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Mi vecino y su pedido

Lo cuento porque es una experiencia para mi totalmente inesperada como seguramente lo sería para cualquier mujer que hace su vida normal de casada sin sobresaltos y que de pronto se ve superada por hechos reales que la obligan a apreciar las cosas desde otro punto de vista.

Tengo 35 años me casé hace cinco y no tengo hijos. Mi esposo es un hombre afable y cariñoso que se lleva bien con todo el mundo. Hasta ese día habíamos sido muy felices y la verdad lo seguimos siendo también después de ese día, pero eso es justamente lo insólito.

Ese día de verano invitaba a ir a la playa, que aquí esta muy cerca, pero habíamos decidido quedarnos en casa ya que mi marido quería llevar el coche a revisión técnica y yo me afanaría en hacer algunos arreglos en el jardín. Así, cerca del mediodía me encontraba en medio de mis plantas, sudorosa bajo el efecto de los rayos del sol cuando escuché la voz de mi vecino llamándome desde la reja.

Él es un hombre de la misma edad de mi marido de carácter apacible respetuoso y muy alegre. A menudo tenemos cortas conversaciones sobre cosas triviales que nos ayuda a llevar una buena relación de vecinos. Cuando me acerqué a la reja, él me sonreía de modo que yo lo saludé afablemente como todas las veces. Fue después de ese saludo que él acercándose más, siempre por el otro lado de la reja me dijo sin ningún preámbulo.

- Haydee, hoy estás más linda que nunca, quiero pedirte que uno de estos días me dejes hacerte al amor por el culo.

Para mí, fue como escuchar el sonido de un cañonazo. La sorpresa y la indignación me hicieron hervir de rabia y de desprecio por ese insulto sin limites, pero no me paralicé en absoluto porque mi mano abierta descargó sobre su rostro una violenta bofetada al tiempo que dándome vuelta entre rápidamente en mi casa. Allí, mi primera reacción fue llamar a mi marido, pero no sabía donde ubicarlo de modo que no me quedó otra opción que esperar que él llegara y mientras tanto seguir acumulando mi indignación.

Al cabo de una hora mi esposo entró en la casa y de inmediato se dio cuenta de mi alteración y con su habitual tranquilidad me preguntó que me había pasado. Fue el momento que estaba esperando desde hacía más de una hora y juntando todo mi enojo le dije mirándolo fijamente a la cara.

- Tu vecino y amigo del frente, quiere que yo le preste el culo-. Lo dije tratando de poner en mis palabras toda la vulgaridad posible para aumentar el efecto de la ofensa y hacerlo reaccionar con la mayor indignación. Mi marido se quedó un momento paralizado y luego de unos segundos me dijo la frase más insólita que yo nunca esperé escuchar.

- ¿Y por qué no se lo prestas? ¿tú tienes un culo espectacular?

Esta vez sentí que mi orgullo era herido en lo más profundo de mí ser y mi reacción fue correr al dormitorio y echarme a llorar desconsolada. No era posible que él me hubiese hecho una broma así, y no podía pensar que lo dijera de verdad, de modo que solamente me restaba llorar y esperar que el acudiera a darme las disculpas que yo creía merecer. No pasó mucho tiempo hasta que mi marido apareció en mi cuarto y sentándose al borde de la cama me acarició lentamente el cabello.

-No quiero que me toques - fue mi natural y explosiva reacción, pero él no me hizo caso, y siguió acariciándome el pelo. A los pocos minutos me habló con suavidad.

-Mira querida, entiendo como te sientes, de verdad lo entiendo y solo quiero ayudarte a pasar el mal rato. Ayudarte a mirar las cosas desde otro punto de vista, tú sabes todas las cosas tienen dos lados. Yo lo escuchaba en silencio, me sentía acompañada. Él continuó.

- Entiendo que te sientas ofendida, muy ofendida, pero no creo que haya, en lo que él te dijo, más intención que manifestarte un deseo que anida en la mente del vecino aunque realmente fue muy duro al manifestarlo de ese modo.-

Yo me sentía ahora más tranquila quizás yo estaba sobredimensionando el exabrupto del vecino que seguramente se disculparía oportunamente. MI marido me acariciaba suavemente el cuello lo que me hacia aflojar la tensión que me había invadido. Me siguió hablando.

- Trata de entender, mi amor, él te mira habitualmente cuando tú estás en el jardín, yo lo he observado. Tú siempre luces muy atractiva y no puedes negar que tu culo precioso es tu mayor atributo y el más cautivador, si no lo sabré yo. Entiende entonces que el vecino, mirándote, podrá haberse excitado hasta tal punto que no ha podido contenerse y te manifestó simplemente lo que estaba en su mente grabado desde hace tiempo.

Lo que mi marido me decía era coherente, era una explicación para el insulto que el vecino me había hecho, pero no justificaba para nada lo que mi propio marido me había dicho en el sentido de que por que no le prestaba el culo al vecino, y se lo dije:

-Pero tú piensas que yo debería prestarle el culo...eso dijiste, quieres que me comporte como una puta, ¿eso piensas de mi?

Él no dejaba de acariciarme los hombros mientras me hablaba.

-Vamos mi amor. No te enojes conmigo piénsalo bien, tú sabes como es nuestra intimidad. Tú eres en la cama una verdadera artista del sexo, tú sabes como tu culo me enloquece, la forma como sabes usarlo, la forma como me lo brindas, como pones en eso toda tu naturaleza de yegua preciosa, recuerda las cosas que me dices cuando te tengo enculada, las corridas sensacionales que nos damos juntos, quizás fue pensando en eso que te dije lo que te dije porque quizás en el fondo te admiro por eso, por tu culo, me siento orgulloso de que seas mía y que los hombres me envidien por eso por ser el dueño de tu culo.

Tómalo de esa manera. Cálmate yo hablaré con el vecino, le diré lo que me contaste y le pediré explicaciones, ya verás que todo se solucionará-.

Yo me había calmado, había dejado de llorar y lo que mi marido me decía, de alguna forma me había tranquilizado de modo que ya en la tarde cuando me dijo que iría a conversar con mi vecino me quedé en mi cuarto tratando de dormir, pero no pude hacerlo. Una extraña sensación me había invadido por lo que estaba sucediendo, era como si tuviese la sensación de que mi cuerpo tenía una forma de energía que no había detectado antes y el foco de esa energía estaba en mi culo.

Me puse de pie y cerré la puerta de nuestro dormitorio y levantando mi falda me puse de costado para observar mi culo desnudo que en ese momento me pareció más delineado y perfecto.

Nunca me había observado de ese modo y el saber que en ese mismo momento mi marido y mi vecino, que eran hombres maduros y decentes estuviesen sosteniendo una conversación cuyo centro era precisamente mi culo, me hacía sentir deseada de una forma especial y tenía una especie de vergüenza y calentura tal que me llevó a acariciarme las nalgas y recorrer mi culo con una especie de deleite prohibido y al mismo tiempo permisivo.

Aún me acariciaba el culo y por la ventana podía observar como los dos hombres hablaban y en el fondo me alegré que su conversación se observara tranquila y relajada porque de verdad yo ya no quería ningún conflicto con lo sucedido y hasta cierto punto quería olvidar el incidente. Cuando mi marido entró en la casa yo tenía una especie de curiosidad malsana por saber lo que me contaría sobre la conversación con el vecino, pero nada le pregunté porque quería más bien que él me hablara. Así lo hizo.

- Tranquila querida - me dijo-, él me ha dado todo tipo de explicaciones y también quiere dártelas a ti. Las cosas sucedieron como te había dicho, el hombre está realmente fascinado con tu culo, de verdad obsesionado, habla maravillas de ti, está realmente sufriendo, hasta creo que podría llegar a enfermar por eso, piensa en la tortura que significa estar mirándote el culo todos los días, allí a unos metros, sin siquiera poder tocarte, mientras yo todas las noches me doy a los placeres más increíbles que tú me brindas con tu culo maravilloso.-

Al decir esto mi marido había comenzado a acariciarme el culo bajo mis bragas y sus palabras producían en mi un efecto excitador incontrolable, mi culo entero latía al saberme deseada de esa forma casi mortal que sufría mi vecino. Guardé silencio cuando mi marido dijo:

- Así las cosas está todo solucionado querida.

Yo sentía su mano recorriéndome entre las mis nalgas ardientes cuando mi marido completó su frase.

- De modo que le prometí que en 18 minutos más tú irías a verlo, en este momento está solo en su casa y te espera.-

Los 18 minutos siguientes han sido el silencio más pesado y lleno de contenidos de mi vida. Parece que en una especie de pacto implícito ninguno de los dos quiso o pudo decir nada. Pero todos nuestros movimientos comenzaron a dirigirse hacia un objetivo claramente admitido en nuestras mentes y que ya no tenía regreso. Yo caminé hacia el dormitorio y él me siguió contemplando embelesado como yo me ponía un pequeño bikini blanco que solo llevaría puesto unos pocos minutos y él lo sabía.

Miraba como la prenda cubría lentamente una pequeñísima parte de mi culo dejando la gloria de mis nalgas expuesta a cada lado en cuyo centro yo sentía latir la entrada de mi culo en forma desesperada. Luego unos pantalones ceñidos, los mismos que vestía en la mañana en que mi vecino me insultara y así vestida salí de la casa para atravesar la calle solitaria y recorrer los treinta metros hasta la casa de mi vecino que seguramente estaría quemándose en su propia hoguera. Desde el centro de la calle miré hacia mi casa y pude ver a mi marido en la ventana con la cara más lujuriosa que jamás le había visto.

Media hora transcurrió hasta que volví a entrar en mi casa. Mi marido estaba recostado en el diván del living sosteniendo un vaso con su trago predilecto. Sin levantarse estiró su brazo para tenderme una mano que yo apreté con fuerza con la mía y luego me senté a su lado. Yo entera estaba empapada de olor a sexo después de brutal sesión con mi vecino, yo aún transpiraba abundantemente y el sudor corría por mis mejillas y mi cuello, tenía apuñado en la otra mano mi pequeño bikini que no había querido vestir a mi regreso.

Miré a mi marido y él sonriendo me hizo un gesto que yo conocía de sobra, me estaba indicando que le contara y yo estaba deseosa de hacerlo - Está bien, le dije, te contaré todo, mi amor, y comencé a relatar lo sucedido de la forma más detallada y real que jamás pensé que sería capaz de hacer, sin reparar en descripciones casi grotescas y privarme de todo tipo de palabras soeces de las que empleamos con él en el sexo.

Le dije que me había sentido no solo mujer, hembra, yegua y prostituta sino que me había sentido sanadora, diosa, me había sentido curadora de heridas, bruja y realizadora de los sueños más descabellados. Que me había convencido que mi culo tenía poderes increíbles e incontrolables y que yo le agradecía la sabiduría suya para haberme guiado a no rechazar la petición de mi vecino porque ahora me daba cuenta que le salía del fondo de tu ser.

Me había ido desnudando y ahora terminaba mi relato mientras mi marido acariciaba el hoyo de mi culo abierto como mudo y latiente testigo de esa operación descabellada, pero de un contenido de placer inolvidable. Y mientras mis latidos parecían reiniciarse sentí el líquido caliente y espeso de mi marido derramándose en mi piel, allí justo entre mis nalgas

Fue así que me di cuenta que uno no ha de precipitarse en juzgar algunos hechos con sentidos equívocos, porque la realidad suele mostrarnos aspectos insólitos que no habíamos imaginado.

01/07/2008 Por: Nikita


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