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Relatos Eroticos / La empleada de limpieza

La empleada de limpieza

Por: Nikita
El siguiente relato me ocurrió cuando tenía 21 años, y fue con la señora que ayudaba con el aseo de mi casa.

Entré a la casa silenciosamente, sabía que en ocasiones aprovechaba que se quedaba sola y cuando lavaba el baño, se bañaba también, no cerraba por completo para escuchar si alguien llegaba y salir de inmediato, la había podido ver y para su edad (47 años), tenía un cuerpo increíble, macizo, nalgas y pecho abundantes.

Entré y me percaté que no estaba en el baño, sigilosamente subí al piso de arriba y la encontré en la recámara de mi hermana, revisaba su alhajero, tomó un par de aretes y una cadenita y las guardó presurosa en su delantal, yo me quedé sorprendido y pensé que aquello podría servir para mi provecho, así que sin dudar ingresé a la recámara, y dije, ¡con qué esas tenemos!, seguramente usted también tiene el reloj de mi papá y los aretes de mi mamá, aquello no era verdad, pero me ayudaría.

Ella prácticamente saltó del susto y rápida y atropelladamente comenzó a decir, ¡no joven, yo no tengo nada! ¿Y eso que se acaba de guardar que es? Dije sonriente, ella, tartamudeaba, ¿de qué habla?, solo estoy limpiando. Me acerqué y sin contemplaciones, hurgué en la bolsa de su delantal, y mostrándole los aretes continué mis acusaciones, usted es quien se ha estado robando todo.

No joven, solo ha sido esto y lo iba a regresar, comenzaba a sollozar, era para que mi hija fuera a una fiesta, ¿y lo de mis papás? No sé de eso, yo nunca he robado nada, solo tomé eso prestado. Pues cuanto lo siento, pero voy a tener que decirle a mis papás, ellos me regañaron a mí porque dicen que seguramente yo lo vendí para irme con mis amigos. ¡No joven, por favor! ¡Necesito este trabajo! Me quedé observándola y por un momento sentí remordimiento, pero aguanté y dije, está bien, no diré nada, pero con una condición. ¡La que sea! Agregó ella rápidamente. Mire, si quiere use eso que se iba a llevar, pero lo regresa ¿eh?, y ya después hablamos de lo que va a tener que hacer.

Pasó el fin de semana y el lunes llegué temprano de la escuela, la señora en esta ocasión se bañaba, la pude observar, su cuerpo moreno, sus muslos gruesos y sus senos que lavaba con especial atención, siempre al final se lavaba el coño, muy esmeradamente, y yo podía notar que aprovechaba para tocarse un poco más de la cuenta, terminó y se secó apresuradamente, esperé a que saliera, me miró sorprendida. ¡Buenas tardes joven! Ya regresé los aretes y el collar, ¡muchas gracias! No hay por qué, contesté, ella me miró y dijo todavía no me dice que es lo que va a querer, yo sonreí, esperaba ese comentario, así que dije, acompáñeme, subimos a mi recámara, entré y voltee a verla, ella se detuvo en el pasillo mirándome un tanto sobresaltada.

Pase, le dije, ella se retorcía las manos y dijo, pero ¿qué es lo que quiere hacer? Pues... quedamos en que usted haría lo que fuera ¿no? Sí, pero pues decídase. No hay problema, pero si usted no cumple con su parte, tendré que hablar con mis papás. Ante esto, ella no tuvo más remedio que entrar, yo cerré la puerta, tenía suficiente tiempo, mi hermana estudia en la Cd. de México, mi papá estaba en viaje de negocios y mi mamá tenía canasta, y llegaba tarde por la noche.

Ella se quedó parada a media habitación, yo me coloqué por detrás y comencé a estrujarle los senos, frotándome contra su amplio trasero, nuevamente ella se resistió. ¡Pero joven, que se fija en una vieja como yo! Usted ha de tener muchas amigas jovencitas y guapas, mejor déjeme salir, ¡le juro que ya no volveré a tomar nada prestado! Como quiera, pero ya sabe, usted no cumple y yo contaré todo, ella miró al piso dudando, además agregué, lo va a disfrutar, usted tiene un cuerpo que ya quisieran tener cualquiera de mis amigas, aquello hizo que me mirara interesada, pero… No la dejé continuar créame, yo la he visto cuando se baña y no entiendo como su esposo le permite salir a la calle, si yo fuera él y viendo que usted tiene ese cuerpazo no la dejaría ir ni a la esquina, ella sonrió un poco más relajada, y dijo, ¿usted cree eso?

Mi viejo dice que estoy bien gorda. Pues es un tonto que no se da cuenta del tesoro que tiene en casa, ella me miró sonriendo, la tomé de la mano y la guié hasta mi cama, ya no se resistió, ándele, póngase en cuatro, ella todavía dudó por un instante y finalmente lo hizo, yo la observé por un momento, usaba una falda que le llegaba debajo de la rodilla, su delantal anudado a la espalda, lentamente me acerqué y comencé a subir su vestido, dejando al descubierto, sus piernas macizas y su amplio trasero cubierto por una pantaleta blanca.

Me coloqué detrás de ella, restregándome y sobando sus nalgas, lentamente comencé a bajarle las pantaletas, dejando al descubiertos sus portentosas nalgas, las besé y mordí a gusto, ella decía: ¡hay joven que hace!, pero comenzaba a disfrutarlo, luego me concentré en su coño, tenía unos labios grandes y obscuros, rojos en el interior, debido a la excitación lo tenía abierto, así que me dediqué a su botoncito que tenía por clítoris, ella gemía sin cesar, hasta que se vino.

Me incorporé y apresuradamente me quité los pantalones, me acerqué y comencé a penetrarla, era maravilloso, estaba muy caliente, lo hice demorándome en entrar, metía un pedazo y volvía salir, así hasta que metí todo, luego procedí a moverme sacándolo hasta la punta y luego volviéndolo a meter hasta el fondo, despacio muy despacio, mi pene salía lleno de sus mocos, poco a poco incrementé el ritmo, la tomé de los senos y los apretaba, así seguí sin parar hasta que ella se vino nuevamente, desmadejándose sobre el colchón…

La coloqué boca arriba y colocando sus piernas sobre mis hombros nuevamente la penetré, sus senos quedaban al alcance de mi boca y los lamía con fruición, así como también mordisqueaba sus pezones a placer, de esta manera me vine y ella también, estábamos empapados en sudor, me desenganché dejándome caer a un lado de ella, después de unos minutos ella se incorporó y comenzó a vestirse, luego se encaminó hacia la puerta, cuando la cerraba, se detuvo y dirigiéndose a mí dijo: ¡Gracias joven…!

Ya no volví a tener otro contacto con ella, y hasta la fecha quisiera volver a tener sexo con una mujer madura, que en experiencia y cuerpo le ganan a cualquiera.

Añadido el 04 de Diciembre de 2008

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