaba su mano acariciando mis piernas y luego su mano sobando su pene, su chamarra moviéndose mientras se masturbaba y su eyaculación. Saqué el pañuelo y lo sentí muy húmedo, lo olí y me lo puse en la cara. Iba tan distraída que hasta varias estaciones después me di cuenta de que todos los hombres no me quitaban la vista de encima pues iba mal sentada y seguro se me veía la pantaleta.

Un tipo se me pegó en mi hombro y comenzó a restregarme su pene, me saqué de onda y me levanté del asiento y me bajé. Me acuerdo que era la estación Tacuba y que por sonsa me había equivocado, la había confundido con Tacubaya. Caminé por el andén un rato, me di cuenta de que la manera en que iba vestida llamaba mucho la atención de los hombres, me decían de todo, que mamita, culito, rica y muchas otras cochinadas, pero que en el fondo me halagaban.

Subí las escaleras y en el pasillo encontré a una pareja de jóvenes y les pregunté que como llegaba a la estación Tacubaya, el chico se me quedó viendo y me dijo que los siguiera, más adelante se encontraron con otros muchachos más que los estaban esperando, todos vestían de negro y tenían tatuajes, aretes, pulseras de cuero, eran como de una pandilla o banda. Cuando me vieron comenzaron a piropearme, me veían de arriba abajo, me di cuenta que les gustaba.

Caminamos un poco más por el pasillo y se detuvieron a comprar refrescos, sacaron una botella y comenzaron a servirse y a tomar. La muchacha comenzó a hacerme preguntas de todo y ya le dije que era de provincia, que estaba casada, que no conocía la ciudad, que iba a buscar a mi esposo y en fin todo lo que me preguntó. La muchacha les dijo que andaba perdida y que iba a Tacubaya. Me di cuenta que se veían unos con otros y alguno dijo pues bolita, ¿no? Luego supe a que se refería.

Comenzamos a caminar y bajamos al andén, yo no sabía ni donde estaba y me dejé llevar por esos muchachos, todos menores que yo. Me empezaron a decir, señorita, está usted re buena y otras cosas que no me acuerdo. La muchacha me ofreció tequila del que estaba tomando y me tomé varios tragos, no se me hizo fuerte porque yo estoy acostumbrada a tomar mezcal. Yo estaba un poco espantada, pero confiaba en que ellos me iban a llevar a la estación Tacubaya.

Llegó el tren y nos metimos todos en bola, había mucha gente, así que me fueron empujando hasta la puerta de enfrente. Cuando me di cuenta, estaba hecha sándwich entre uno de los muchachos que estaba recargado en la puerta, yo de espaldas a él y el novio de la muchacha enfrente de mi. Arrancó en tren y comenzaron a repegarse en mí, sentía la verga del muchacho de atrás entre mis pompis y el de enfrente en mi vientre, alguien dijo, hagan bolita, hagan bolita. Me acordé de un programa cómico de la tele donde un tipo le da sus llegues a las pasajeras de los micros. Sentí manos en mis piernas, en mis pompis, besos en mi cuello y en mis senos. La muchacha me pidió mi bolsa, se la di, realmente me estorbaba.

Sentí como me subían la falda y me rompían la pantaleta, luego un pene entre mis pompis y una mano agarrándome toda la conchita. Sentía besos en mi cuello y en mis oídos y alguien más apretaba mis senos, me aflojé todita, era demasiado para mi, alguien me tomó una mano y me la puso en su pene que ya estaba fuera del pantalón, lo empecé a frotar, cuando sentí un dedo penetrando mi vagina, era el del muchacho que tenía enfrente, su novia lo estaba masturbando con la mano.

Mientras veía las sombras de la gente, las luces de los túneles, el abrir y cerrar de las puertas y el silbatito típico del metro, el dedo tocó algo dentro de mi que con sus caricias me hizo gemir de placer y venirme en la mano del muchacho. Oí que les dijo a los otros ¡Qué bárbara, se vació toda! Mis piernas se mojaron y sentía las gotitas de mi venida llegarme hasta los pies, la muchacha apresuró la masturbación y la verga de su novio escupió su semen en mis vellos púbicos y lo limpió con mi falda. Él se limpió la mano en mi blusa, sobre mis senos.

La muchacha me daba de tomar de su botella, cuando sentí calentito entre mis pompis y luego el escurrir del semen del muchacho que estaba atrás de mí que tenía un dedo en mi colita. Mi mano ya estaba llena también del semen del otro muchacho, un gordito bien dotado. La muchacha me dijo: señorita, arréglese porque a la siguiente bajamos. Me arreglé como pude la falda y la blusa, mi suéter había desaparecido, Estaba húmeda, mi vagina escurría aún mis juguitos, el semen de los muchachos también me escurrían por las piernas hasta los pies y mi mano estaba pegajosa. Era la estación. Pino Suárez y ya estaba un poco ebria.

Caminé con ellos como autómata, la verdad me había olvidado de todo, estaba excitadísima. Me llevaban en medio de todos, me manoseaban y escuchaba sus risitas y sus comentarios de está buena la señora esta, a ver que tal la mama. Le recordé a la muchacha que necesitaba llegar con mi esposo y me dijo para allá vamos señorita. Pasamos varios pasajes y por fin llegamos a otro andén, llegó el tren y nos subimos. Este iba igual de lleno que el anterior, la muchacha me dijo: agasájese señorita, estos chicos están bien buenos. Volví a quedar entre dos de los muchachos, ahora eran otros. Otra vez escuché eso de bolita, bolita , entonces entendí que todos se ponían alrededor para que nadie viera lo que me estaban haciendo.

El de atrás me subió la falda y se empezó a masturbar con mis pompis, trataba de metérmelo por atrás, pero no podía y yo me resistía apretándome, pero su babita le permitió aflojarme un poco y meterme el dedo en el ano. Otra mano estaba ya jugando con mi clítoris y alguien me puso la mano en otro pene; yo le agarré la verga al de adelante. Comencé a besar al muchacho que tenía enfrente de mi. Su lengua la tenía casi en la garganta cuando me vine en sus manos. El muchacho que tenía atrás eyaculó casi en mi vagina. Me dijeron que ya nos íbamos a bajar. Era la estación Pantitlán. Me dieron más tequila, la gente nos veía indiferente, aunque mi faldita amarilla no entonaba con lo negro de la vestimenta de todos los demás.

Bajamos del tren en medio de un río de gente, un muchacho me abrazó y así me dejé llevar, me agarraba las pompis y las piernas; la muchacha seguía dándome tequila, me di cuenta que ya era otra botella. Caminamos por varios pasillos, salimos y volvimos a entrar y volvimos a bajar a un andén, había muchísima gente. Le pedí la botella y me tomé varios tragos. Mientras llegaba el tren el muchacho que me llevaba abrazada comenzó a besarme en la boca y yo le correspondí. La muchacha se acercó y me dijo: no se preocupe señorita, ahora si ya vamos a Tacubaya.

Llegó el tren y ellos se metieron empujando a todos. Alguien dijo: acá está el asiento para la señora y el muchacho me llevó a un asiento en un rincón, me sentó en sus piernas y me siguió besando hasta que el tren arrancó, entonces me subió la falda y sentí su pene en la entrada de mi vagina, le dije que si no tenía condón no me la metiera, entonces pidió un gorrito, alguien se lo dio y se lo puso. Me lo metió y me pidió que me moviera. Me gustó, me moví lo mejor que pude, además por la situación estaba excitadísima, yo escuchaba el murmullo de la gente, el tren avanzando y deteniéndose en las estaciones.

Alguien me puso su pene en la boca y se lo mamé hasta que se vino, luego vino otro y otro y otro más, más bien buscaban mi boca para eyacular, para terminar de hacerse sus chaquetas. Me volví a venir dos veces hasta que el muchacho que me tenía sentada se paró, se quitó el condón y eyaculó en mis piernas. Otro ocupó de inmediato su lugar, me dolió porque la tenía muy grande y casi de inmediato eyaculó dentro de mi y llegó otro, busqué otra verga para seguir mamando y luego otra, luego mientras se la mamaba al novio de la muchacha, sentí una venida en mi cara y otra en mi pelo y oreja de quien sabe quienes y escuche que la muchacha dijo: ya vamos a llegar .

Me levanté de inmediato, todos me soltaron, algunos gritaban no se porqué, tenía semen por todos lados, mi boca me sabía raro, eructaba mucho, así llegamos a la estación Chapultepec, ellos se bajaron y me quedé sola en el asiento del rincón, el tren estaba semivacío; le grité a la muchacha que me diera mi bolsa y los papeles que llevaba, el tren cerró sus puertas y vi el sobre de los papeles de mi esposo que alguien aventó por la ventana. Me levanté a recogerlos y sentí la mirada de todos. Pregunté que cuanto faltaba para Tacubaya y alguien me dijo que dos estaciones.

Regresé a mi asiento y vi dos condones usados tirados en el piso, el otro estaba en el asiento, todos los pasajeros que iban cerca los vieron. Con una pena horrible, como pude me hice fuerte para llegar a Tacubaya, era evidente que tenía semen en la cara, las piernas y en el pelo, por fin, me bajé y esperé a que todos salieran del anden, traté de arreglarme y de limpiarme un poco, al acomodarme la falda me di cuenta que estaba muy arrugada y que no llevaba pantaletas, la blusa la tenía desabrochada, con manchas negras a la altura de los senos y no supe porque ya no llevaba brassier, no supe donde me lo quitaron; observé el semen reseco en mis piernas, los zapatos húmedos de semen también, vi la hora y eran las 5 y media de la tarde.

Salí de la estación y comencé a buscar la dirección, me supongo que me veía fatal, los piropos no faltaron, pero ahora eran más ofensivos, algunos hombres se paraban en su carro a preguntarme que cuanto cobraba, por fin llegué, mi esposo me estaba esperando y estaba enojado porque ya era muy tarde, pero cuando me vio me preguntó que qué me había pasado, le dije que me habían asaltado en el metro.

Casi me gritó frente a sus compañeros que era una pendeja, que me había dicho que me fuera en taxi, le di los papeles y busqué un baño. Cuando me vi, me di cuenta que parecía una puta, despeinada, el rímel corrido, no tenía puestos mis aretes, ni reloj ni mis anillos, además estaba bien cruda, tenía semen reseco en la cara, en el pelo y en el cuello. Pensé en lavarme, pero decidí no hacerlo, me había gustado y esos restos eran mi recuerdo. Me pinté un poco y salí a la calle, me metí a un bar, pedí una cerveza y me la tomé de un trago, un tipo se acercó y me invitó otras, fueron como 18, me cayeron del cielo porque recordé que no llevaba dinero.

Claro que me invitó al hotel, pero se lo agradecí, le expliqué que estaba esperando a mi esposo. Regresé a donde estaba él y lo esperé un rato hasta que salió. Sus amigos, mis paisanos no me quitaban la vista de encima, yo estaba medio tomadita y les propuse festejar lo bien que les había ido en sus trámites en el bar al que había ido. Tomé como cosaca, estaba contenta. A las 18 tomamos el autobús de regreso.

Apagaron la luz y comenzó el camino de regreso, suspiré profundamente, me dolía un poco la quijada, pero estaba satisfecha. Pusieron una película. Mi esposo me comenzó a manosear y me preguntó porque no llevaba ropa interior y le dije que me la había quitado antes de subir al autobús para ir más cómoda. Sentí su manota en mi cuello, su fuerza bajando mi cabeza hacía su entrepierna, ya tenía la verga afuera y me la metió en la boca. Me dijo que me veía muy bien con esa falda.

Me puso su chamarra encima y comenzó a dedearme y a agarrarme los senos y yo se la mamé como siempre, como a él le gusta, exprimiéndosela con la garganta e intercalando chupaditas en los huevos, lamidas en su tronco y lengüetazos en su glande, así se lo hice hasta que llegamos a Iguala, me dio como tres eyaculaciones en la boca y con sus dedos me hizo venir varias veces hasta dejar empapado el asiento.

Llegamos a Iguala y me acurruqué en las piernas de mi esposo, sentí que alguien me puso otra vez la chamarra encima y escuché la voz de una señora que pasó al baño y dijo: es que ya se le cayó y se le ve todo a la muchacha. Luego no supe más, me quedé bien dormida.

17/11/2008 Por: Nikita


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