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Encuentro lésbico

Por: Nikita
Puedo decir que tengo mi vida resuelta económicamente, tengo un buen trabajo, vivo en una casa cerca de la playa alejada del centro de la ciudad y por esto viajo todos los días casi 1 hora para llegar a trabajar. Precisamente en esos largos viajes es que mi vida comenzó a cambiar, hace tres meses que tengo una compañera de viaje, se llama Sara y me gusta mucho. Comenzamos a conversar una mañana que me senté a su lado en el bus y a partir de ahí trabamos amistad.

En una de esas charlas le dije que era lesbiana, le conté brevemente mi historia con Cristina y lo tomó con mucha naturalidad, lo cual me sorprendió bastante, pero el detalle que yo no conocía era que ella había tenido experiencias lésbicas aunque también le gustaban los hombres.

La mañana que tuvimos esa charla, quedé muy esperanzada en que entre nosotras podría darse una relación, ese fue un día muy largo, las horas no pasaban nunca, yo quería volver a verla, necesitaba acercarme más, conocerla mejor. Al otro día intercambiamos teléfonos y la invité a mi casa.

La siguiente semana vino a casa, tomamos café, charlamos, le presté unos libros, ella sabía que yo quería algo más pero ese día no pasó nada. Me pareció muy apresurado avanzar ese día, yo no quería equivocarme, me gustaba mucho era bonita, inteligente, joven y yo siempre tuve problemas para comunicarme con gente joven.

Siempre me resultó más fácil la comunicación con gente mayor (Cristina tenía 10 años más que yo) y Sara tenía 24 años era un desafío, mi hermoso e inesperado desafío. No me preocupaba el sexo, porque mi cuerpo no era despreciable, ella era muy linda y a mi me gustaba experimentar, innovar, de manera que estaba segura de que podía excitarla, pero de todas formas me intimidaba que fuera más joven.

Pasaron unos días más y yo estaba cada vez más entusiasmada, combinamos un día para ir al cine y cuando volvíamos la invité a pasar la noche en casa, en realidad fui bastante directa:

Clara - ¿qué vas a hacer mañana? Sara - no sé tengo cosas que ordenar, todavía tengo uno de los libros que me prestaste para leer. Clara - yo quiero salir a caminar y en la tarde alquilaré una película. Sara - (mientras se reía) somos un par de aburridas... Clara - ( en ese momento ya no pude resistir y la besé) me gusta tu boca y me moría de ganas de besarte Sara - yo también quería que me besaras Clara - Vamos a mi casa, ¡por favor! Necesito tenerte desnuda en mi cama Sara - No puedo, es muy pronto Clara - ¡por favor! te deseo mucho, yo te voy a cuidar, déjame tocarte, déjame mirarte (y la besé otra vez)

Ya no me dijo nada más en el resto del viaje, pero cuando llegamos a donde yo me bajaba, la tomé de la mano y sin decir nada se bajo conmigo. Teníamos que caminar unos 200 metros hasta llegar a mi casa, ya era tarde la volvía a besar, pero yo no quería llevar la voz cantante, quería compartir la pasión así que, le pedí que me dijera algo:

Clara - ¿estás bien? Sara, decime algo, ¿querés estar conmigo? Sara - (me acarició los senos) ¡sos tan linda! hagamos el amor

En ese momento, yo estaba tan excitada, se me aflojaron las piernas cuando me tocó los senos y no dejé que retirara su mano hasta que llegamos a mi casa.

Cuando entramos tuve que contenerme para no desnudarla allí mismo, pero necesitaba que tuviéramos algo especial. Entonces nos besamos, nos acariciamos y me quitó la blusa me miró un momento que me pareció eterno y hasta me ruboricé.

Esa mirada me hacía sentir indefensa, ella lo supo enseguida, se sentó en el sofá y me dijo que quería ver más, me costaba creer lo que estaba viviendo, que Sara supiera precisamente como excitarme: haciéndome sentir indefensa. Me paré frente a ella, y comencé a quitarme el brasier, luego la falda, ella me quitó la braga y me besó el vientre, luego me volvió a retirar y me dijo: Sara - déjame verte bien, Clara - no entiendo ¿quieres encender otra luz? Sara - no amor, quiero que me ofrendes tu sexo Clara - espera, vamos al dormitorio, quiero quitarte la ropa, me muero por mamar tus senos...

Entonces fuimos al dormitorio nos besamos intensamente, sus manos me acariciaban la espalda, me apretaban la cola, sus dedos se escurrían por detrás y querían penetrarme el culo. En ese momento me retiré, nunca había tenido relaciones anales, no me gustaba. Ella comenzó a quitarse el pantalón mientras no desabotonaba su blusa, no llevaba sostén de manera que sus senos hermosos y erguidos eran míos.

Nos acostamos y mamé sus senos hasta que me dijo que le hacía doler, se retiró de mi lado y nuevamente se quedó mirándome, entendí lo que quería, de manera que puse una almohada bajo mis caderas y abrí las piernas para que ella pudiera verme, mis flujos no cesaban, mi sexo estaba abierto frente a ella. Nuevamente me sentía entregada a una mujer y me sentía plena, yo le gustaba, ella me deseaba. Mientras me miraba, jugaba con mis senos y comenzó a hablar de una forma que me aceleró el corazón:

"Amor, ¿te gusta estar conmigo?, estás tan mojada y tienes un perfume tan rico, que ya deseo comerte toda. Tus tetitas me fascinan, se te paran divinamente. Quiero cogerte, pero necesito algo para penetrarte, ¿tienes algún juguete?" Yo casi no podía hablar de la excitación, quería moverme pero el cuerpo no me respondía quería tocar su sexo y no podía, entonces le señale un cajón del mueble ella se levantó y yo quedé tendida sobre la cama, ella tomó el vibro lo lubricó primero con sus flujos y luego jugó en mi sexo hasta que me penetró y lo movía con gran habilidad hasta que me hizo gritar y gemir de gusto: "quítamelo, por favor déjame besarte, quiero darte placer, déjame cogerte Sara, me mueroooooo"

Pero Sara no me dejó darle placer esa noche, me dijo "estoy agotada, aunque tú no lo creas fue una noche muy placentera para mi, me excita mucho el dar placer, vamos a dormir y mañana seré tuya como quieras", se acostó a mi lado nos acariciamos y besamos hasta dormirnos.

En la mañana me desperté antes que ella, me duché y fui a la cocina a preparar el desayuno. Volví al dormitorio y pretendí acariciar su sexo, pero ella me sintió y apretó las piernas, le rogué "anda eso no es justo, yo quiero tocarte, porque no te entregas a mis deseos, déjame darte los buenos días, cariño" y dicho esto ella abrió un poco sus piernas para que yo pudiera meter mi mano en el lugar más tibio y perfumado que puedan imaginar y besar sus labios. Nos dijimos cosas muy tiernas, fue un despertar increíble.

Desayunamos, salimos a caminar un rato, charlamos, pero ambas queríamos volver a casa. Ya de vuelta en casa, Sara me ofreció su sexo, me pidió que le hiciera el amor, se quitó la ropa se recostó en el sofá y me pidió que mirará su vagina, yo me incliné como si fuera a realizar un examen ginecológico y no pude creer: Sara era virgen!! Me explicó que en realidad solamente había tenido sexo oral, y cuando estuvo con un chico, nunca había consumado una relación sexual, tuvo penetraciones solamente anales.

El hecho me perturbó bastante, solo sentí deseos de besarla, comenzamos a charlar, me costaba creer que la mujer que me había hecho gemir de placer la noche anterior fuera una virgen , que sí sabía de sexo pero que nunca había consumado una relación. Su familia era muy conservadora y la aterraba la posibilidad de un embarazo, por eso con el chico con el que había estado de novia, solo mantenía relaciones anales.

Ella pensó que yo la rechazaba y por un momento fue así, pero ella estaba ahí en mi sofá desnuda, ofreciéndome su amor, ella me había regalado una noche como hacía tiempo no tenía, ella quería ser mi mujer. Estaba muy tensa, fuimos a la cama y nos besamos, mamé sus pezones esta vez con más cuidado que la noche anterior mientras la masturbaba, besé su cuerpo entero y hasta que ella me rogó que la chupara.

Separé sus piernas y me instalé en su sexo totalmente mojado, ella no dejaba de moverse, su sexo se pegaba a mi cara, besé, lamí y chupé aquella concha fabulosa hasta que ella no pudo más. La dejé respirar unos minutos y volví a su sexo aunque ella me pedía que ya no lo hiciera, tuvo otro orgasmo impresionante y entonces la deje descansar.

Ese fin de semana, fue el comienzo de una historia que merece ser compartida, con todas las mujeres que sienten como yo.

Añadido el 25 de Septiembre de 2008

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