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Relatos Eroticos / Mi amiga es muy fogosa

Mi amiga es muy fogosa

Por: Nikita
Todo comenzó hace seis meses, cuando entre a estudiar la carrera de contaduría. Debido a mis ocupaciones, tomé la decisión de estudiar los sábados, siendo en aquellos días de agosto mi primer día de clases. Llegué tranquilamente, con la única intención de que el tiempo transcurriera velozmente, de tal manera que el día no se convirtiera en un calvario. No tuve intenciones de reparar en mis compañeros, no me preocupaba no hacer amistades, veía mi paso por la universidad abierta como un requisito para el logro de algunos objetivos que me había propuesto.

Así pasaron los dos primeros sábados, nada sobresaliente, todo era normal, monótono, y, por qué no, perfecto. Antes que nada, debo admitir que desde el primer día, una de mis compañeras había llamado mi atención. Por el grupo de amigas con el que estaba, llegué a pensar que probablemente estaría rozando los 30 años, cosa que después supe no era verdad.

Su nombre era Selma, y en fin, me llamó la atención, pero todo quedó en eso. Ya se cumplía el mes del inicio de clases, y seguía firme en mi intención de no tener más conversaciones que las que fueran necesarias. En uno de los recesos que teníamos entre clases, salí del salón, cual mi costumbre, a fumar un cigarro. Estaba en el corredor, y veía como mis compañeros de clase se juntaban en pequeños grupos a platicar sobre asuntos banales y superfluos. Estaba tan absorto en mis ideas, que no me percaté que alguien se me acercaba por un costado.

– ¡Hola! Tú eres Josh, ¿verdad? – Cuando volteé, no pude contener mi sorpresa al ver que se trataba de Selma. –Sí… hola. ¿Tú eres…? – hice como que no sabía su nombre, esperando una reacción en ella. – Me llamo Selma… ¿tienes una pastelería verdad?- Para esas fechas, tenía junto con mi esposa, una pastelería en el centro de la ciudad, y como apenas estábamos instalándola, no teníamos empleada, razón por la cual yo atendía. –si… ¿cómo sabes? – le pregunté. -Es que te vi… el otro día pasé por ahí… y te reconocí.

Seguimos platicando un rato, hasta que apareció el maestro de turno, nos despedimos y entramos a tomar la clase. Así fue como conocí a Selma. Al paso de las semanas, nos fuimos haciendo amigos. Para esas fechas, ya había dejado atrás mi antipatía inicial, y tenía un grupo de amistades. Obviamente, mi mejor amiga en aquella escuela era Selma, ya que aparte de que fue la primera persona que me habló, sentía cierta atracción hacia ella. Los sábados me iba a comer con mis compañeros de universidad, razón por la cual me ausentaba de mi casa desde las 7 de la mañana hasta las 18 de la noche.

Poco a poco, los sábados se fueron convirtiendo en mis días favoritos, ya que toda la semana me la pasaba deseando ver a Selma. Siguió pasando el tiempo, y nuestra amistad se hacía más fuerte. Nos veíamos entre semana con el pretexto de las tareas, siempre con nuestro grupo de amigos. Sin embargo, era obvio que nosotros teníamos algo, ya que a veces era sorprendente la manera en que estábamos conectados. Y es verdad, incluso yo mismo me sorprendía, de que a veces pensábamos y decíamos lo mismo, nos reíamos solos de cosas que solo nosotros entendíamos, hacíamos todo juntos… en fin, yo supongo que más que uno se habría dado cuenta de que entre nosotros existía cierta química.

Cada día que pasaba, en mi crecía cada vez más la necesidad de verla, de estar con ella. Ella sabía que yo era casado, y siempre respetó esa condición. Sin embargo, yo ya no podía contenerme, y buscaba cualquier pretexto para hablarle, para estar con ella. Nos escribíamos casi a diario, le daba el raid a su casa, le hablaba a su celular. En mi mente, me hacia la idea de que ella también me veía como algo más que un amigo, pero no estaba seguro de ello… quería creerlo.

Para esto el año ya llegaba a su fin, y vendrían las vacaciones decembrinas. Yo ya no podía contenerme, y cada vez me era más difícil estar junto a ella sin poder tocarla, buscaba cualquier pretexto para sentir su piel junto a la mía. Lo que más me intrigaba es que ella siempre me seguía el juego. Finalmente, llegó el último día de clases. Se organizó una taquiza y estuvimos un rato en eso, cuando a alguien se le ocurre decir: - ¡Todos a casa de Mónica! vamos a seguir la fiesta!

En un principio la idea no me pareció muy buena, pero Selma logró convencerme y fuimos a casa de Mony. Cuando llegamos la fiesta ya estaba en su apogeo, todo el mundo bailando y con su copa en la mano. Llegamos Selma, otros amigos y yo. Recién llegamos nos acomodamos en unas sillas, mientras nos servíamos unos tragos. En eso, a alguien se le ocurre sacarme a bailar, y tuve que aceptar.

Selma y los demás siguieron el ejemplo y en un ratito ya estábamos todos bailando alegremente. Con el ritmo de la música, y en lo que unos se sentaban y otros se iban, quedamos bailando ella y yo como pareja. La música, el alcohol y el estar en un ambiente de confianza, nos quitó un poco las inhibiciones y empezamos a bailar más pegados. Yo siempre respeté su distancia, y ella siempre con el recuerdo de que yo era un hombre casado.

Sin darnos cuenta, nuestras manos dejaron de obedecer a nuestros cerebros, y cualquier pretexto era bueno para tocarnos, para sentirnos juntos. Sin darme cuenta, la abrace, y tome su rostro con mis dos manos, como si fuera a besarla, en ese momento, tomé conciencia de lo que estaba haciendo y me alejé.

Se que ella lo deseaba tanto como yo, ya que nunca hizo nada por apartarse, pero al verme entendió que nos habíamos dejado llevar por la situación. Nos sentamos y pretendimos que nada había pasado. Después de un rato, salimos de la fiesta y nos fuimos, con nuestros amigos, a tomar un café. Ese día ya no intenté nada, sabía que cualquier situación a solas con ella iba a desencadenar en algo que quizá luego no podría detener, y no me sentía preparado para ello.

Como teníamos tareas pendientes para el regreso de vacaciones, quedamos en vernos en el transcurso de la semana. Nos reunimos en casa de Selma, todo transcurrió normal, como siempre. Cuando ya decidimos irnos, traté de quedarme hasta lo último con ella, de tal manera que solo estuviéramos ella y yo.

Salimos a despedir a los demás, sin embargo, una amiga, Gabby, se quedó platicando un buen rato más con nosotros, como esperando a que me fuera, razón por la cual decidí irme y no levantar sospechas. Gabby es una amiga de la universidad, divorciada, a la que su marido engañó, y quien tengo la sospecha que ya sabe que entre Selma y yo hay algo, y que supongo que ese día se dio cuenta de lo que podía pasar e intentó evitarlo. ¿Por qué? Solo ella lo sabe, aunque el hecho de que a ella su marido la haya engañado, y sabiendo que estoy casado y que tengo una bebe, supongo que ese fue su móvil.

De cualquier manera, al día siguiente, fui a ver a Selma a su casa con el pretexto de llevarle unas copias, para mi mala suerte, me encontré a un amigo que se me pegó y me acompañó a verla. Pasamos por Sel, como le digo de cariño, y fuimos a ver lo de la tarea. Pasamos a casa de Gabby a dejarle unos apuntes. Nos quedamos un rato en casa de Silvia, y Daniel, el amigo que se nos había pegado, se fue aburrido por que no le hacíamos caso. Selma me dijo que si íbamos a cenar, y yo acepté (de tonto le digo que no), sin embargo, como estábamos con Gabby, la tuvimos que invitar, por lo que nuevamente no se nos hizo quedar solos. Fuimos a cenar, y estuvimos platicando un rato, como yo tenía que ir a atender lo de mi negocio, nos salimos temprano y fuimos a dejar a Silvia.

Le pedí a Selma que me acompañara, que ya se me había hecho tarde. Ella me dijo que si, mientras mis manos buscaban desesperadamente rasgarle la blusa. La acaricié toda, recorrí sus muslos, abultados, preciosos, mis manos subieron por su culo, enorme, apetecible, aquel culo con el que tantas veces había soñado y que me volvía loco.

Le comencé a quitar la blusa, ella levantó los brazos, y cuando le pude quitar la blusa, pude ver finalmente aquel par de tetas, cubiertas por un bra de media copa, con encajes, color negro… mientras hacía esto, ella se pegaba a mi, como si quisiera que nuestros cuerpos se volvieran uno solo, me acariciaba la espalda por debajo de la camisa y bajaba hasta mi culo… yo le desabrochaba el bra, y pude ver esas dos tetas preciosas, blancas, con unos pezones que parecía que se le desprendían de lo parados que los tenía…

No pude más y bajé mi cabeza para besárselos, se los chupé frenéticamente, se los mordisqueaba, se los jalaba, quería arrancárselos, ella solo emitía leves gemidos. En eso, ella desabrochó mi pantalón, y sin quitarme el bóxer empezó a jugarme el pene, delicadamente, como si fuera una delicada figura de cristal… yo no cabía en placer, sentía que estaba en la gloria. Como pude, le quité el pantalón, dejándola solo en tanga, con una mano le apartaba la tanga mientras con la otra le acariciaba ese culo que tantas veces me sirvió de inspiración para masturbarme.

Ella comenzó a bajarme el bóxer, mi pene se levantaba erguido como un asta apuntando hacia el firmamento, lo siguió acariciando, sus manos bajaban a mis huevos, los acariciaba también, jugaba con mis vellos. Me agache para quitarle la tanga, se la baje a los tobillos, ella levantó una pierna para sacársela, y entonces tuve la visión de su sexo, peludito, mojado, que inundó el ambiente de ese olor a pasión, a excitación, que tienen las mujeres cuando están que explotan…

Empecé a acariciar sus piernas con mis manos, mientras mi boca buscaba la entrada de su sexo… ella abría las piernas, sin decir nada… solo deseaba ser poseída por mi lengua. Hincado como estaba, ella prácticamente se sentó sobre mi cabeza, permitiéndome penetrarla con la lengua, sus gemidos eran cada vez más fuertes, cuando sentí que estaba a punto de explotar, me paré, la levanté y la puse sobre una mesa, ella abrió sus piernas y se entregó completamente a mi.

Levanté sus piernas y le dejé ir toda la furia de mi pene, nuestros movimientos eran violentos, ella solo gemía sobre la mesa, empecé a embestirla con más fuerza, sabiendo que no tardaba en venirme… ella dejó de gemir para empezar a gritar, echó la cabeza para atrás, y terminó en un sonoro orgasmo, mientras que yo, con todo lo que estaba pasando, no pude más, y me vine dentro de ella… quedamos así un momento, mientras la besaba y no dejaba de acariciarla… ella parecía estar en otro mundo, tenía la mirada perdida y sus piernas temblaban.

Como pudimos nos paramos y nos arreglamos. Me dijo que tenía que ir a su casa, porque no había avisado que iba a llegar tarde. Ya en el carro le dije: - Ya no podía contenerme más… era una necesidad que necesitaba satisfacer.- Ella sonrió y agarrándome la mano me dijo: -Esto es solo el principio.

Añadido el 27 de Septiembre de 2008

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