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Una milf necesitada

Hace como un mes aproximadamente, sucedió la historia que os narro, ingresó a trabajar una nueva compañera, Soraya, de unos cuarenta años, morena, estatura media, grandes senos, resaltados por los escotes que usaba, cintura estrecha, hermosas piernas y un gran culo.

Era la conserje de mi grupo de trabajo, hacia recados, fotocopias, escritos, y cosas similares. Desde que llegó no hubo día que no requiriera de sus servicios, charlábamos, y me deleitaba al verla. Un día, cuando requerí de sus servicios, llevaba un vestido largo blanco de licra, que permitían visualizar su figura y a la vez su ropa interior.

En ese momento, sin querer, un papel se cayó al suelo, ella inmediatamente se agachó a recogerlo, quedando su trasero casi enfrente de mi cara, esa cosa tan soberbia estaba enfrente de mí, podía adivinar sus bragas color negro tras su vestido blanco, no pude evitarlo y me empalmé inmediatamente, ella se levantó y rápidamente se dio cuenta del detalle y me preguntó que si me gustaba, yo le respondí que no podía evitarlo, que era una hermosa mujer, ella se rió, y para mi sorpresa, me dijo que al otro día, que era sábado, estaría sola en casa, que si yo quería podía visitarla, le respondí que de acuerdo, y ella me dijo que me esperaba sobre las 18.

Las 18 llegaron, y yo estaba en su puerta, toqué a su puerta y Soraya me recibió con unos pantaloncitos cortos, y una blusa muy escotada, ella me invitó a entrar, y me ofreció una copa, solo hizo ponerla en mi mano, y tras darle un gran sorbo a la suya, ella aproximó su mano a mi bragueta, y me bajó la cremallera, sacando mi pene, y empezando a masturbarme, luego se arrodilló, y lo acarició con su boca, dándole con la lengua desde los testículos hasta el glande, era una gran mamadora.

Al rato, y estando yo ya en el cielo, se incorporó, me abalancé sobre ella, y empezamos a enrollarnos, enroscando nuestras lenguas, mis manos acariciaban sus nalgas por encima de sus pantaloncitos, sintiendo mis manos la marca de sus braguitas. Empecé a desnudarla, le quité la blusa y el sujetador, ante mí tenía dos blancos senos con dos pezones duros, primero succioné uno y luego me dediqué al otro, estaban durísimos, los mordisqueaba un poco, y alternaba con unas satisfactorias lamidas, ella seguía acariciándome el pene y los testículos gimiendo de placer, le quité el pantalón, quedando en bragas, a la vez me quité mi ropa, estando desnudo.

A continuación, le puse mi polla en su boca, y empezó a mamar, era maravilloso, yo la incitaba oralmente a que continuara, diciéndole que era una espectacular mamadora, o que chupaba como nadie. Así estuve hasta que empecé a sentir que me iba, entonces la paré, le quité las bragas, un rico olor a hembra salía de ellas, le pasé la lengua por la zona húmeda, y la besé en la boca para que ella también probara de sus jugos. Posteriormente, la abrí de piernas sobre el sofá, alcé sus piernas y las coloqué en mis hombros, y la penetré, empecé a media velocidad, para pasar a embestirla salvajemente.

Ella disfrutaba, gemía, me decía que no parara, que era delicioso, me rogaba que le sacara sus jugos, bastaron unas embestidas más para llenar su vagina. Tras esto, Soraya se levantó con cara desafiante, y se dirigió a su cuarto, yo la seguí, pero no estaba allí, estaba en el servicio, me tumbé en la cama, y al momento ella salió, había vaciado su cosita de leche, se acercó, y me abalancé sobre ella, le acaricié el coño, y empecé a lamérselo mientras le metía dos dedos, ligeramente le mordía su clítoris, el cual era bastante gordo y grande, parecía que iba a explotar, se retorcía de placer.

Mientras seguía mamando, mi pene volvió a la carga, entonces masturbé un poco mi pene, y la volví a penetrar de frente, estábamos muy excitados, y las embestidas eran bestiales, ella gritaba y gemía de placer como una loca, y yo aceleraba todo lo que podía. Llegado el momento en que ella no podía más, paré y saqué mi verga de ella, me puse en su cabeza, y empecé a rozarle mi polla desde el ombligo hacia arriba, por todo el cuerpo, mojándola de sus líquidos, hasta llegar a su boca, donde se la introduje, la chupó un poco, y luego nos pusimos en posición de sesenta y 18, tenía ante mí ese coño chorreante.

Yo quería dar un paso más, y a la vez que lamía su rajita, escupía en su culito, para ensalivarlo, y que se fuera lubricando, pasaba mi lengua por su ano desflorado, y la introducía lo que podía. La tomé y la giré, colocándola a cuatro patas, me puse de rodillas, y me dispuse a penetrarla por atrás, le puse mi polla en la entrada, y ella ni se inmutó, así que empecé a perforar ese precioso agujerito, iba entrando poco a poco con poca oposición, a la vez que ella con su mano derecha se masturbaba su coñito, sentí que todo mi pene estaba dentro, y se lo saqué lentamente, para después metérselo nuevamente, me puse de pie, en cuclillas, de tal forma que casi la estaba montando con mis dos piernas sobre su cadera, y mi pene seguía dentro de su agujero. Una de mis manos le acariciaba los senos y la otra introducía mis dedos en su boca, ella con una mano se masturbaba, y la otra servía de sujeción.

Ya el ritmo de penetración era alto, ella disfrutaba como una perra, ella gritaba de placer, así estuvimos un rato, hasta que ella empezó a tener un bestial orgasmo, momento que aproveché para acelerar, y correrme a la vez que ella, le llené su culo de leche, y ambos quedamos tendidos en la cama, le besé la boca, le lamí los senos y nos quedamos dormidos.

20/12/2008 Por: Nikita


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