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Mi vecina linda

Hasta no hace poco, me encontraba casado, en ocasiones me preguntaba a mi mismo ¿Qué diablos había hecho yo, para merecer tal castigo divino? Ya que para mi desdicha, después de varios años de casado, de la noche a la mañana, a mi esposa le dieron unos fuertes ataques de celos, lo peor de todo es que no tenía razón o motivo alguno, para pensar o actuar de esa manera. Al punto que en más de una ocasión la encontré oliendo mi ropa, incluso hasta mis interiores, buscando evidencia de algo que nunca había pasado. Lo cierto es que la situación, en ocasiones era bastante insoportable.

Para colmo de males, debido a su manera de actuar, perdimos varias amistades, ya que desde la lógica de mi mujer, si yo no le era infiel con alguna de sus amigas o las esposas de nuestros conocidos, pronto lo sería ya que todas ellas no hacían otra cosa que tratar de seducirme. Incluso, hasta una muy mayor conocida nuestra, que era viuda y que fácilmente me doblaba la edad. Pero debido a una de esas indiscreciones de mi mujer, me enteré que Ana una de sus amigas, fácilmente se iba a la cama con aquel hombre que la tratase mal, no es que le gustase que le dieran, no nada de eso. Ana se volvía loca por los hombres de vocabulario vulgar y grosero, los que según Ana, llaman al vino, vino y al coño, coño.

También me enteré que Linda nuestra vecina, engañaba a su marido con los tipos que se detenían en la carretera a prestarle ayuda, cuando su auto se accidentaba, cosa que al ponerle atención, me di cuenta que era algo, muy seguido. Además también me enteré que Julia, una de sus más íntimas amigas, que felizmente estaba casada con el primo de mi mujer, tenía dos amantes y buscaba a un tercero con desesperación, la única condición era que fuera un hombre serio y muy discreto.

La verdad es que al principio, no le puse atención a esos enfermizos comentarios de mi esposa. Pero sus ataques de celos, la llevaban a molestarse tanto conmigo que su manera de castigarme, me imagino yo. Era negándose a que tuviéramos relaciones, al punto que muy a pesar mío, pasaba hasta más de un mes sin que aceptase que yo la tocara, mucho menos que tuviéramos relaciones. Fue cuando antes de salir de mí casa, me di cuenta de que Linda tenía la tapa del motor de su auto, abierto. En esos momentos pensaba ir a visitar a mi padre, el cual mi esposa no pasa, por haberse divorciado de mi madre, ya que el viejo preñó a una chica y después de casi cuarenta años, tengo un hermanito menor de un año, que para más es la misma cara del viejo.

Bueno pero volviendo a Linda, noté que trasteaba algo en el motor, después se montó en el auto y arrancó. Como de costumbre al decirle a mi mujer que visitaría al viejo, poco le faltó para mandarme al carajo. Por lo que me fui solo a realizar la visita, pero en el camino vi el auto de Linda que tomaba una pequeña carretera rural, que se dirige a un pequeño poblado y luego a un bosque. De momento como que me dieron ganas de ver si era cierto lo que mi mujer me decía, por lo que también tomé la misma carretera, dejando cierta distancia entre su auto y el mío. Ya había pasado el poblado y estaba a punto de regresar, cuando vi el 750 BMW de color negro de Linda a un lado de la carretera, con el cofre del motor abierto y ella a un lado de su auto observándolo como cuando uno no sabe que hacer.

Al principio ella no reconoció mi auto, pero al verme bajar, me di cuenta por la cara que puso que pensó que su plan se había ido a tierra. Yo actuando de lo más natural que pude, como quien no esta al tanto de su juego, de inmediato me dispuse ayudarla, ella trataba por todos los medios de que marchase, diciendo que de seguro pasaría alguien que supiera algo de mecánica para ayudarla, que no me ensuciara las manos y otras cosas más, pero al revisar por encima el motor me di cuenta que simplemente le había desconectado uno de los cables de la ignición.

Aunque me tomé mi tiempo, tocando aquí y haya, finalmente hice que el auto arrancase. Cuando Linda escuchó el rugir de su motor, su rostro cambió completamente y reflejando una alegría algo exagerada, me preguntó como podía pagarme el favor. Fue cuando le dije que como ella quisiera, siempre y cuando mi mujer no se enterase. Al escuchar mis palabras, en su bello rostro se reflejó una picara sonrisa, a la que respondí con otra de complicidad. Mientras tomaba una de sus manos y acerqué mi cuerpo al suyo.

Sin darle oportunidad de inmediato, le planté un ardiente beso en su boca y mi lengua buscó la suya, casi de inmediato sentí una de sus manos que me agarraba los cojones por encima de la tela de mi pantalón. Linda en ese instante me preguntó ¿Tu auto o el mío? Como estábamos al lado del suyo le respondí que el de ella, además los asientos traseros de su auto son más amplios que el mi Fiat.

En cosa de segundos nos seguimos besando, mientras que linda con una agilidad tremenda se ha quitado el vestido, sin tener más ropa abajo, por lo que quedó del todo desnuda y recostada en el asiento trasero de su auto. Los besos que nos dimos fueron más que suficientes para que yo me excitase, extraje mi verga de mi pantalón y separando las piernas de mi vecina, me disponía a penetrarla. Cuando vi su coño completamente abierto ante mí.

A diferencia de mi mujer, Linda tiene su coño totalmente depilado, por lo que podía ver lo rozado de su piel, los finos labios de su vagina y hasta lo húmedo de su sonrosado clítoris. Fue tal la impresión que recibí, que no pude aguantar las ganas de ponérmelo a mamar, en ese mismo instante. Coloqué mis manos sobre sus rodillas y separé un poco más sus piernas, ante la sorpresa de Linda dirigí mi boca directamente su rozada vulva. Por medio de mi nariz recibí todo el aroma de verdadera mujer que emanaba de su coño, lo que me excitó aun más todavía. Casi inmediatamente mis labios y mi lengua entraron en contacto con su coño, sentí como todo el cuerpo de Linda se cimbró, al momento en que con mi lengua comencé a lamerla.

Sus manos de inmediato las colocó sobre mi cabeza, restregándosela contra su coño a medida que se lo chupaba, lamía y mamaba insistentemente. Sus gemidos eran como música a mis oídos, tenía mucho tiempo que no me sentía de esa manera, al momento de tener una mujer o mejor dicho a mi mujer en mis brazos. Linda además movía sus caderas con tal energía, que tras de darle una buena mamada, decidí penetrarla.

Era la primera vez en mi vida, que le era infiel a mi mujer y con nuestra vecina para colmo. Situación que me excitó más aún, a medida que introducía mi verga dentro de su caliente coño. Linda movía sus caderas como toda una puta profesional, tan diferente, a la panela de hielo con la que yo tenía en casa. Era tal nuestra excitación que ni cuenta nos dimos que nos estaban observando,

Los gemidos de Linda me seguían sonando, como toda una sinfónica en mis oídos, todo el auto por dentro tenía un rico aroma al sexo salvaje, que manteníamos dentro. Linda me apretaba con sus piernas alrededor de mi cuerpo, mientras que sus uñas, me las clavaba en la espalda. Yo metía y sacaba mi verga de su divino coño, cuando después de un buen rato, ambos alcanzamos el clímax más tremendo que hasta esos momentos tenía memoria. Cuando después de unos cuantos minutos, que reposamos uno al lado del otro, al sentarnos nos dimos cuenta que un par de policías nos observaban, yo de inmediato como pude guardé mi verga dentro del pantalón, mientras que Linda muerta de vergüenza trataba de vestirse de manera apresurada.

Apenas pude salí del BMW y sin saber que decir me acerqué a los guardias, quienes me miraban de una manera que lejos de causarme temor, me sentí como que casi me felicitasen. El de mayor edad dejando escapar una ligera sonrisa dijo, caballero usted entenderá que este no es el lugar adecuado para eso, pero por hoy nos haremos de la vista gorda, así que apenas puedan retínense y para la próxima busquen un motel o cualquier otro lugar menos público. Yo no se ni como les pude dar las gracias y de inmediato que ellos arrancaron Linda se pasó al frente de su auto, le expliqué lo que me habían dicho los guardias y nos dimos otro embriagante beso, antes de que se marchase quedamos en volver a vernos, pero a solas.

Antes de llegar a casa, pasé por casa de mi padre, me di un buen baño, después me puse a jugar un rato con mi hermanito, hasta que consideré que ya estaba lo suficientemente sudado. Al regresar a casa, mi mujer me ladró, perdón quiero decir que me habló, preguntándome que había hecho, cuando le dije que había estado jugando con el crío, no quiso saber más nada.

Desde esa fecha comencé a tener más y más relaciones con Linda, hasta dentro de su casa y en su propia cama. Con el tiempo, también tuve mis encuentros con Ana y Julia, pero bien diferentes a los que he seguido teniendo con Linda. De mi mujer, un día que me vino con la misma canción de siempre, sin pensarlo mucho la mandé al carajo. Al siguiente día fui yo quien puso la demanda de divorcio, por mal trato cruel y psicológico, si hubieran visto la cara de ella después de que el Juez formalizó nuestro divorcio.

29/07/2008 Por: Nikita


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