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Relatos Eróticos / Mi suegra Silvia

Mi suegra Silvia

Apreciables amigos: Este es un relato verídico de como ocurrió la primera vez entre mi suegra, Doña Silvia y yo. La verdad es que desde el momento que la conocí me gustó mucho doña Silvia, mi suegra, que es solo 18 años mayor que yo. De grandes y sensuales caderas, ojos verdes, pechos bien hechos como del tamaño de un limón, de pezones como cerezas, cabellos cortos, y unos piecitos siempre preciosos, ella se cuida mucho y muy bien.

Es muy sensual, y como lo he venido descubriendo muy hembra y muy caliente, pero su marido es ya muy viejo para mantener en casa tanto fuego... se llevan 20 años de diferencia... de ahí que yo, venga a apaciguar a esta tan deliciosa hembra.

Todo comenzó cuando mi mujer y yo aún éramos novios, y no dejaban de escaparse bromas y palabras de doble sentido...hasta un viaje a la playa donde, en el Jacuzzi, con mi mujer al lado, no paraba de enseñarme los pies y sus magnificas piernas...

Yo en ese viaje no podía dejar de verle el coño, y como marcaba en el bañador esa raja tan deliciosa y candente. En ese viaje, comenzó en la cocina del Chalet de playa, una de sus mejores maniobras, el agacharse y enseñarme su espléndido culo, una y otra vez... dejando ver toda su hermosa concha y coño. Una tarde en ese viaje, mi suegro y mi entonces novia, tomaron mucho en el almuerzo, mi cuñada y su hombre, se fueron al pueblito de compras para la cena, y yo y mi suegra acabamos en el jacuzzi del chalet.

Fue ese día que pude disfrutar por primera vez de su boca, por completo. Silvia me dijo que hacia calor, y que porque no preparaba el jacuzzi, a lo que asentí rápidamente, mientras ella ponía una cervezas y algunas cosita para picar. Ya en el jacuzzi, la plática iba cada vez más caliente que el agua y las burbujas que nos rodeaban, y empezamos a hablar, al sabor de las cervezas, de como mi mujer y su padre eran tan parecidos, en lo físico, y de como, también en lo emocional, hasta llegar a lo sexual...para esas alturas, tenia la polla como para cortar diamantes... y Silvia lo veía entre las burbujas, con una sonrisa, muy sensual.

Sus ojos verdes brillaron de pronto, al pedirme que saliera un poco del jacuzzi y trajera otras cervezas que había en una cubo con hielo que había dejado al lado...claro al pararme, notó mi tremenda erección, cosa que provocó un comentario bastante bueno de su parte: "Vaya guarra que es mi hija, ¿Y todo eso le cabe dentro?..." No supe que decirle, pero ya con varias cervezas entre pecho y espalda, lo único que pude hacer fue sonreírle...

Al sentarme y darle su cerveza me dijo que porque no ponía cómodo y me quitaba eso, que total, si alguien se acercaba lo veríamos y podría ponerme bien el bañador otra vez. Eso me puso a mil, y me baje la parte de adelante del bañador, dejando a mi polla a la vista entre las cálidas burbujas del Jacuzzi. Sus ojos verdes no paraban de querer ver entre la espuma a mi polla, y yo no dejaba de ver sus pezones cada vez más grandes, a pesar de que el agua estaba calentita.

Seguimos platicando, en torno al tamaño y forma de mi pene, que el de mi suegro es, era, quizás solo un poco más corto, pero no más ancho, y que no tiene tan grande el glande... y demás... de pronto se acercó y me dijo si me lo podía tocar a ver si era tan grueso como se veía, que lo quería comprobar, lo que acepté de inmediato.

Fue delicioso sentir esas manos con esas uñas tan cuidadas alrededor de mi polla... me puso la otra mano entre el bañador, me cogió los huevos, todo ello con un rostro muy serio... Me dijo, que estaba muy caliente mi polla, que tenia los huevos muy duros...Me preguntó si me dolían... lo único que pude decir fue un rotundo SI. Sin mediar más palabras empezó a pajearme despacio, pero con la mano apretando la base y aflojando al llegar al glande... me dijo que sentía delicioso. Yo pase mi brazo alrededor de su cuello, como por instinto, y acerqué mi cabeza a la suya. Nos besamos, con la pena de comprobar que mi suegra besa mejor, con más pasión y más profundamente que mi esposa.

Su lengua se metió, como hasta entonces nunca una mujer se había metido en mi boca, mientras con sus manos me tocaba la polla. De pronto, mientras nos besamos, me soltó la mano, y busco la mía, para ponérsela en su rajita, por lo que rápidamente pase del bañador, para hundir mis dedos en su exquisita rajita.

Así estuvimos un ratito, hasta que mi suegra empezó a temblar, y se vino: Pude sentir como se orinaba o acababa en mi mano -porque nunca había sentido a una mujer acabar así, en tal cantidad. Yo primero creí que eran orines, ahora se que ella, mi suegra, acaba a torrentes...pero eso es otra historia, siendo su orina o acabada más caliente que el agua del jacuzzi, eso me puso a al borde del orgasmo, cosa que ella sintió, agitando y batiendo en una mano mi polla, en la otra mis huevos, y su lengua en mi boca, en mi cuello.

Cuando empecé a acabar hundió la cabeza en el jacuzzi, y mamó, mamó, y mamó, succionando creo yo, lo último que quedaba en mi de vergüenza y ridículos principios.... al sacar su cabeza del agua, tenia una sonrisa radiante, y me dijo: Vaya, vaya., vaya, valiente yerno me tengo que meter ahora... Yo solo pude contestar con una sonrisa, mientras suavemente, ella continuaba batiendo mi pene entre sus manicuradas manos.

Terminamos la cerveza que había ido sacar de último, y al salir, se paró ella primero, sin dejarme tiempo a pararme yo. Se puso de pie frente a mi, estando yo sentado, quedando su rajita rica frente a mi cara. Pude sentir su pie cuidadosamente sobando mi polla... Se hizo a un lado el bañador con una mano, al tiempo que con la otra empujaba mi cabeza de atrás hacia adelante para que mis labios se encontraran con su delicioso sexo: Perfectamente depilado, y con un lunar en el labio vaginal derecho... Me tuvo ahí, mientras me decía que le diera unos besitos... yo le chupé y le besé esa raja por unos segundos que vuelven a mi mente sin parar...

Ese fin de semana, terminó entre cómplices miradas y dobles sentidos muy calientes, y claro, como hasta la fecha, agachándose para enseñarme su enorme culo de cincuentona caliente cada vez que se puede... y desde luego, lo que más me gusta: tocando con esos piecitos tan pedicurados, bajo la mesa, hasta hacerme acabar en ya más de una cena o comida...

23/03/2008 Por: Sonia


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