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Relatos Eroticos / La gran noche

Soy Daniel, 35 años, casado, bisexual, con gran afición por el sexo con hombres. Quiero contarles una experiencia que tuve hace mucho tiempo, la rememoré al escribirla para contársela a alguien muy especial, y con su consentimiento, se la cuento a todos ustedes. Espero que la disfruten.

Cuando yo tenía unos 22 años o tal vez 21, no recuerdo bien, tenía una pareja de amigos de la facultad, ellos tendrían 25 ó 26, nos conocíamos de una agrupación estudiantil en la que militábamos juntos. Éramos un grupo de amigos más grande, pero con ellos tenía mucha onda, y pasaba mucho tiempo en casa de ellos, ya que alquilaban y vivían juntos y yo seguía en casa de mis viejos. Más de una vez, después de una reunión de la agrupación me quedaba a cenar y dormir. Ya entonces yo tenía clara mi vocación bisexual y con ellos tenía la suficiente confianza para que lo supieran, cosa que ignoraban el resto de mis amigos, que me conocían solamente alguna novia. Los hombres con los que tenía sexo no eran nunca de la facu.

Para hacerla corta, en uno de los tantos encuentros, me quedé después a cenar con ellos, era un típico departamento de estudiantes, con una alfombra hippie en el piso, debajo de una mesa ratona y comíamos allí, sentados sobre la alfombra. No me acuerdo que mes era, pero hacía un poco de calor, lo suficiente para usar pantalones cortos y remeras. Mi amigo era un rubio bastante atractivo, como casi todos en esa época usaba pelo largo hasta los hombros, y una barba cortita. Era un pibe flaco aunque yo lo era más. Siempre fui bastante delgado. En el cuerpo él era bastante lampiño, casi no tenía vello en el pecho. Tenía una linda cola, no muy grande, pero marcada, juvenil.

Hasta ese día le había visto el pene solamente en reposo, algunas veces al hacer pis. También su vello púbico era rubio. Se llama Eduardo. Su pareja (hoy esposa), Silvia, era bastante petisa, cabello castaño oscuro, también hasta los hombros, tendía a engordar con facilidad, digamos que era gordita, y un poco más. No era particularmente linda, tampoco fea, pero siempre sonreía, y por lo tanto su cara me daba mucha alegría. Tenía pechos relativamente grandes, un tanto caídos, pero cuando usaba corpiño y musculosa, me resultaban llamativos. Pero lo que más me atraía de ella era el culo.

Tenía un culo realmente grande, aunque resultaba armonioso con su cuerpo. Por lo general usaba polleras largas, tipo sueltas o pantalones tipo hippies, aunque cada tanto un vaquero. Esa noche estaba con un short de tela de jeans y una musculosa. Eduardo de bermuda y musculosa y yo de bermuda y remera de manga corta. Me acuerdo como hoy que comimos pizza y cerveza, bastante cerveza. Igual, nada de borrachera. Estábamos charlando de la política estudiantil y al hablar de un flaco determinado, ya no recuerdo su nombre, Eduardo preguntó si no nos parecía trolo o sea homosexual. Yo le dije que no lo sabía, que además la mayoría de los gay no eran afeminados y por lo tanto no se notaban. A eso Silvia dijo: Como vos, ¿no? Le dije que en efecto yo podía ser un ejemplo, pero no el mejor ya que yo era bisexual y no gay puro, por lo cual era menos probable que fuera afeminado. En efecto nunca tuve manerismos afeminados, aunque no me molestan los hombres que los tienen.

Silvia me empezó a joder con eso de que yo gozaba de todos los mundos, lo cual reconocí sin problemas. Me preguntó como podía gozar tanto con mujeres como con tipos y le dije que porqué no. Me preguntó si con los hombres era pasivo o activo, le dije que no me ataba a roles fijos. Y ahí Eduardo dijo: o sea que la comes y te la comes, Silvia le dijo que cochino que sos, pero yo les dije que no hay problema que yo también llamo las cosas por su nombre, y que efectivamente me gustaba mucho que me chupen la pija, tanto hombres como mujeres como chupar pijas o conchas. Obviamente la charla estaba caldeando el ambiente y no me costó notar que la bragueta de Eduardo estaba hinchada. La mía también se insinuaba. Silvia dijo que si ella se chupara una concha, seguramente provocaría mucho placer a su compañera porque sabría exactamente donde y como hacerlo. Ahí yo expliqué que por esa misma razón me gustaba chupar y que me chupen la pija.

Silvia largó una carcajada y dijo que seguro yo se la chuparía a Eduardo mejor que ella, poniendo su mano en la bragueta de él y se dio cuenta que estaba dura. ¡Parece que te gustó la idea, le dijo! El se sonrojó y balbuceó algo así como no seas tonta. Y Silvia le dijo, pero esta bien, me parece lógico, es más me gustaría verlo. Yo me sorprendí, no me lo esperaba, pero al instante capté la posibilidad de engancharme, si Eduardo lo deseaba. Como jodiendo, me acerque a él y le acaricié el muslo y le dije, ¿y papito, querés hacerme tuya? Eduardo dijo: bien que te gustaría y yo: seguro, no tenés más que pedirlo. Silvia: y que esperan che, que me quiero divertir. Ahora apoyé mi mano en la bragueta de Eduardo y lo apreté suavemente, se le escapó un gemido. ¡Le gusta! Dijo Silvia. Le desabroché el botón de la bermuda y le bajé el cierre, como no reaccionaba mal, le bajé la bermuda y ahí colaboró para sacársela.

Le franeleé la pija sobre el calzón, que se puso más dura y rígida. Se adivinaba linda. Tamaño medio, el ideal para tragarse por la boca o el culo. Le pasé la lengua por encima de la tela hasta dejar la tela empapada, al tiempo que le acariciaba el bajo vientre. La cabeza de la pija le asomó por encima del elástico y le di un lambetón, que le arrancó un aahhhhhhh. Con los dientes se lo bajé, mirándolo a los ojos con deseo. Silvia se acercó para ver más de cerca. Le saqué del todo el calzoncillo y le subí un poco la musculosa, y Silvia se la sacó del todo. Para sacarse la ropa se había parado y así quedó, Silvia parada al lado de él. Yo agachado, apoyado en las rodillas, con la boca a la altura de su verga. Estaba buenísima, de piel suave, color rojo intenso.

La lamí primero por fuera, de arriba abajo y de abajo arriba. Al llegar a la cabeza de la pija, me detenía más, jugando con su agujerito, que cada tanto sacaba un jugito preseminal que me chupaba. El ya gemía sin disimulo, me pedía seguí, seguí, no pares, mientras Silvia le decía: que lindo te chupa la pija Daniel, es un profesional, a lo cual Edu respondió partiéndole la boca de un chupón que ella correspondió. Le debe haber metido la lengua hasta el esófago, si fuera posible. El comenzó a abrazarla y besarla mientras yo seguía atendiendo su pija y testículos y acariciando sus nalgas e ingle. Intenté tocarle el ano, pero me sacó la mano, así que entendí el mensaje, no lo volví a intentar, hay que respetar los gustos de la gente.

En algún momento, mientras yo seguía con la tarea, Silvia bajó una mano a la pija de Edu y le masturbó el tronco mientras yo seguía lamiendo, cada tanto lamía también la mano de ella. Se ve que eso calentó más a Edu, que le levantó la musculosa y se la sacó, dejando al descubierto el corpiño. Empezó a acariciarle las tetas y a estrujarlas suavemente, lo cual parece que a ella le gustó ya que empezó a dar pequeños gemidos de placer. Yo me paré e intenté besar a Edu, pero me pidió que no lo hiciera, me corté un poco, pero Silvia me atrajo hacia ella y me dio un chupón de novela que correspondí con entusiasmo. Ella al mismo tiempo me agarró una nalga con su mano (la otra estaba en la pija de él), y deslizó un dedo hacia mi orto, que reaccionó gustoso, y le di un beso con mucha lengua y saliva. Se acercó a mi oído y me dijo, sos un putito divino. ! Edu le desabrochó a Silvia el corpiño, liberando sus tetas.

Mientras él lo hacía, me saqué la ropa, dejando al descubierto mi pija que estaba como una lanza. Ni sueñes que te la toque dijo Edu. Tranquilo papito, que yo soy aquí el putito. Yo la quiero probar dijo Silvia y sin más se agachó y se la metió en la boca, mojándola bien y haciendo movimientos de cogida, mira la puta que tenía en casa dijo Edu, cagándose de risa. No seas celoso, dijo Silvia, sacando mi pija de su boca y pasándola a su mano mientras se tragaba la de Edu. Así siguió un poco, alternando pijas. A mí esa visión me encantó y corría riesgo de acabar, así que se la retiré de la mano, me bajé junto a ella, empecé a chupársela a Edu junto a ella. El deliraba, decía barbaridades como chupen putos de mierda, cómance esta pija de macho, lo cual no hacia más que entusiasmarnos más. Además, como chupábamos juntos, yo sentía la boca y la lengua de Silvia en la mía, ella cada tanto seguía hurgando en mi culo y ano y yo le masajeaba la teta más cercana.

De repente Silvia se paró y dijo ¿qué pasa mi concha está aquí al pedo? Y Se sacó el short y la bombacha. Tenía una mata de pelo impresionante, era evidente que no se depilaba ahí, lo cual me gustaba mucho. Se acostó en el suelo y Edu bajó a comerle la concha, yo me acerqué y le masajeaba las tetas y la besaba por todas parte, cada tanto ella me chupaba la pija. Después le dijo a Edu, déjalo un poco a Dani, así que me ocupé de sus labios externos e internos, sin tocarle el clítoris para no apurar el orgasmo. Mientras Edu le metía la pija en la boca. Cada tanto deslizaba mi lengua cargada de su jugo vaginal a su culito, lamiéndole el ano. Como te gusta el culo me dijo Silvia, a lo cual solo respondí, ajá.

Edu se paró y me dijo, salí de ahí, se acostó él en el piso, ella se puso sobre él y se la metió sin preámbulos en la concha, ahí empezaron a coger, sube y baja, sube baja, mientras Edu le masajeaba las tetas. Yo permanecí al lado, cada tanto le acariciaba las tetas, bajaba un poco y tocaba la pija que estaba entrando y saliendo de su conchita, y también algún toqueteo del ano de Silvia. Como me gustaba ese culo grande, carnoso. Como no se oponía, también bajé, la empujé suavemente hacia delante, de manera que podía besar a Edu, le abrí esas enormes cachas y le lamí bien el ano, acariciando cada tanto con un dedo y jugando a metérselo sin llegar a hacerlo, no quería provocarle dolor. Evidentemente eso la recalentó, tener pija en la concha y dedito cerca del culo, porque se vino en un gemido hermoso diciendo ¡que bueno!

Se quedaron un rato así hasta que Silvia recuperó el aliento y se salió de Edu que todavía la verga bien enhiesta, como una lanza y muy húmeda de los jugos vaginales de ella. No resistí la tentación y bajé a chupársela. Estaba deliciosa, ¡que rico es el gusto a concha y mejor aún en una pija! Silvia se fue al baño y volvió con un pomo de vaselina. ¿Querés?, me preguntó. Si Edu quiere, yo feliz de la vida dije. Edu dijo es hora que me haga el primer culo de macho en mi vida. Yo lo preparo dijo Silvia. Me recosté sobre las rodillas y las manos y abrí las nalgas. Silvia me dio primero unas lamidas deliciosas y después me pasó la vaselina por fuera y me acarició con ella el orto.

Con la próxima cantidad me metió un dedo que entró fácilmente y luego otro, un poco más difícil, pero sin problemas y se quedó jugando con ellos un poquito, yo ya gemía de placer. Edu fue por un forro y volvió, Silvia dijo, yo te lo pongo. Se levantó, le dio un beso en la pija y le puso el preservativo. Andá, rómpele el orto a tu amigo dijo ella. Gracias mi amor dije yo. Todo tuyo, te lo entrego me dijo. Me puse un almohadón bajo el vientre y me preparé, Edu me la metió de un saque, era evidente que no tenía experiencia en esto, lo cual me llamó la atención pensé que lo hacía con Silvia.

Pegué un grito que lo asustó, pero lo tranquilicé, le dije que esperara un poquito a que me acostumbre. Después le dije que siguiera y empezó a bombearme duro y parejo, dolía al principio, pero de a poco me acostumbré y empecé a gozarlo. Para mejor, Silvia se sentó delante de mí y me puso la conchita a tiro de lengua. Así que estaba siendo enculado por su pareja y comiéndome su cachucha. Una maravilla.

Ahí el ritmo se aceleró y Edu aumentó el entra y saca y finalmente acabó desplomándome sobre mí que a mi vez me recosté sobre el vientre y la concha de Silvia. Pero mi pija todavía estaba a mil y a punto de eyacular. Me empecé a pajear, pensando en terminar así, pero Silvia dijo: no, vamos a hacerla bien. Se puso en cuatro y me dijo: ponete forro y métela. Edu me dio un forro. Yo la apoyé entre las nalgas, pero Silvia me dijo, no por ahí todavía no, espera que me lo rompa Edu y después te lo doy también. Chica fiel lo que se dice. Así que desde atrás, a lo perrito se la puse en la concha mientras Edu la besaba y acariciaba la espalda. La vista de ese culo hermoso y ese ano en flor me impidió durar mucho y acabé.

Esa fue la primera de una serie de encuentros, durante unos seis meses, más o menos una vez por mes. Pero la verdad es que fue el mejor, por la novedad, el resto fueron bastante parecidos, salvo que Silvia finalmente entregó el marrón tanto a Edu como a mí. No hubo caso de que Edu me la comiera a mí o me dejara ponérsela.

Añadido el 29 de Noviembre de 2008

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