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Relatos Eróticos / La suegra

La suegra

La historia que paso a contarles es simplemente la consecuencia de un conjunto de situaciones que me llevaron a este tremendo desenlace, y que, hoy día, agradezco que pasara así:

Vivo con mi esposa en casa de mis suegros, en un departamento que construimos en los aires de su propiedad. La convivencia con mis suegros, mis cuñados y mi sobrino fue siempre buena, pues mi esposa y yo salíamos muy temprano de casa, a las 6:30 am aprox., y regresábamos de noche, pasadas las 18:00 pm, solo con ganas de comer algo ligero y luego dormir. Meses después de llegar a vivir con ellos, renuncie a mi trabajo cansado de la falta de oportunidades. Fue una decisión pensada entre mi esposa y yo, por lo que contaba con su apoyo. Esta renuncia si bien significaba ajustarme un poco en los gastos, ver qué otras cosas podía hacer, ya sea como negocio o como trabajo, significaba otra cosa más…significaba estar en casa, casi sin hacer nada, a disponibilidad del antojo de mi suegra para cualquier cosa que ella quisiera. Ustedes tal vez pensarán que con eso me refiero a sus deseos sexuales, pero no…simplemente resultaba que mi suegra era una mujer que le gustaba salir. No podía estar quieta en casa pues o bien salía a visitar a su hermana, o a las amigas, o, lo que más le gustaba, ir a comprar cosas al centro de la ciudad. Fue así que me gane la confianza y el cariño de mi suegra. Me había convertido en su compañero incondicional, en su fiel chofer que la llevaba al sitio que ella desee.

Les contare un poco de ella. Mi suegra, Nelly, es una mujer de 55 años, bajita, de unos 185 cm de estatura. Es, prácticamente, fea. Usa gafas todo el día, su nariz es aguileña, su cara arrugada, ha subido de peso, estará por los 60 kg. aprox. Su figura…deja mucho que desear, senos pequeños, caídos, víctimas de los años y de la gravedad. Sin caderas, es decir, ninguna curvatura que llame la atención. Piernas delgadas, mejor dicho, pantorrillas delgadas, nada sexys. Pies ya arrugados, maltratados por los años. En fin, no es la mujer que un hombre de 30 años desearía de amante, ni es la mujer por la que voltearíamos la cara al verla en la calle.

Pero, si su físico no era provocativo, las situaciones que viví a su lado, fueron las que empezaron a alimentar mi deseo por poseerla.

Una mañana baje a su casa, eran como las 7:30 am. Mi suegra me había dicho la noche anterior que saldría temprano a ver unos asuntos en la municipalidad y que regresaría como a las 18:00 am para que la llevara a comprar unos regalos para unos familiares que habían venido del extranjero. Pues bien, con la seguridad que me daba el saber que toda la familia había salido, decidí entrar a su casa con la intención de tomar desayuno y ver qué podía hacer allí. Ingrese a su casa, me serví un vaso de jugo, lo deje en el lavadero y me fui al baño. Al entrar me di con la grata sorpresa de que mi suegra no había salido tan temprano como me había comentado, sino que se había quedado dormida y, en ese preciso momento, terminaba de tomar una ducha por lo que la encontré completamente desnuda, secando sus partes intimas, por lo que pude ver esa concha arrugada, peluda y tosca con total claridad.

Sin mayores reparos, y sin quitarle la mirada de encima, le dije de lo más fresco y normal:

- Suegrita, veo que no se fue temprano a la municipalidad…

Y ella, sin mucha prisa de taparse y manteniendo la conversación dijo:

- Si pues, es que me quede dormida. Ya no creo que vaya, más bien vamos temprano al centro a comprar.

- Ok, no se preocupe, ud. termine de hacer lo que está haciendo, más bien aprovechare para bañarme yo también.

Una conversación sencilla, sin sobresaltos, como si ambos fuéramos esposos y permitiéndome verla desnuda con total normalidad. Sera que tal vez no quiso mostrar su nerviosismo y su vergüenza, será tal vez que no se sintió incomoda con mi presencia.

Subí a mi departamento y me aliste. A los 30 minutos estaba nuevamente en casa de mi suegra, esta vez estaba ya lista para salir a comprar.

Mientras estábamos en el auto camino al centro (era más de una hora de viaje) empecé a recordar situaciones que se habían presentado entre mi suegra y yo y que me ayudaron a entender la situación.

En varias oportunidades, mientras hacíamos la cola en la caja del supermercado, había pasado yo por detrás de ella y había sido imposible evitar el roce de mi parte delantera con su parte trasera. Recordé que ella nunca había puesto reparos en que hiciera eso. Otras oportunidades, en las que cruzábamos la pista, de forma automática cogía su mano e, incluso, había cogido su cintura con tal de darle seguridad para cruzar. Los viajes en el colectivo no eran la excepción. Solía quedarse dormida y apoyar su cabeza en mi hombro. Y, si las acciones me estaban dando algunas ideas, las palabras que en alguna oportunidad habíamos cruzado, también:

- Cesar, toma, comete mi papa (aquí en mi país le decimos “papa” a la vagina) – mientras almorzábamos en un restaurante, o

- Ay me siento gorda, mira este pantalón como me queda – y respuestas coquetas como la mía:

- Pero suegrita, nada que ver, yo la veo muy bien, es más, creo que está sacando algo de caderas y se le ve muy bien.

En fin, eran muchas las cosas que, creía yo, me estaban indicando que había algo raro entre ella y yo.

Ese día fuimos a comprar, estuvimos como 3 horas dando vueltas entre todas las tiendas del centro. El hambre y el calor nos aquejaban y teníamos que calmarlas.

- Cesítar, no te ha dado hambre? Yo estoy con un hambre que me comería cualquier cosa

- Si quiere le invito un pan con chorizo, o un hot dog – con clara intención de deslizar una frase en doble sentido

- No, me queda chico, hay que comer algo más rico, que te parece pescado, un cebiche, un arroz con mariscos?

- Claro, estaría bien, pero con sus respectivas cervezas para el calor

- Pero claro, sus cervecitas, pero lo malo es que pescado con cerveza da sueño…como para tirarnos una siesta después…

- Umm..si, no?, ya veremos, pero vamos de una vez que tengo mucha hambre.

Camino a la cebicherìa un joven me entrego una publicidad acerca de “vitaminas” para la potencia sexual, y se lo enseñe a mi suegra:

- Mire suegrita lo que me han dado, cara de qué me habrán visto?

- Uy, creo que te han visto cara de que no puedes, yo no sé…

- Pero, como me van a dar eso, si estoy con ud. seguro pensarán que me ha levantado y quiere que le rinda al máximo…jajaja

- Umm…tú crees…tú crees que piensen que estoy contigo?

- No sé, pero eso parece…pero no pues…no se pase, es imposible que algo pase entre nosotros, lo habrán hecho por molestar nada mas

- Si pues, como va a pasar algo entre nosotros…

Llegó el mozo y nos tomo el pedido:

- Nos trae un chicharrón de pescado para la sra. y para mi un cebiche de conchas negras (aquí en Perú es conocido como un plato afrodisiaco, y, la verdad, es que todo esto me había despertado la libido y quería que pasara algo con mi suegra)

- Y para tomar?

- Una cerveza negra para mi y un vaso de chicha para ella…

- Pero yo también quiero cerveza! – dijo ella

- Ok, una cerveza rubia para ella y una negra para mi, para ponerme oso

- Jajaja – se rio ella con una risa picara y complaciente

Terminamos de almorzar, nos tomamos 2 cervezas cada uno, por lo que ella estaba mareada y yo estaba encendiéndome. Salimos del restaurante y mientras caminábamos vimos, camino al paradero, un hotel. Me detuve y con una mirada picara le dije:

- Suegrita, y si entramos un ratito…solo para descansar, mire que son varias bolsas que hay que cargar y además estamos llenos por el almuerzo y las cervezas

- Puede ser no? Un ratito para descansar, de paso que descanso los pies pues me están matando…

- Entonces vamos, de paso le doy un masaje a los pies mientras ud. descansa.

Mi suegra accedió a entrar pues “solamente” dormiríamos un rato de paso que se nos pasaba los efectos de la cerveza. Sin embargo, mientras mi suegra iba subiendo a la habitación, pedí en recepción que me llevaran 2 cervezas más a la habitación.

Entramos a la habitación y lo primero que hizo mi suegra fue quitarse los zapatos. Que delicia para mi fue ver sus pies envueltos en unas medias pantys negras. Se arrecostò en la cama y se soltó el botón del pantalón pues le apretaba mucho. Al rato llamaron a la puerta trayendo las cervezas que pedí:

- Suegrita, mire, cortesía de la casa

- Mentiroso, seguro tu las has pedido no? Te pasas…me quieres dar más trago?

- No, nada de eso, lo que pasa es que hace mucho calor, serán para refrescarnos. Vaya ud. tomando mientras yo me doy una ducha, o quiere ud. también bañarse?

- Ya me bañé en la mañana…o no recuerdas?

- Claro que lo recuerdo, y muy bien suegrita. Mas bien…no vaya ser ahora que ud abra la puerta sin avisar

- No te preocupes…que yo antes de entrar toco la puerta

- Ok, entonces si quiere entrar me toca la puerta para abrirla..

Ya eran demasiadas frases en doble sentido entre los dos, por lo que decidí dar el primer paso en mi camino a encamarme con mi suegra:

- Suegrita, verdad, ud. quería unos masajes en los pies cierto…?

- Sí, me prometiste…así que antes de que entres a la ducha dame mis masajes…

Terminado el segundo vaso de cerveza me senté en la cama y puse sus pies sobre mis piernas. Suavemente los fui acariciando, tratando de no hacerle cosquillas y terminar de esa forma con su excitación. Podía notar en su rostro el placer que le estaba dando. Después de unos minutos tome valor y, de forma coqueta, lleve sus pies hacia mi rostro, los olí, los bese. Mi suegra, con cara de satisfacción, veía como su yerno se comportaba de forma sumisa ante ella, literalmente, me tenía a sus pies.

Los besaba, la lamia, acariciaba mi rostro con ellos. Quise servirme un nuevo vaso de cerveza pero tontamente lo derrame sobre sus piernas. La cerveza helada hizo que se estremeciera un poco, por lo que le sugerí que se quitara el pantalón ya que la humedad le haría daño. Mi suegra lentamente se fue quitando el pantalón. Un calzón de vieja, de esos antiguos, grandes y antieroticos, me dio la bienvenida. Era una locura. Mi suegra, semidesnuda y mareada por el licor, echada en una cama, frente a mi, completamente entregada al placer que le daban mis manos. Así que no aguante. Ella seguía echada en la cama. Me quite también el pantalón, me miró y le dije:

- Es para estar igual que ud. suegrita. Para que estemos cómodos los 2, además que hace mucho calor

- Está bien Cesítar, ponte cómodo tú también.

- Cierre los ojos que le daré unos masajes para que se relaje y disfrute.

No respondió. Le pedí que se diera vuelta, que se echara boca abajo en la cama. Saque mi pene con la finalidad de darle unos masajes a mi pene con sus pies. Tuve que detenerme pues sentía que se me venía un chorro descomunal. Poco a poco mis caricias empezaron a subir pos sus muslos, llegando al límite de sus nalgas.

- Suegrita, la noto tensa, quiere que le de unos masajes relajantes en la espalda?

- Claro, haz lo que tú creas que sea necesario.

Para poder darle esos masajes tuve que apoyarme sobre su trasero. Mi pene prácticamente encajaba entre sus nalgas, muy cercano también a su vulva. Solo un miserable calzón de vieja impedía que sobara esas carnes arrugadas, esa vagina maltrecha y peluda. Los masajes hicieron efecto. Bastaron unos minutos para sentir que mi suegra estaba roncando.

Mantuve el ritmo de los masajes y comprobé que mi suegra había entrado en un sueño profundo. Era lo que necesitaba. Lentamente, y con mucho cuidado, fui bajando la trusa de mi suegra, volviendo a tener frente a mi, esa concha que hacia unas horas causaron este loco deseo de poseer a la madre de mi esposa.

Mi pene parecía que tenía vida. Sentía como saltaba hacia la vagina de mi suegra. Lo cogí y empecé a sobarlo en su vulva, como si fuera un pintor pasando su brocha por la pared.

Con un poco de esfuerzo le abrí las piernas a mi suegra un poco mas pues no dejaría pasar la oportunidad de lamer una vagina tan diferente a las que había estado acostumbrado. Así mismo, aproveche a lamer su ano, un ano que, definitivamente, no había sido penetrado en alguna oportunidad. Unas buenas lamidas a sus dos orificios hubiesen sido suficiente para mi, pero…tenerla allí tan vulnerable cegaron mis intenciones de detenerme.

Esta vez el esfuerzo que hice tenía como objetivo poner boca arriba a mi suegra. Por más que frotaba sus labios vaginales, su clítoris, no podía conseguir que su vulva se humedeciera, Tal vez la edad, o la insensibilidad impedían que sus flujos salieran y dieran la humedad que necesitaba para poder penetrarla. Por más que colocaba la cabeza de mi pene en la entrada de su vagina me era imposible penetrarla. Creo que influía también el hecho de que, creo yo, eran por lo menos 18 años sin actividad sexual. Unte mi mano con saliva a fin de poder darle humedad. Era una delicia saber que tenia frente a mi la vagina en la que mi suegro había procreado a mi esposa, la vagina de donde habían salido mi esposa y sus hermanos. Un poco más de esfuerzo y había logrado ya que, por lo menos, 5 cm de mi pene estuvieran dentro de mi suegra. El mete y saca pausado y con calma estaban consiguiendo su objetivo. Los movimientos tenían que ser muy ligeros. Me carcomía la idea de eyacular en su interior. Qué locura…dejar mi semen allí mismo donde mi suegro lo había dejado!. Poco a poco empecé a sentir mi pene más húmedo de lo que había estado. Sentí ligeros movimientos pélvicos de mi suegra a pesar de su inconsciencia. Un suave gemido me revelaron que lo que estaba ocurriendo en la vida real, ella lo había llevado a sus sueños y se habían mezclado las imágenes oníricas con el real goce carnal que le estaba dando. Faltaba poco para que expulse el chorro de leche que tenía guardado de hacía varios días. El rostro de mi suegra iba tomando formas distintas, el gemido se hizo más claro y, entre sueños, escuche como mi suegra balbuceaba mi nombre:

- Cesar…Cesar…ahhh…Cesar…

Con esas palabras alcance el clímax total. Mi leche salió expulsada con una fuerza descomunal. No quería sacar mi pene de esa vagina tan cálida y maternal que había inundado mi semen. Me aseguré de haber expulsado hasta la última gota, saque mi pene y me limpie con la sabana de la cama. Veía como la leche empezaba a salir de su vagina, cogí un poco con mis dedos y lo lleve hacia su boca. Humedecí sus labios para que cuando despertara, sintiera ese sabor tan mío, tan de hombre que su hija desde hace muchos años disfrutaba. Me fui al baño a traer papel y limpiarle la vagina. Seque los rastros de semen que tenía en chorreando por sus labios vaginales. Le volví a colocar la trusa que tenia puesta y la tape con una sabana, como si hubiese llegado a la habitación simplemente a dormir.

Me bañe y al salir simplemente me arrecostè en un sillón que había en la habitación, con la finalidad de que cuando ella despertara, pensara que había dormido sola en la cama y pensara que la había respetado.

Tuve que esperar una hora para que diera las primeras señales de vida. Abrió los ojos y me encontró sentado en el sillón viendo la tele.

- Buenas tardes – me dijo – Que paso?

- Buenas tardes suegrita, por fin se despierta, ya está mejor?

- Mejor, por qué?

- Es que creo que la cerveza la mareó, subimos a descansar un rato y vaya que descansó, se quedó dormida ni bien entramos.

- Y tú no has dormido?

- No, como cree, le di unos masajes a los pies, y cuando vi que se quedó dormida, la deje allí y me vine a sentarme a ver la tele.

- Pero pobrecito…como te has quedado allí tan incomodo…que hora es?

- Son las 3:00 pm

- Entonces todavía tenemos tiempo no? Felizmente vinimos temprano, quedémonos un rato mas pero ahora ven aquí, échate conmigo para que tu también descanses

- En serio suegrita? No quiero que ud. piense mal después, como me voy a echar en la misma cama con ud.?

- Ven échate aquí conmigo y vamos a ver televisión un rato y en una hora nos vamos

Me eche a su lado a ver televisión. Fui cambiando los canales hasta que llegue al canal porno. Me detuve allí y vi como mi suegra le prestaba atención a las imágenes.

- Disculpe suegrita, creo que mejor cambio de canal.

- No, déjalo allí, esta interesante. No sabía qué cosas como esas se podían hacer.

- Bueno, pero las porno tampoco tienen mucho de cierto. Esas poses son casi imposibles para las personas normales, y tampoco es que se dure tanto como ellos.

- Mmm…veo que sabes mucho de eso.

- Bueno…este…si…no?

- Y te gusta ver porno?

- La verdad…si, y tengo un genero en especial.

- Así…cual es?

- Me gustan las porno de maduras…de señoras mayores de 40 años

- Hay porno de maduras?

- Si…claro que si, para mi son las mejores…es como ver a la mama de tu amigo, o a tu profesora, o hasta…- me quede en silencio

- Hasta…hasta qué?

- Bueno…es como poder ver hasta a la mama de tu pareja…

- O sea…es como verme a mí? Has visto alguna porno con una mujer como yo?

- Bueno…así como ud…no. Pero si quiere…podemos filmar una…jajaja

Este último comentario si bien fue muy directo y atrevido, tenía la intención de o ponerle fin a la conversación si es que mi suegra se sentía ofendida, o…de iniciar un nuevo nivel de intimidad y confianza entre nosotros.

- Y tú crees que haría una porno contigo? Eso significaría que tendría que acostarme contigo…

- Claro…tiene razón, como se me ocurre eso…

- Claro, esas cosas no pasan entre suegra y yerno

- Si, tiene razón…esas cosas no pasan en la vida real…solo pasan en los sueños…verdad?

Su rostro cambió de expresión cuando solté ese último comentario. Parecía una chica traviesa que se había visto descubierta en plena travesura.

- Por allí me pareció escuchar mi nombre mientras ud. dormía…

- Tu nombre? Yo?. Este…te debes de haber equivocado…

- Si debe ser…o tal vez haya sido algo que sintió en sus sueños…algo que le pareció muy real…

Mi suegra se sintió descubierta, pero, lo que no sabía era que su sueño había sido realidad. Solo me quedo apelar a la sinceridad y decirle:

- Suegrita, perdóneme pero…mientras ud. se quedo dormida, me aproveche y le hice algunas cosas que creo ud. las sintió en sus sueños.

- Quieres decir que…que me penetraste…que me hiciste el amor mientras dormía?

- Este…si…si, no le puedo ocultar la verdad…me aproveche de ud., la penetre mientras dormía, incluso termine dentro de ud.

- Eyaculaste dentro de mí? Me dejaste tu semen?

- Si suegrita…así es

Quedamos en silencio por unos segundos y mi suegra respondió:

- Con razón mi sueño lo sentí tan real…en verdad hasta lo había disfrutado.

- Bueno, trate de hacerlo con mucho cuidado, con mucho cariño, pues la verdad ud. es madre de mi esposa, y si lo hice es porque la quiero, la quiero mucho y pensé que tal vez esta sería una forma de demostrarle mi cariño

- Te agradezco y además..ya está hecho, solo que hay algo que no me gusta de todo esto…

- Qué cosa?

- Que no haya sido consiente de cada cosa que me hiciste.

- Bueno, si quiere…estoy dispuesto a repetir lo que le hice, y hacerle muchas otras cosas más.

Me incline sobre ella y la empecé a besar. Su lengua recibió la mía. Quite las sabanas de la cama para tener más comodidad. La besaba y besaba. Empecé a besarle los senos, esos senos pequeños y caídos, pero con unos pezones marrones, casi negros, carnosos y que pedían ser succionados.

Seguí bajando por su cuerpo y llegue a su vagina, esa vagina que ya había disfrutados unas horas antes y en la que sentí mezclado el sabor de mi semen y de sus jugos vaginales. Era un sabor delicioso.

En compensación a esa rica lamida de vagina que le di, busque que mi suegra se sentara en la cama y me pare delante de ella, colocando mi pene a la altura de su rostro, muy cerca de su boca. Me percate inmediatamente que mi suegra nunca había metido un pene a su boca pues levanto la mirada hacia mi como preguntándome “que hago?”

Cogí su mano e hice que cogiera mi polla. Parecía una chica con juguete nuevo pues lo miraba con ternura y admiración. Una tímida paja me puso a mil. Sobaba y sobaba mi pene y me resultaba difícil aguantar eyacular. Le pedí que se detuviera y aproveche para restregar mi pene con sus senos, con su cara, hasta que por fin abrió la boca y lo empezó a chupar.

Era una de las pocas cosas que me faltaban ya que mientras dormía ya había conseguido lamer su vagina y su ano, así como penetrarla.

Su sexo oral era muy tosco. Sentía como sus dientes más de una vez raspaban mi pene.

- Suegrita, ud. nunca había hecho esto?

- Hacer qué? Te refieres a…meterlo en mi boca?

- Claro, nunca se la había chupado a mi suegro?

- No, nunca…me parecía algo asqueroso, su pene era horrible, en cambio el tuyo es lindo, es muy bonito y provoca chuparlo.

- Siga chupando entonces suegra…siga chupando que en un rato va a salir la lechecita…quiete tomar leche?

- No…que asco…como voy a hacer eso?

- Pero por que dice eso?. Sabe una cosa, Mariela (mi esposa, por lo tanto, su hija) adora mi leche. Le gusta muchísimo. Cada vez que puede, mientras vemos televisión, me la chupa hasta sacarme toda la leche.

Mientras decía estas palabras ella seguía chupándolo. Era excitante verla sentada, vestida solo con sus pantys, cogiendo con su mano mi pene por el inicio y metiendo el resto en su boca.

Le pedí que se detuviera. Esta vez la acomode en la cama cogiéndola de sus piernas. La acomode al borde de la cama de forma que sus piernas quedaban en el aire, colocándolas sobre mis hombros para poder tener una buena capacidad de penetración. La primera metida quedo a medio camino pues esta vez la posición hizo que su vagina recibiera mi pene casi por completo.

- Ay, cuidado…me está doliendo!

- Perdón suegrita, voy a empezar a meterlo despacito…ud. avíseme si le duele.

- Sí, me duele un poco…

- Sabe, la primera vez que lo hice con Mariela fue igual. Ella ya no era virgen, pero era más de un año sin relaciones, su vagina se había estrechado. Ud. cuanto tiempo que no lo hace.

- No recuerdo, ya son muchos años que no lo recuerdo. Dijiste que mi hija no era virgen?

- Bueno…si, ya no era virgen.

- Cuanto lo siento entonces.

- No se preocupe, estamos en otras épocas.

Poco a poco su vagina se fue dilatando y recibía con más cariño a mi pene. Ya se había acostumbrado al movimiento frenético del vaivén sexual que le daba. Fueron varios minutos, varias poses. En misionero, en perrito, de costado. La volví a poner en misionero pues quería ver su rostro cuando llegara al orgasmo. Poco a poco su rostro comenzó a cambiar de expresión y en pocos segundos sus gemidos me hicieron recordar a mi esposa. Mi suegra se desesperaba por el placer que estaba experimentando. Sentía la humedad de su vagina pero yo aun no había terminado. Retire mi pene y, así húmedo por sus jugos lo coloque en su boca para que disfrutara su sabor, ese sabor que se parecía mucho al de su hija y que me encantaba.

Metió mi pene nuevamente en su boca y en cuestión de segundos esta se lleno de mi semen, un semen cargado y caliente que por lo abundante empezó a dibujar hilos que corrían por la comisura de sus labios.

Saque mi pene y vi su boca inundada de mi leche, y ella me miraba con cara de “que hago”.

- Tómese la leche señora.

Movió la cabeza de lado a lado indicando su negativa. No sabía qué hacer

- Suegra, tómeselo, es rico. A Mariela le encanta la leche.

Me acerque donde ella…y, como queriéndola besar, saque mi lengua y lamí sus labios de forma que era esta vez yo quien probaba su propio sabor.

Esa acción ayudo a que tomara confianza y, por fin, lo hizo. Mi suegra había tragado mi semen.

Rendidos por el cansancio nos quedamos dormidos. Una hora después nos despertamos. Tenía una erección que fue aprovechada nuevamente por mi suegra, quien ni corta ni perezosa fue esta vez ella quien subió a cabalgar sobre mi pene, moviéndose de la misma forma en que mi esposa se movía.

Terminamos, nos bañamos rápidamente y salimos del hotel. El viaje a casa lo hicimos en silencio. Llegamos a la casa, deje las compras en su casa y subí a mi departamento. No pasaron ni 18 minutos y mi esposa llego a la casa. Cruzo algunas palabras con su mama, subió al departamento, comimos algo ligero, nos fuimos al dormitorio y nos acostamos en la cama.

- Amor, quieres hacer cositas? – me dijo

- Uy amor, la verdad estoy muy cansado por todo lo que hice con tu mama esta tarde

- Si me conto todo lo que hicieron

- Te lo conto?

- Claro, todas las cosas que compraron, el calor que hacía, el almuerzo, el viaje…pobre mi gordito, tu descansa no mas

- Gracias por entenderme amor

- Mas bien, me dijo mi mama que te dijera que mañana quiere regresar a Lima a comprar algunas cosas que se olvido, así que prepárate que te sacara el jugo otra vez (si supiera que lo que en realidad me saco…fue la leche)

21/03/2011 Por: pechoscalientes


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