Juegos pervertidos
Por: Nikita
Me llamo Agatha y tengo 35 años, estoy casada y tengo dos hijos. A pesar de la edad y mis dos embarazos me considero una mujer de buen ver, incluso a pesar de estar casada no me faltan piropos por parte de mis compañeros de trabajo. Por motivos laborales, solo veo a mi marido por la noche, a pesar de estar todo el día sin vernos yo sigo enamorada de él y nunca le he sido infiel, ni si quiera se me había pasado por la cabeza serlo y menos con un mujer.
En mi trabajo somos cinco personas trabajando, tres mujeres y dos hombres, con todos ellos mantengo una estupenda relación de compañerismo y amistad hasta que un día por varias causas, solo estábamos trabajando dos, mi compañera Elba y yo. Elba era una mujer de 25 años, morena, con físico imponente, sus pechos erguidos y un estupendo culo, era morena y con una gran melena, estaba casada y esperaba un hijo desde hacía cuatro meses.
Eran las siete y media de la tarde de un viernes y aunque normalmente estamos hasta las ocho y media, nos dispusimos a cerrar la oficina, para así ultimar las tareas pendientes y dejarlo todo preparado para el lunes. La oficina tiene dos plantas, la de abajo tiene vistas a la calle, así que si después de cerrar te ven trabajando dentro, la gente no duda en picar por el cristal para que les atiendas, así que subimos al primer piso para estar más tranquilas. Lo que iba a ser una tarea rutinaria que hacíamos todos los días, se convirtió en la tarde noche más agradable y gozosa que nunca hubiera imaginado.
Nos sentamos a nuestras mesas y nos pusimos a facturar toda la venta del día, mientras hacíamos esto hablábamos de nuestras cosas, me interesaba por ella por el estado en el que se encontraba ya que había momentos del día en que no se sentía bien.
En una de nuestras conversaciones empezó a decir que desde hacía unos días estaba notando que la ropa le quedaba más ajustada, sobre todo los sujetadores y que esa misma mañana en el tiempo que tenemos para comer se había acercado a una mercería para comprarse algo de ropa interior. Se levantó tomó la bolsa, sacó un juego de bragas y sujetador color negro, se lo arrimó a su cuerpo y se puso a hacer un pase de modelos por la oficina. En ese momento a mí me entró una sensación por el cuerpo que hasta ahora nunca había sentido, me estaba empezando a excitar ante aquella situación tan normal en las mujeres como era el enseñarnos la ropa unas a otras.
Me levanté de la silla y me aproximé a ella para ver más de cerca la ropa, le dije que le quedaría muy bien y empezamos a bromear con lo que diría su marido en cuanto la viera con ella puesta. Posó la ropa que tenía en la mano y se levantó un poco el yérsey que llevaba para que pudiera ver su barriga que ya le estaba creciendo, en ese momento se volvió a repetir la sensación que acababa de tener hacía unos minutos y me propuse ir más allá.
Le toqué la barriga con dulzura pasando la mano muy suavemente de arriba a abajo hasta que tropecé con la goma del pantalón en ese momento decidí continuar con las caricias que ha ella parecían relajarle, pero que no se imaginaba que a mi me estaban poniendo a mil. Así que me abrí paso por entre la goma del pantalón y su cuerpo e introduje la mano hasta llegar a su peludo sexo, en ese momento Elba dió un grito entre angustia y placer y se echó hacía atrás mirándome con cara de susto y preguntándome lo que estaba haciendo. Le dije la verdad, desde que se había puesto a juguetear con la ropa, me había empezado a entrar una sensación extraña hacia ella, una sensación que nunca había tenido y de la que me encontraba algo avergonzada sobre todo si pensaba en mi familia, pero tenía que saber porque me estaba pasando y hasta donde podía llegar.
Así que me aproximé a ella despacio mientras ella seguía reculando hasta llegar a la pared, en ese momento al verme que yo insistía, se dio por vencida y se quedó clavada en la pared viendo como me acercaba. Esa actitud de ella me ayudó a proseguir con lo que estaba pensando, me acerqué a ella, le empecé a pasar mi mano por sus grandes pechos y la bajé con suavidad por su cuerpo hasta llegar a su pantalón, me arrodillé ante ella, le desabroché el botón, le bajé la cremallera y ahí tenía ante mí esas braguitas color crema que me separaban del placer, introduje mis dedos entre la ropa y la aparté dejándome vía libre su precioso coño, no me resistí más e introduje mi boca en el, fue en ese instante cuando al echar la mano que me quedaba libre a mi entrepierna, noté que me estaba mojando y al sentir esa sensación me calentó aún más.
Sentí como Elba intentaba juntar las piernas para que me fuera difícil introducir mi lengua por su agujerito, pero al empezar a acariciar sus muslos, desistió de su intento.
Me puse a su altura, le cogí su mano y me la llevé a mi falda, la cual me levanté y la introduje en mis bragas para que pudiera sentir mi mojado coñito y noté como sus dedos se introducían en el, parecía que aquella situación también le estaba empezando a gustar a ella, porque en seguida se quitó su yérsey y el sujetador dejando al aire sus preciosos pechos que empecé a saborear, a la vez ella seguía manoseando mi coño e introducía cada vez más a dentro sus dedos, sacó su mano y me comenzó a desabrochar la blusa y la falda dejándome en ropa interior, fue entonces cuando me dijo que me tumbara en el suelo para poder estar más cómodas.
No me lo podía creer, aquella asustadiza chica estaba tomando el mando de lo que yo había iniciado y parecía estar calentándose cada vez más, así que nos tumbamos en el suelo, me quitó las bragas y empezó a introducir su lengua lentamente por mis labios, mientras su mano jugaba con mis pechos con la otra empezaba a abrirse paso por el culo, era la primera vez que alguien intentaba introducirme algo por ahí, ni siquiera mi marido lo había intentado y mira tu por donde iba a tener la oportunidad de saber lo que se sentía al ser penetrada por el culo.
A estas alturas yo debía de ir por el segundo orgasmo y notaba como mi coño segregaba líquidos constantemente, una de las veces al incorporarse Elba, pude ver como de su boca salían restos de mis flujos, entonces la cogí y la besé para poder compartir mis líquidos.
Después nos cambiamos las posiciones y fue entonces cuando me fijé que de mi bolso que tenía en el suelo sobresalía un tubo de crema de unos 12 cm. de largo y que me podría ayudar a dar placer a mi compañera, no lo dudé, estiré mi mano, lo cogí y me lo pasé por mis labios inferiores para lubricarlo, Elba al verlo me sonrió y me dijo que tuviera cuidado, no debía de olvidar que estaba embarazada, poco a poco fui introduciéndolo en su vagina pero a ella parecía no gustarle mucho, así que levanté un poco sus nalgas para que me dejara ver su agujero y comencé a meterle el tubo hasta que se perdió de mi vista, después acerqué mi cara a su culo aprovechando que el tubo hacía que estuviera bien abierto su agujero y saboreé sus cavidades mientras jugueteaba con el tubo entrando y saliendo continuamente.
Mientras tanto Elba jugaba con su coñito y lo movía de un lado para otro soltando gemidos como si estuviera poseída, estuvimos en esta posición más de un cuarto de hora, después me puse al lado suyo y nos seguimos acariciando y besando durante algunos minutos más.
Cuando acabamos de gozar, nos empezamos a vestir, y me di cuenta que Elba comenzaba a llorar, al preguntarle que le pasaba me dijo que le había gustado mucho, pero que estaba indecisa sobre que nos depararía el futuro, la abracé y le dije que esa misma pregunta me la hacía yo también, pero que creía que era compatible con nuestros matrimonios, al fin y al cabo pasábamos más tiempo juntas que con nuestras familias, de todas maneras teníamos tiempo a reflexionar este fin de semana.
Nos despedimos con un gran beso y nos fuimos a nuestras casas.
Añadido el 04 de Diciembre de 2008