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Culeando a mi suegra

Mi nombre es Alfonso, soy casado de 38 años, mi esposa tiene 28 años y después de nacer mi último hijo quedó aparentemente mal, porque se le escapaba la orina, fue al médico y este le dijo que tenían que operarla y que no había otra solución (antes probaron unos ejercicios otras cosas).

El caso es que operaron a mi esposa y el médico le dijo que durante 18 días por lo menos no podía tener sexo. Nosotros teníamos sexo a una frecuencia de tres veces por semana habitualmente. Pensé que para calmar mi calentura sin ofender a mi esposa ni contraer otros compromisos, qué mejor que buscar una prostituta, con la que el sexo es solo cuestión de dinero y no hay una relación sentimental de por medio.

Ya me había decidido a hacerlo, pensé salir de noche diciéndole a mi esposa que tenía una reunión con mis amigos. Cuando me alistaba a salir, mi suegra cuyo nombre es Milagros pero todos conocemos como la señora Mila, me dijo: ¿Por dónde vas?, porque yo tengo que ir adonde unas amigas y de repente puedes darme un aventón (pensé que si le decía por dónde va usted iba a ser una descortesía) Voy por el centro, le contesté, y no le mentía, cerca al centro hay un lugar en el que habitualmente se colocan las prostitutas y los gay a realizar su trabajo.

Entonces mi suegra se subió al carro. Mientras íbamos viajando me conversaba sobre su hija y me decía que a ella también la habían operado y que durante el tiempo que estuvo de cuarentena, su esposo (ya fallecido) comenzó a salir con otra mujer y que allí comenzó el fin de su matrimonio. Yo le contesté que si yo tuviera que estar con otra mujer buscaría una prostituta, porque allí no hay peligro de relaciones sentimentales.

Mi suegra me dijo que eso era peor porque corría el riesgo de contraer alguna enfermedad, y que ella había leído que ni siquiera el condón protegía al 180%. Tiene razón, señora Mila, le contesté, -Pero, ¿que se puede hacer?, le agregué. -Oye, dime la verdad, ¿tú te estás yendo en este momento a buscar una prostituta? Me preguntó, no tuve valor para mentirle y le dije que sí. Mi suegra me ofreció varias soluciones que ella misma descartó. Pensó en alguna de sus amigas más liberales pero después concluyó que eran muy experimentadas y que de repente me hacían cosas que su hija nunca me había hecho y me iba con ellas.

Finalmente concluyó: ya sé, aunque te parezca una locura, te propongo que hagas el amor conmigo. Vas a tener la seguridad de que mi hija nunca se va a enterar, voy a tener la seguridad de que nunca vas a dejar a mi hija, porque yo ya estoy muy vieja, y puedes tener la seguridad de que estoy sanita, porque desde que se murió mi esposo, hace 18 años, no he vuelto a estar con otro hombre.

Hasta ese momento nunca había visto a mi suegra como a una mujer. La señora Mila, a pesar de sus 53 años está bien conservada, es blanca como su hija (creo que más blanca), tiene ojos claros, buen culo, buenas tetas, está un poco subidita de peso pero no es nada exagerado.

- Señora Mila, no sé que decirle, le contesté, Usted me ha dejado muy sorprendido. Me contestó: -Mira, ya tenemos un secreto que compartir, porque solo mi propuesta es de por sí algo que va en contra de la moral y el respeto que debe haber entre una suegra y un yerno, pero yo sé que tú no le vas a decir nada de esto a nadie, perdóname, por lo que te dije y si es posible olvídalo. Estoy segura de que si yo fuera una mujer joven no lo pensarías dos veces, es más seguro que hubieras sido tú el que lo hubiera propuesto. Por favor, para el coche en la esquina que ya estoy cerca de la casa de mis amigas, el resto del recorrido lo haré a pie. Nuevamente te pido perdón, pero te juro que solo lo hice para salvar el hogar de mi hija, que finalmente es también mi hogar (vivimos en la casa de mi suegra).

Yo me sentí muy mal, estacioné el coche en la puerta de un restaurant y la invité a bajar para tomar algo, como que le pasaba el malestar. Mi suegra me aceptó.

Dentro del bar le pedí al mozo dos tragos. Pusieron música del recuerdo e invité a mi suegra a bailar, ella me aceptó y me dijo: no vaya a ser que alguien nos vea y nos van a culpar sin haber hecho nada malo. Tiene usted razón, le dije, y le ofrecí pasar al salón privado, que es un lugar al que solo ingresan las parejas que están trampeando, y que tiene todo preparado para acceder a unas habitaciones. En ese lugar continuamos bailando y mi suegra me dijo que no bailaba con un hombre tan cerca desde que se murió su esposo.

Ella se acercó más a mí y no sé en que momento se me puso dura la verga. Mi suegra me dijo: -Oye, yo no seré una experta, pero me parece que se te ha parado la verga, porque siento todo tu paquete entre mis piernas. -Usted disculpe, señora Mila, le dije, pero es que realmente, el lugar, la música y usted han terminado por excitarme, pero si le molesta dejamos de bailar y nos sentamos a conversar. Mi suegra me contestó: -Primero, no me molesta, por el contrario, no te imaginas cómo me excita sentir una buena tranca entre mis piernas, segundo, no es correcto sentarse cuando la canción está por la mitad (lo que mi suegra no sabía es que allí las canciones nunca se terminan) y tercero, creo que ya hemos conversado mucho por hoy y parece que bailando nos entendemos mejor que conversando.

La pareja del costado estaba prácticamente comenzando a hacer el amor con la canción. Él le había sacado una teta a la chica y ella le agarraba la verga frenéticamente. La otra pareja del lado estaba casi igual, el hombre le había subido la falda a la chica y le estaba bajando la trusa, ella le había abierto la cremallera y había metido su mano buscando la verga. Mi suegra me miró y me ofreció sus labios, yo le di un beso y ella me respondió casi comiéndose mi lengua. Mi suegra bajó su mano y comenzó a agarrarme la verga.

-Vámonos a una habitación mejor, le susurré al oído. -Sí, vámonos pronto, me contestó.

Entramos a un cuarto y le puse cerrojo a la puerta. Mi suegra me dijo que por favor apagara la luz porque le daba vergüenza, y así lo hice. -No te olvides que esto lo estamos haciendo como una solución al problema de salud de mi hija. Además tienes que jurarme que me guardarás el secreto, espero que seas un caballero. Yo me moriría de vergüenza si mi hija se enterara que he estado con su esposo- me dijo. -No se preocupe señora Mila, esto quedará entre nosotros para siempre, le juro que seré una tumba.

Entramos al cuarto y comenzamos a besarnos como unos adolescentes. Pusimos música y comenzamos a bailar, mientras nos sacábamos la ropa. Mi suegra estaba físicamente muy bien a pesar de su edad, tenía unas tetas riquísimas y un culo redondito y parado. Quedamos desnudos bailando, levanté a mi suegra y la llevé hasta la cama; la eché y empecé a besarle todo el cuerpo. Mi suegra se estremecía de placer y lanzaba unos alaridos espectaculares. La besé desde el rostro hasta los pies y empecé a subir; cuando llegué a su coño se lo lamí como un perro y le dije que se volteara, ella me obedeció.

Teniendo su hermoso culo a mi disposición proseguí lamiéndole el ano, le metía todo lo que podía mi lengua en su ano y mi suegra me decía que ni su difunto esposo le había hecho eso y que era muy agradable y que no parara de lamerle el culo. Poco a poco, su lenguaje ceremonioso fue cambiando y se fue haciendo más sencillo y más excitante: -Chúpame el culo, muérdeme el ano, no seas malo, méteme la pija que me estoy muriendo de arrechura, cógeme bien, rómpeme el culo con esa vergaza que tienes, métemela rápido, hazme doler, sácame sangre del culo. Esas son algunas de las expresiones que recuerdo haber escuchado decir a mi suegra, mientras gritaba y al parecer llegaba al orgasmo.

Mi suegra se había olvidado que había llegado hasta allí supuestamente para salvar el matrimonio de su hija, o quizá eso nunca fue cierto y sólo fue un pretexto. Pero estábamos totalmente excitados y le metí la verga a mi suegra primero por el coño y después de un par de movidas mi suegra empezó nuevamente a hablar y a retorcerse por un nuevo orgasmo. Le saqué la pinga del coño y creo que ella adivinaba lo que iba a hacer, porque se puso en cuatro patas y me dijo que se la metiera así para no perderse ni un centímetro de mi pija. Como me había pedido, le eché un escupitajo en el ano, le coloqué la cabeza de mi verga en la entrada de su culito y se la metí de un solo viaje.

Mi suegra soltó un grito que me asustó, porque pensé que se había desmayado de dolor. Pero apretó las nalgas y me dijo que no iba a permitir que se le escapara esa hermosa verga que se estaba comiendo. Prácticamente era mi suegra la que se movía para adelante y para atrás, y para los costados y en forma circular. Cuando sintió que se me iba a venir la leche me dijo: sácala para chupártela, quiero saborear tu leche. Eso hice, se la saqué del culo y se la puse en la boca, mi suegra se la tragó todita y terminé en su boca.

Mi suegra no dejó caer ni una gota de leche, siguió mamándome la polla hasta que la dejó totalmente limpia, cada cierto tiempo se la sacaba de la boca para pasar lo que estaba saboreando y por su expresión parecía que estaba disfrutando de un manjar.

Terminamos y me dijo que iba a regresar sola a la casa para no despertar sospechas y que yo llegara un par de horas después. Nos despedimos con un beso en los labios tan placentero que casi volvemos a meternos en la cama para iniciar otra relación sexual. Otro día volveremos a encontrarnos, me dijo, y nos despedimos.

12/05/2008 Por: Nikita


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