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Follada en un bar

Me considero una persona de mente abierta. Me casé hace 7 años y llevo una vida marital normal. Mis inquietudes sexuales de hacer un trío o un intercambio fueron escuchadas por mi esposa, pero nunca aceptadas. A cambio me ofreció llevarlas a cabo fuera del matrimonio, con la condición de que le fuera sincero.

Envié anuncios buscando a una pareja que me aceptara como el tercero. Fueron muchas desiluciones. Y llegó el e-mail que cambió todo: Quiero hacer un trío, mi esposa está indecisa, no dice si, pero tampoco no, ¿me ayudas? Sentados en una banca de un parque, platicamos. Mario -así se llama- me explicó lo que quería, lo que esperaba. Después de casi tres horas de charla, lo sentí como a un amigo, de esos que conoces hace mucho. Ya tenía tiempo buscando a la persona indicada, pero nunca pasaban de la entrevista inicial. Ojalá y no pasara lo mismo conmigo. Panzones, vulgares, ególatras, curiosos... la lista seguía. Parecía que mi historia se repetía, cuando buscaba parejas. Sé que es mucho pedir sobre todo en México -dijo-, pero si yo trato a mi esposa como a una dama, porque voy a permitir que un infeliz sin educación intime con ella, o que nos haga pasar un mal rato.

Debe ser un caballero que la mime, que la consienta, que la haga sentirse como la mujer más deseada y bella de este planeta. Se veía que la amaba, y no permitiría que se acercara un pelafustán. Pensé que yo buscaría exactamente lo mismo para mi esposa y sería el hombre más atento con su mujer. Me hice el firme propósito que fuera ella como fuera, la trataría como a una reina.

Mira, el sábado en la noche vamos a ir a un bar que esta próximo a abrir. El propietario es amigo mío. Ahí nos vemos a las 18.00 p.m. Al parecer había pasado la prueba. Llegué al bar La Bola Cuadrada que se encuentra a 500 metros antes del puente de San Mateo Atenco, cerca de Toluca, México. Dentro estaba otra pareja y el barman. Le dije quien era y a quien buscaba. Me pidió esperarlos. Mario y Lilian llegaron. Me presentó como un compañero de trabajo que venía a tomar un seminario. Nos acomodamos en la barra y pude apreciar las piernas de Lilian. Hermosas. Enfundadas en medias de red y zapatillas altas. Delgada, bonita. Platicamos de trivialidades, esto es, cosas importantes. Eso le dio la pauta de evaluarme, de saber si era la persona que ella esperaba. Al rato los tres reíamos. Mario le pidió a su amigo música para bailar. Lilian se despojó de su abrigo y casi me sofoco. Traía una minifalda negra, de vuelo, y una blusita muy ajustada que marcaba sus pezones.

Al principio bailaba con mesura, pero la música la hizo entrar en ambiente y más desinhibida, daba vueltas sin importarle que buena parte de su trasero quedara al descubierto. Trasero no es la palabra. Culo. Tenía un culo precioso, levantado, con una tanga que se le incrustaba en medio de sus nalgas. Quería, por discreción, dejar de mirarla, pero era imposible. El barman hacía que limpiaba un vaso, pero discretamente volteaba. La otra pareja salió a bailar y la miraban frecuentemente. 20 minutos más tarde, se sentaron. Mario, extenuado, apuró su cerveza de un trago. Lilian tomó agua. Mario me pidió que bailara con ella. Que bailada me dio. Regresé a la barra con la lengua de corbata. Mario entonces le dijo a Lilian que siempre había deseado ver a una mujer recostarse boca abajo sobre una barra mientras tomaba su copa y seguir conversando como si nada. Lilian miro al barman y él dijo: Adelante Srita., este bar es suyo.

Ayudándole a subir, puse mi rodilla para que apoyara el pie, quedando su culo totalmente a mi vista. En efecto, traía una tanga minúscula. Nunca se me había antojado tanto mamarle a una mujer su culo, enterrarle mi lengua en medio de sus portentosas nalgas, lamerle su ano, en fin darle una mamada increíble... Mi pantalón estaba con un bulto. Haciendo un esfuerzo enorme, me contuve y regresé a mi lugar. Mario estaba sonriente y me preguntó que era lo más atractivo de Lilian. Con el respeto que me mereces, dije dirigiéndome a ella, tienes un trasero increíble. Eres una mujer muy sensual y Mario tiene mucha suerte en tener una mujer como tú. Lilian pidió un Alexander y flexionando sus piernas, nos daba a todos un espectáculo único. ¿Así que te gustan mis piernas?. Sí. ¿Quieres besarlas? Como. Eh... err... De las rodillas hacia abajo puedes besarme el tiempo que gustes. Miré a Mario y asintió. Recostada en la barra boca abajo, cerró sus ojos y le empecé a besar sus pies sobre las medias. Debo reconocerme fetichista de las zapatillas altas y estaba en la gloria. Con la otra mano acariciaba su otro pie, recorriéndolo sin dejar un centímetro. El tocar sus tacones me excitaba, así que muy despacio mis dedos los tocaban. Lilian empezó a agitarse un poco, como gato ronroneando. Miré a Mario y acariciaba las nalgas de Lilian sin disimulo, y despacio le levantó la mini, apareciendo su culo, redondo, besándolo. En un minuto Lilian alcanzó un orgasmo fenomenal. Se incorporó y fue al baño (que por cierto es unisex), dejándonos desconcertados. Regresó sin medias. Vamos a bailar ¿no? Nos dijo, arrastrándonos a la pista. Ahí se nos repegaba hasta el límite, se contorsionaba, dejándonos apreciar esa tanguita. Al descansar, le dije que no conocía a nadie que bailara como ella y con movimientos tan sensuales. Su vanidad afloró y le pedí con el consentimiento de Mario que dado que no había una mujer más bella que ella, sería un honor que nos deleitara bailando sola.

El barman adivinó mis pensamientos y puso sexo, pudor y lágrimas. Lilian se deslizó a la pista y empezó a bailar al compás de la música. Se tocaba lentamente las piernas, las tetas y dos ocasiones levantó su mini para verle su tanga, cubriendo su monte de venus. Todos aplaudimos. Inmediatamente empezó otra canción Wind of change de Scorpions. Lilian regresó a la barra a tomarse su cóctel. Le guiñó un ojo a Mario y regresó a la pista.

Se recargó en un tubo que había en el centro. Parecía una puta esperando cliente. Una puta, la más sensual que había visto en mi vida. Se inclinó dándonos una perspectiva de su culo y muy lentamente levantó su vestido. Sentí que me venía. Estaba con líquido seminal y se me veía en el pantalón. Se bajó la tanga a las rodillas y la volvió a subir. Dio una vuelta al tubo y se nos acercó. Puso su mano en mi bragueta y apretó muy dulcemente mi pene. A Mario le hizo lo mismo. Volvió a la pista y se despojó de su blusa. No llevaba sostén, así que aparecieron dos tetas, pequeñas, pero hermosas. Después se quitó la mini, quedando únicamente con la tanga puesta y zapatillas.

Nos llamó y se colocó en medio de nosotros. Tomó una de mis manos y la colocó en el nudo de la tanga. Jala aquí, me pidió. Mario hacía lo mismo. La tanga cayó al piso. Me incliné a recogerla y su panocha quedó en mi rostro. Aspiré su aroma de mujer cachonda, de puta deseando ser cogida. Subió una pierna en mi hombro y me atrajo. Ahí, hincado, en medio de una pista, con cuatro personas viéndome, le empecé a mamar su concha, toda empapada, depilada. Le metí la lengua en su vagina, saboreando sus jugos -las personas que han hecho sexo oral a diferentes mujeres estarán de acuerdo conmigo en que cada una tiene un sabor y aroma diferentes- El de Lilian era dulce. Y olía. mmmmmm. Por fin podía tocar ese culo, esas nalgas que desde que las vi desee que fueran aunque solo un momento, mías. Mis manos se aferraban a sus piernas, a su culo. Uno de mis dedos tocó su ano y se movió bruscamente.

Bajó la pierna y nuevamente fue al baño a vestirse. Mario me dijo que no la reconocía, que estaba encantado de que Lilian dejara salir a la puta que todas las mujeres llevan dentro. Regresó y se colocó en medio de nosotros. El barman permanecía amable, y pensé: este amigo debe de estar más caliente que el demonio y sin poderse desahogar. Ufffff. La otra pareja estaba al fondo, y nadie los molestó. Lilian tocaba nuestras piernas y nosotros las de ella. Mario le levantó el vestido y vimos que no se había puesto la tanga, así que Mario empezó a meterle el dedo. Lilian entrecerraba sus ojos. Se levantó y retirando el banco abrió sus piernas, dándome la espalda. Metí mi mano bajo su falda, encontrándome con la mano de Mario. Cedió su lugar y le metí un dedo a Lilian después dos, y Mario hacía lo mismo.

Después tomo el jugo de Lilian y le acaricio el ano, metiendole suavemente un dedo. Sentía el dedo de Mario a través de la delgada pared que separa a la vagina del ano. Como no nos acomodábamos bien, Lilian se volteo y ahora la tenia cara a cara. Le tomé de su rostro y la besé al principio tiernamente, después nuestras lenguas se entrelazaron en una batalla. Le subí la blusa y lamí sus tetas, hasta que sus pezones se pusieron duros, y los mordisqueaba suavemente. Quería acabarme esas tetas. Mario le estaba dando bien y bonito al culo de Lilian. Su dedo salía y entraba ya sin dificultad. Mis dedos entraban y salían de su vagina mientras su aroma invadía el ambiente lo que hacía excitarme más. Sus manos estaban en nuestros penes, pero sin sacarlos de su encierro. Lilian se separó bruscamente y se fue atrás de la barra, pidiéndole al barman que la ayudara a subir a la barra. Este ni tardo ni perezoso, la cargó agarrándole disimuladamente las nalgas y la depositó sobre la barra. Se tendió boca arriba y le ordenó a este: desvísteme, pero sin utilizar tus manos, solo tu boca. Al barman se le iluminó el rostro como un condenado a la silla eléctrica que le otorgan el perdón. Y miró a Mario. Sus ojos suplicaban te ruego que me dejes, patéame, pero déjame hacerlo. Mario le dijo adelante. Con los dientes le bajó la falda, teniendo cuidado de pasar justo arriba de su panocha -Lilian nos comentó después que le había tocado el clítoris repetidas veces con su lengua- y después prosiguió con su blusa, tratando, obviamente de besarle las tetas, cosa que consiguió. Lilian se dispuso a quitarse las zapatillas, pero todos gritamos a coro ¡Noooo! Hasta el barman resultó un fetichista de las zapatillas. Lilian me atrajo a su entrepierna y le di besos muy suaves, como no queriendo que se acabara ese momento. Con sus dedos separó sus labios vaginales y la mamé con desesperación, con una devoción que ni yo mismo comprendía. Decir que su aroma era lo más excitante era poco. Estaba loco por su cuerpo.

Mario se subió al descansa pies de la barra para ganar altura y se situó junto a la cabeza de Lilian, que le desabrochó el pantalón y le sacó la verga. Pareciera que se le iba la vida en ello. Chupaba con fruición, y de cuando en cuando paraba, ya que los orgasmos le sucedían uno tras otro. Le pidió al barman que se acercara y sacándosela lo empezó a masturbar. Mario terminó en la boca de su esposa, quien se apresuró a chuparlo y no dejar una sola gota. El barman soltó un quejido y se vino en la mano de Lilian. Solo faltaba yo, pero ni hacia falta. Una eyaculación iba a acabar con ese momento tan especial, y no quería terminar, así que me contuve. Ha sido lo más difícil que he hecho. Lilian pidió su ropa y fue al baño, caminando totalmente desnuda y encontrándonos todos con que la pareja que estaba al fondo se había cambiado de mesa para poderlo presenciar todo. Como Lilian no salía, le dije a Mario si tenía inconveniente que fuera al baño, ya que tenía una urgencia de orinar. Solo sonrió. En el baño encontré a Lilian, arreglándose el pelo y retocando su maquillaje.

Al pasar me dio una nalgada y me dijo que se la estaba pasando muy bien, pero que lo sentía por mí, ya que no me había venido. Le comenté que no cambiaría por nada los momentos que había pasado con ellos, y que estaba más que agradecido por permitirme admirarla, besarla, tocarla. ¿Que quieres de premio por ser tan gentil? Quisiera sentir mi pene entre tus nalgas. Nada me haría más dichoso. Por respuesta Lilian se recargó en el lavabo, levantando aún más su impresionante culo. Me bajé los pantalones y descansé mi verga en medio de sus nalgas. Ella se movía como pidiéndome que se la metiera, pero quise que se desesperara un poco. Se volteó y me besó. Su sabor agridulce me confundió, pero caí en cuenta que era el semen de Mario el que estaba probando. Tomó mis manos y las depositó sobre sus nalgas, que estrujé, amasé. Me olvidé de todo, de Mario y su semen, de que nos podía pillar ahí, del mundo. Estaba con la mujer más sensual que tenía memoria y no la iba a dejar sin una cogida.

La separé y busqué un condón de mi cartera, mientras ella se agachaba y me sorprendió besándome la verga. Pasó su lengua por todo el tronco hasta que lo engulló. Su boca era una cueva que daba placer incomparable. Su lengua alrededor del glande estaba a punto de hacerme explotar. La separé y me coloqué el condón. Volvió a recargarse en el lavabo y desde atrás, contemplándole esas nalgas que hacía solo cuatro horas había visto, la penetré. Su vagina recibió a mi verga sin dificultad. Estaba lubricadísima. Solo se oía el choque de sus nalgas y como hacía el chop, chop, chop, de sus jugos. Una de mis manos agarraba sus tetas furiosamente. Me fascinaba verle su espalda, sus nalgas, sus piernas y claro, sus zapatillas. Me sentí como todo un Tenorio, cogiéndose a una conejita de Play Boy, pero Lilian era real. Dio un grito tan fuerte que seguro se escuchó muy lejos. Se estaba viniendo. Y a mí me faltaba poco. Se salió y se quitó la falda y la blusa.

Se colocó frente a mí y agarrándome la verga, se la metió. Agárrame del culo que quiero cabalgarte. Sostuve con mis manos sus nalgas, mientras ella me abrazaba y sus piernas se enroscaban en las mías. Ahora si, cógete a esta puta. La dulce Lilian estaba hablando con un lenguaje que no le era propio, pero hay mujeres que se excitan en la intimidad con leperadas. Para no regar el tepache le dije: Que nalgas tan bellas tienes, a lo que respondió: Culo, quiero que le digas culo, o que, ¿no te gusta? Claro que me encanta tu culo, que ahora es mío, porque eres una puta, y te encanta la verga, te gusta que todos te vean ese culo y que te metan muchas vergas. Si, si... soy tu puta y la de todos, quiero muchas vergas para que me las metan por todos lados...ojalá y mi esposo me vea como me metes la verga, y que sepa que tiene en su casa a la más perra, a la más puta, que sus amigos me cojan delante de él, y que sepan que clase de puta tiene Mario. Ahora que lleve a sus amigos, me los voy a coger a todos.

Aaahhhhh... otro orgasmo la sacudió y sus movimientos se redujeron, pero los míos no. Es cansada esa posición, pero la estaba disfrutando. Me pidió que la dejara bajar. Cuando lo hice me quitó el condón y empezó a mamármela. Y logré la venida más espectacular que tenga memoria. No sé de donde salió tanto semen, pero no lo alcanzó a tragar todo y le escurría por las comisuras de sus labios. Me sentía liberado de una carga enorme, y Lilian seguía ahí, de rodillas mamándome la verga, esta vez, con ternura. Mi pene se encogió. La levanté y le di un beso. Fue un beso cargado de sensualidad, de gratitud, de amor. Si, me enamoré del momento, de la situación, como decimos, me enamoré del amor. Solo sonrió y me dijo: eres un amor, te quiero mucho. Así permanecimos abrazados como un minuto, sin decirnos nada, simplemente tocándonos. Mario apareció por la puerta y se nos quedó viendo.

Yo procedí a retirarme, pero movió la cabeza en señal de desaprobación. Ahí estaba la reina a la que había que mimar, que consentir. La tomé de su mejilla y le di un beso. Un beso que me devolvió entregándose, diciéndome que en ese momento era mía, y que quería estar ahí, conmigo. Así lo sentí. Mario la tomó de la mano y solo entonces se percató Lilian de su presencia. Lo acercó a nosotros y nos abrazamos los tres. Lilian le dio un beso, y otro a mí. Y por primera vez en mi vida vi a una mujer llorar de felicidad. Mario la abrazó y ella rompió a llorar. Salí del baño y fui por su abrigo. Mario me pasó un brazo por la espalda y me agradeció lo feliz que había hecho a su esposa. Le iba a contestar y puso su dedo índice sobre sus labios. No había nada que decir. En el ambiente flotaba el agradecimiento de unos a otros. Salí del baño, dejándolos abrazados y me fui a la barra, a platicar con el barman. Nunca tocó el tema, calladamente le agradecí su discreción. Les vimos salir del baño, abrazados. Ahora el barman puso cuando un hombre ama a una mujer con Michael Bolton.

Si ustedes no han disfrutado del amor que se profesan otros, no saben lo que se pierden. Lilian veía a Mario con amor, con ese amor de pareja, un amor maduro. Mario no necesitaba decirle a Lilian cuanto la amaba. Yo lo sabía, y el cantinero, como respuesta, subió un poco el volumen. Salimos de la bola cuadrada y les acompañé a su auto. Mario se despidió de mí con un fuerte apretón de manos y Lilian me dio un beso en la mejilla. Le abrí la puerta de su auto y aprecié esas hermosas piernas otra vez. Lilian sacó un pie por la ventanilla y me dijo sonriente: Bésame el pie y mi zapatilla. Con devoción besé su pie, mientras le acariciaba la pantorrilla. Después su zapato recibió otro beso, de agradecimiento, por hacerle resaltar la belleza de sus piernas a Lilian.

Desde ese día han pasado muchas cosas que ya les contaré. Tenemos una amistad y le he pedido a Mario que seduzca a mi esposa. A Lilian le agrada la idea. Lo único que nos mantiene vivos son nuestros sentimientos. Hay que vivir el aquí, el ahora, no en el pasado, no en el futuro. Y sí, las fantasías son posibles... para el que las busca con ahínco.

30/10/2008 Por: Nikita


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