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Relatos Eroticos / Un matrimonio

Fue el marido, Miguel se llamaba, quien se puso en contacto conmigo. Él había visto mi anuncio en Yunu.com, en el que me ofrecía para hacer realidad las fantasías ocultas de chicas o parejas. Yo, tengo 33 años, soy un chico normal, no soy ni guapo, ni feo. No tengo un cuerpo 10, estoy algo gordito. En mi anuncio marcaba esta opción, para aquellas parejas que tengan miedo de que su mujer se enamore de la otra persona, si es demasiado atractivo. Ese no era mi caso.

Como ya he dicho, fue Miguel quien me llamó:

- ¿Alberto? - Si, soy yo – respondí. - Te llamaba por tu anuncio de Yunu. - Dime que es lo que buscabas. - Verás, quiero ver a mi mujer con otro hombre. Y he pensado en ti por diversos motivos. Yo disfrutaré viéndoos, pero tendréis que seguir mis órdenes. Haréis lo que os pida. - Un momento, haremos lo que nos pida, siempre que todos estemos de acuerdo. - No quería arriesgarme a encontrarme con sorpresas. - ¡No te voy a pedir nada ilegal! Pero tienes razón, aunque espero que no tengas demasiados limites. - ¿Y su mujer? ¿Sabe que me está llamando? ¿Está de acuerdo? - Claro, ya lo he hablado con ella. Ella dice que quiere hacer realidad mi fantasía. - Me gustaría comprobar que ella esta de acuerdo. Hablar con ella o verla para saber lo que opina.

Este fue el comienzo de una larga conversación, que acabó en una cita para vernos los tres en una cafetería de la ciudad, dentro de dos días. Le pedí datos de su mujer, como era, edad, como se llamaba. Tan solo obtuve una respuesta, su nombre, Marta.

Ese nombre, dio mil vueltas en la cabeza. Imaginándomela, deseándola sin conocerla. Mi cabeza estaba llena de deseo, de morbo. No se lo dije a Miguel, pero para mí, también iba a ser la primera vez. Yo estaba casado y buscaba salir de la rutina de mi matrimonio, y probar todo lo que pudiera en cuanto al sexo. Mi experiencia en el sexo era escasa en cuanto a la práctica, se limitaba a dos o tres posturas, poco sexo oral, nada de fantasías ni juegos morbosos, pero he visto infinidad de sexo en video y en ellos basaba mi aprendizaje aunque deseaba hacer realidad todo eso.

Llegó el día de la cita. Llegué pronto para no hacerles esperar. Ocupé una mesa. Tres minutos pasados de la hora convenida llegó Miguel. Supe que era él, porque me había dicho que iría un portafolios azul. Venía solo. Eso me fastidió. Miguel tiene 38 años, pelo corto, tiene algunas canas en las sienes. Metro ochenta, algo gordito, y con buena presencia. Llevaba unas gafas de sol ocultando sus ojos. Me dijo que Marta llegaría un poco más tarde. Quería asegurarse que me presentaba a la cita antes de llegar con ella. Ni siquiera se porque.

A los quince minutos, una mujer entró en la cafetería. Era morena, 38 años, tenía una cara bonita, sin maquillar en exceso. Su cuerpo no era el de una diosa, ni el de una mujer dejada por el paso del tiempo. Tenía algún kilito de más, pero seguía siendo muy deseable. Miguel la llamó y se sentó con nosotros. Nos dio dos besos a ambos y se limitó a escuchar. Parecía llena de vergüenza. Estuvimos decidiendo el día de llevar a cabo todo. Me dijeron que no tenían hijos, que se haría en su casa. Vivian en un chalet adosado en las afueras de la ciudad. Allí seria el encuentro. Cuando ya estuvo todo concretado, Miguel dijo que se iba al baño, para que nos conociéramos Marta y yo.

- Hola Marta – le dije. - Hola – me dijo vergonzosa. - Mira, yo no quiero hacer nada que tú no estés de acuerdo, no sería justo. No te sientas obligada por nadie. Si no quieres hacerlo, yo le diré a tu marido que me he echado atrás y punto. - No, no. Es su fantasía, es su deseo, pero a mi no me desagrada en absoluto, porque yo también lo deseo. Me excita esa situación. Estoy de acuerdo y quiero hacerlo. - Ok, entonces deja que te diga que eres preciosa. - Gracias – se volvió a avergonzar.

Ahí quedó todo, Miguel volvió del baño, nos despedimos, y quedamos nuevamente citados para el viernes.

Pensé que nunca llegaría, pero por fin era viernes. Llegué a la hora prevista. Toqué el timbre. Cuando se abrió la puerta, me quedé de piedra. Era Marta. No parecía la misma mujer de hace tres días. Físicamente si, pero donde había dejado su miedo su vergüenza, sus temores. Llevaba unas medias hasta medio muslo, un salto de cama, negro con encajes que insinuaba su cuerpo, pero no mostraba todos sus encantos. Me hizo pasar, y nada más cerrar la puerta, me dio un beso lleno de pasión, y comenzó a desnudarme. Pude ver por encima de sus hombros a Miguel mirándonos desde el salón. El juego había comenzado, sin preámbulos, sin presentaciones, sin frialdad. Marta me dejó en calzoncillos y me llevó al salón cogido de la mano. Mi polla ya se dejaba ver desde el interior de mis calzoncillos.

- Hola Alberto – dijo Miguel- Hola – respondí. - Quiero veros como dos enamorados en su primera noche, llenándoos de besos caricias y tocamientos, pero sin profundizar. Es decir, no quiero que le metas los dedos en el coño, ni sexo oral, de momento, solo tocamientos de enamorados en su primer encuentro.

Tenía las ideas muy claras, en parte normal pues era su fantasía. Marta y yo nos miramos, y poco a poco fuimos acercando nuestras bocas hasta unirlas en un acto de pasión y deseo. Nuestras lenguas se buscaban, se saboreaban. Nuestras manos recorrían nuestros cuerpos. Pronto la ropa dejó de molestarnos, había desaparecido. Era maravilloso rozar sus pechos, sentir como sus pezones se endurecían. Marta quedó tumbada, mientras mis manos, mis dedos más bien, recorrían todo su cuerpo. Siempre se me ha dado muy bien esas caricias suaves casi imperceptibles pero llenas de deseo. Al poco, las posiciones cambiaron yo estaba tumbado y era ella, la que ahora me parecía una diosa, quien me llenaba de caricias. Sentía sus manos por todo mi pecho y mi mente solo deseaba que esa mano bajara más abajo. Y empezó a bajar. Su mano rozando mi polla, fue un momento impresionante para mí, sin embargo solo era el comienzo de una noche mágica.

- Quiero que os comáis, Alberto cómele el coño a mi mujer. Luego Marta te comerá la polla a ti. Y luego un 69 para redondear. – así fue como Miguel nos sacó de esa pasión maravillosa que estábamos viviendo. Fue en ese momento en el que me percaté que él ya tenía la polla en su mano.

Marta se tumbó, y mi boca abajo, su coñito estaba húmedo. Eso me gustó, suponía que lo estaba haciendo bien. Comencé llenando de besos los alrededores, pasando mi lengua por sus labios, haciéndola esperar el momento de saborear su clítoris. Poco a poco mi lengua se acercaba a su centro de pasión. Notaba como se humedecía, su cuerpo se sacudía lleno de placer. Sus manos en mi cabeza, me apretaba contra ella. Ambos disfrutábamos, y Miguel por supuesto que también. Cada vez sus sacudidas eran más fuertes, me apretaba más contra ella, sus flujos no cesaban.

- Cambio –dijo Miguel

Esta vez no le hicimos caso tan rápido. Miguel nos lo volvió a repetir, para sacarnos de muestro mundo. Mi poa estaba a cien. Tenía miedo de no poder aguantar y vaciarme. Solo de pensarlo estaba ardiendo. Marta tocaba mi polla con sus manos, la miraba como quien miraba un helado y no sabe por donde empezar a lamer, y eso me provocaba más. Vi su lengua asomar entre los labios y acercarse mi polla. Esa lengua suave era increíble. Sabía lo que hacia. Sabía llevar el ritmo justo para provocar el deseo. Sus labios envolvieron mi trozo de carne, subía, bajaba, movía su lengua, la sacaba, volvía a empezar. Que maravilla, una mujer dedicada a saborear tu polla durante un buen rato fue increíble. Sabía hacerlo y me estaba costando mantenerme entero. No quería vaciarme, pero no iba a poder evitarlo.

Antes de que eso ocurriera, con mi cuerpo intenté girarme para buscar el 69. Quizá con la distracción de su coño, no me correría tan rápido. Miguel no dijo nada, así que no le importó. Fue maravilloso. Sentía como Marta cada vez me devoraba con más fuerza, y sentía su cuerpo como se derretía en mi boca. No aguantamos mucho ninguno de los dos, bueno más bien de los tres. Marta se apartó en el momento propicio para ver mi leche brotar, y cayendo sobre su mano como un volcán en erupción. No dejaba de mover su mano y con cuidado lamió mi polla aun manchada de semen. Su marido también había disfrutado porque se corrió disfrutando el momento. Acabamos los tres en el baño limpiándonos.

De vuelta al salón, Miguel sacó una botella de champan y brindamos por el disfrute, y por lo que aun quedaba por disfrutar. Esto no era más que una pausa para recobrar fuerzas. Miguel estaba solo en un sillón, mientras Marta no se separaba de mí, estaba constantemente abrazada a mí. Mi vejiga, con tanto champan, me pedía ser vaciada.

- Lo siento chicos, creo que el champan me ha hecho efecto y debo vaciar el canario. – les dije.
- Vamos para arriba – contestó Miguel – Quiero que lo hagas sobre Marta, luego ella lo hará sobre ti. El baño de arriba tiene una bañera grande donde estaremos más a gusto.

Nunca lo había hecho, aunque siempre tuve curiosidad. Marta se tumbó en la bañera, y me pedía que la duchara con mí manguera. Nunca olvidaré como me miraba, mezcla de picardía y dulzura. Yo empecé a regarla, dirigiendo mi chorro por todo su cuerpo, incluso su cara, para que saboreara mi agüita amarilla. Pero todo se acaba. Marta se levantó y yo ocupé su lugar. Ella colocó su coño sobre mi cara. Empezó a regarme. Salía con fuerza, el olor era fuerte, y el morbo de estar haciendo algo sucio me provocaba una excitación tremenda. Saboreé sus líquidos. Ella terminó, y Miguel abrió los grifos para llenar la bañera.

- Ahora os daréis un baño bien a gusto, y podéis repetir lo que habéis hecho hasta ahora. Es decir nada de follar, todavía – dijo Miguel, al tiempo que se sentaba en la taza del wáter a disfrutar de nuestro baño.

La relajación del agua, las suaves caricias, los tiernos besos, fueron despertando otra vez nuestros instintos. Las miradas de Miguel no me molestaban porque me olvidaba de él, en cuanto Marta me hipnotizaba con sus ojos. Estuvimos cerca de veinte minutos a remojo, recordando los momentos vividos en el salón, y repitiéndolos con más pasión si cabe.

- Creo que es el momento adecuado de pasar al dormitorio. – Miguel disfrutaba tanto como nosotros.

Salimos hacia el dormitorio, la habitación estaba a oscuras, iluminadas por una tenue luz que provenía de velas dispersas por la habitación. Allí, volvimos a recordar los besos, las caricias, que cada vez eran más cómplices, con más pasión. Ambos deseábamos fundirnos en uno. Yo deseaba estar dentro de ella, y ella de sentirme dentro. Marta me tumbó y se subió sobre mí. Sus manos jugueteaban con mi polla, cada vez más cerca de su coño. Ella se iba acercando hasta rozar su rajita. Su cara mostraba que se estaba divirtiendo. Mi polla ya tenía su cabeza en el lugar propicio. Marta se dejó caer sobre ella, y ambos sentimos algo que llevábamos deseando toda la noche. Ese calorcito es maravilloso. Marta sabía moverse, ni tan suave que no se notase, ni tan rápido como para acabar antes de tiempo. Sus pechos se movían, y mis manos se encargaban de sujetarlas.

Nuestras caras eran de felicidad, igual que la de Miguel, que nuevamente, se había sacado el instrumento, y lo tenía entre las manos. Miguel nos pidió que lo hiciéramos a cuatro patas como los perritos. Marta se levantó y adquirió la postura ordenada, yo tras de ella, se la metí en el coño por detrás, con una visión maravillosa de su culo, y de su agujerito negro, que me hubiera gustado saborearlo. Mi dedo empezó a juguetear con su agujerito a la vez que continuaba sus embestidas. Ella se movía, buscando mi dedo también, y disfrutando. Seguimos jugando durante mucho rato, en distintas posturas, llenos de placer.

Miguel me pidió que en el momento final eyaculara sobre ella. Ella se tumbó boca arriba, yo sobre ella, y Miguel a nuestro lado de pie masturbándose. Los movimientos cada vez eran más rápidos, todo se aceleraba más. Miguel no aguantó y se corrió sobre Marta, él se inclinó sobre ella y le dio un autentico morreo. Esta situación provocó que yo sacara mi polla y me corriera sobre ella también. Nuestro semen quedó unido sobre ella, que con su mano lo acariciaba.

Nos tumbamos los tres, descansamos, un bañito, y nos despedimos. Me pidieron que no los buscase, ni los llamase. Me dieron las gracias, que había sido maravilloso, y que si alguna vez decidían repetirlo me llamarían. Marta me despidió con sus labios en los míos y su lengua jugando con la mía.

Aun no me han llamado, sigo esperando esa llamada para disfrutar del placer.

Esta solo es mi fantasía, pero quizá algún día llegue esa llamada. ¿Me llamarán?

Añadido el 26 de Noviembre de 2008

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