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Un fin de año de borrachera

Buenas de nuevo. Soy Claudia, los que hayais leído mis anteriores relatos ya sabréis mas o menos como soy, para los demás os describo un poco mi físico: tengo 23 años, soy rubia, de ojos negros, de cuerpo bastante bien, 183 de pechos y buen culo. Mi novio, Santi, con el que llevo mas o menos dos años, es muy buen chico, muy guapo, la verdad, cada vez que lo miro me parece mas guapo. Tiene 23 años también. Es moreno con los ojos negros, y esta bien de cuerpo.

Era fin de año, y mi novio y yo nos disponíamos a ir a la fiesta montada por una amiga en su chalet. Yo me arreglé bastante, ya que era una ocasión muy especial. Me puse un vestido negro, a juego con mis ojos, no muy chillón, pero bastante corto por abajo, pues la faldita se ajustaba marcando mis nalgas de manera increíble. Me tapaba el culo, pero poco más, la verdad, y por arriba llevaba un escote palabra de honor precioso, que dejaba relucir mis maravillosos pechos. No era muy descarado, pero sí bastante sexy, dejando lugar a la imaginación. Debajo me puse tanga rojo de rigor y un suje a juego sin tirantes. Para rematarlo todo, unos zapatitos a juego, negros, de tacón.

Santi, al pasar a recogerme, se quedó impresionado, se petrificó un momento, mirando como caminaba hacia él. Iba muy guapo. Camisa blanca impoluta, una pajarita, que por qué mentir, hacia gracia, y unos pantalones negros, con zapatos de charol, relucientes.

Madre mía, Clau. ¿Pero de dónde has salido? Estás preciosa cariño.

Sonreí. Había valido la pena arreglarme. El primer piropo ya había llegado, y de la persona más importante de mi vida. Me abracé a él, y le miré a los ojos. Veía en ellos la alegría por tener a una belleza como yo de novia, lo afortunado que era, y eso me hacía sentir especial. Le di un beso, largo, en la boca. Quería hacerle sentir que, efectivamente, era suya, y de nadie más.

Me alegraba el sentir que ni me acordaba de mis dos infidelidades, que habían pasado a mejor vida, que sólo quería ser suya y darle lo máximo, pues se lo merece, por no dudar nunca de mí.

Dejé de besarle, y le miré fijamente. No había dicho nada todavía, hasta que simplemente le dije: Te quiero Santi.

Me volvió a dar un beso, también romántico, y me ofreció el brazo, elegantemente, para llevarme hasta el coche. Sonreí y se lo agarré. Bajábamos las escaleras muy juntitos, sentía que nada iba a cambiar aquello, que éramos la pareja ideal, y la envidia de todos.

Entramos al coche, y no tardamos en llegar al chalet. Estaba a una media hora de Barcelona.

La música se oía desde fuera del perímetro de éste, bajamos y entramos sigilosamente, como para darles una sorpresa. Picamos a la puerta, pues en el jardín no había nadie. Sólo mesas con bebidas todavía cerradas, y algunos vasos.

Nos abrió David. Os lo describo. David era un chico muy pedante, pesado, vamos, pero era muy amigo de Sara, la dueña del chalet, así que no podíamos echarle, una pena. Siempre se dejaba barba de tres días, con la excusa que le quedaba bien… Todo, a ese chico, le quedaba mal. Su colonia era la de su padre, por lo menos. De viejo, qué asco. Le dabas dos besos y si no era por la barba era por la colonia, y si no porque alargaba la mano más de la cuenta. Siempre intentaba acercarse lo máximo posible al culo. Era odioso, la verdad.

¡Hombre, qué pasa Claudita! – Creía que llamándome así me gustaba más.

Hola David, ¿Cómo estás?- Le respondí amablemente. Y nos dimos dos besos.

Luego llegó el turno de Santi: ¡Qué pasa Santi! Me alegro de verte tío.

Miré a Santi, sonriendo, detrás de David, como diciéndole: Ala, a ver como te lo sacas de encima.

Ya ves David, igualmente, eh – Fue la respuesta, cínica también, de mi novio.

Dentro había poca gente todavía. Sara estaba preciosa, con un vestido rosita claro, parecido al mío, con escote palabra de honor, pero con una falda más larga, que le cubría hasta las rodillas.

Clau!! Vas preciosa, mi amor!! – Me dijo corriendo hacia mí. Nos dimos dos efusivos besos, pues Sara era muy amiga mía. Luego saludó a Santi. Entramos a la cocina y nos puso dos copas de cava, que era fin de año y no nos lo creíamos!

Ahí charlamos con el resto de invitados, aunque poco a poco iban llegando los demás. Mientras, David se metía en todas las conversaciones en las que había alguna chica, Siempre hacía lo mismo, no entendía por qué Sara le invitaba. ‘Es que es mi amigo’ decía.

Incluso cuando estábamos hablando íntimamente Santi y yo de nuestras cosas, se interpuso entre los dos y, cogiéndome vastamente de la cintura (cómo no) me dijo:

¿Te vienes a bailar Claudita? Que ahora soy yo el dj jeje. – Me fijé en que ni miró a mi novio, cosa que sumada a que entró de mala manera, hizo que me enfadara con él:

¿Tío David, eres subnormal no? Quítame la mano de encima, y déjanos en paz, que no ves que estamos hablando o qué?? – Miré a Santi, estaba igual de enfadado que yo, pero cuando volví a mirar a David, y la cara de pena que puso, me sentí mal.

Santi cariño, ahora vengo, que he sido un poco bestia con él ¿no? – Santi le miró y me dijo:

Jeje, si cielo, dile algo mejor que no le rompas el corazón en fin de año, anda.

Me dirigí hacia David, le cogí del brazo, y le dije:

David, perdona, es que estábamos hablando de cosas nuestras y no se… me he exaltado. No quería ser así de bestia, lo siento. – Mientras hablaba se le dibujaba una sonrisa en la cara, cosa que me hacía feliz.

¿Me perdonas? – David era como un chico pequeño, a pesar de tener casi nuestra edad, pero al ser rechazado por todos, a veces me sentía obligada a mimarle, para no ser demasiado crueles con él.

Bueno va, pero déjame bailar contigo un rato, porfa.- Al decirme eso me puso cara de pena. Miré a Santi, haciéndole una mueca de ‘qué remedio’, que él entendió, pues dos años dan para mucho. Me llevó al medio del salón, entre la gente que hablaba y bebía. Sonaba Waka Waka, de Shakira, me acuerdo porque bailaba como loco, pero yo le enseñé los pasos del baile jaja. Me sorprendió, bueno es un decir, conociéndole, al preguntarme mientras bailábamos:

¿Foyáis mucho tú y Santi? – Me quedé de piedra, ya volvía a ser el pesado de antes.

Sí, y muy bien, por cierto. Voy a beber un poco, que me he quedado sin, ¿quieres algo? – Esto último se lo pregunté esperando que me dijera el típico ‘no’, y así librarme de él, pero el tío me dijo que sí, una copa.

Le sonreí amablemente. Fui a la cocina y me encontré a Santi y Sara, hablando.

Oye Santi, estamos ahí en medio bailando un poco vale? Que se me ha encaprichado jeje. Cuando me libre de él vengo a por ti mi amor – y diciendo esto le abracé y le di un besito en la boca.

Sara nos miró y nos regañó: Y dale con que es pesado… es muy buen chico. Ya lo verás.

Cogí dos copas y me fui a donde estaba David. Me estaba esperando, frotándose las manos. Le miré y no vi nada atractivo en él, ni siquiera era simpático, uff. Normal que no tuviera novia.

Toma, aquí tienes. – Le di su copa, y bailamos, bueno yo bailaba, porque él movía las caderas como un jubilado. Sólo tenía ojos para mi escote, sin disimular me comía las tetas con los ojos.

‘Bua, que disfrute, a ver si se va al lavabo a hacerse una paja y me deja en paz’ pensé, mientras miraba a otro lado, dejándole ver mi escote a placer. De vez en cuando, lo miraba de reojo, a ver si quería hablar de algo, para romper aquel silencio incómodo, al menos para mí, pero no, él seguí ensimismado con mis tetas. Al final, quise romper otra vez el hielo con algo agradable:

Oye David, y tú como que no tienes novia, con lo guapo que eres? - Eso último lo dije como en tono de burla, a lo que me respondió:

Es que paso de las tías, sólo acepto tías buenas, como tú ¿Quieres ser mi novia Claudita?

Jajaja jaja, - me descojoné en su cara, de verdad se creía aquel tío horrible que lo quería ser??- ¿Qué dices David? Ya sabes que tengo novio – Le dije educadamente.- Además Santi es guapísimo, y le quiero mucho.

Intentaba no descojonarme en su cara otra vez, para no herirle, pero el tío cada vez iba más allá:

Pero si acabas de llamarme guapo, o es que mentías?

Si lo eres David, pero no por ser guapo tengo que ser tu novia, si no cada día estaría con un chico diferente, me entiendes? – El tío parecía no entenderlo, será corto…

No, porque si yo soy guapo y te quiero, porqué no podemos ser novios? – Ya me estaba hartando, me acabé la copa y vi que él también se la había acabado.

Voy a dejar la copa, ahora vengo. ¿Quieres que te lleve la tuya? – Sí, pero ahora tráeme una de champán, que estoy harto del cava.

La jugada me había salido, otra vez, por la culata. En vez de zafarme de ese atontado, le hacía de camarera.

Bueno, ahora vengo. – Mientras me alejaba le escuché decir: ¡Y tráete una también para ti anda!, - joder, encima me decía lo que tenía que beber!

Confiaba en ver a Santi o Sara en la cocina, para hablar un rato con ellos antes de volver al turrón, pero no los vi. Sólo había una pareja besándose detrás de la nevera. Cogí dos copas de champán y me asomé a ver quiénes eran, por curiosidad. No los conocía, el chico era rubio y la chica no la conocía tampoco. Volví al salón, pasando por la puerta del jardín, para ver si podía ver a Santi o Sara.

Vi a lo lejos a Santi, con su camisa blanca, hablando con gente, al lado de la piscina. Eso me tranquilizó. Quise ir a darle un beso, pero escuché a David solicitando su copa. Me giré y le vi, con el brazo en alto.

Ya voy, qué pesado eres tío. Aquí la tienes. – La cogió, sin decirme ni gracias, mirándome las tetas de nuevo. Miré al jardín, para ver a Santi.

¿Sabes hacer mamadas? – Me espetó de golpe. Lo miré, ya estaba bien de ser buena con él, si se estaba pasando tres pueblos!!

¡Qué dices anormal! Pero vaya preguntas son estas? Eres un cerdo tío! – Y le empujé, marchándome de ahí. Me disponía a salir al jardín para volver con mi amado Santi, cuando David me cogió del brazo:

No te pongas así no? Sólo era una pregunta… Es que no sabía de qué hablar contigo, Claudita. Perdona. Es que me encantas, y quiero hablar contigo pero no sabía de qué, y se me ha escapado. Lo siento.

Eso me volvió a convencer: Tranquilo cariño, ya sé que te gusto, pero no hace falta que me hagas esos comentarios vale? –

Vale, entonces me dejarás tocarte las tetas? – No aprendía el muy idiota!!

¿Qué te acabo de decir David? Esos comentarios no! Sé más educado tío, que tengo novio, y no soy una guarra, vale? – Me lo quedé mirando. No decía nada. Sólo me miraba las tetas.

Me bebí la copa de champán de un trago, y le dije: Bueno, ya nos iremos viendo vale? Me voy con Santi, que está ahí fuera. – me iba a ir, cuando me dijo:

Espera! Voy con vosotros. – Dioss!!! Ni con esas me libraba…

Llegamos los dos a donde estaba Santi.

Hola mi amor, - le dije mientras me acercaba para darle un beso. Estaba hablando con un grupo de chicos sobre fútbol, David se les acopló a la conversación. Menos mal, pensé, así me dejará en paz.

Miré a los chicos, no conocía a nadie. Vi que me miraban, pero con disimulo, agachando la mirada cuando les miraba. Me quedé abrazada al brazo de Santi, escuchando sus discusiones sobre el Madrid y el Barça. Santi es del Barça, pero había uno del Madrid, con el que discutían todos. Yo, aunque no lo he mencionado, porque creo que no importa, soy del Madrid, pero porque mi abuelo era del Madrid, y le tenía mucho cariño, aunque no entiendo mucho de fútbol. Sólo lo soy para picar a veces a Santi, pero nada más.

Me quedé pensando en mis cosas, mientras miraba a mi alrededor. Poco a poco me fui despegando del brazo de Santi, para acabar libre, detrás suyo, mirando el jardín. Era precioso, con sus florecitas y sus enredaderas por las paredes. Había árboles frutales, muy bonito.

De pronto noté una mano en mi hombro. ‘Como sea David me suicido’, pero era un chico con los que estaba hablando Santi hacía un momento.

¿Cómo te llamas guapa? – Era un chico castaño claro, tirando a rubio, con los ojos claros, no sabría decir de qué color, bastante fuerte, y con una sonrisa bonita, parecida a la de Santi.

Sonreí y le dije: Claudia, ¿y tú? – Andrés, encantado guapa- Nos dimos dos besitos de rigor.

Olía muy bien, pero vamos, como todos los que estaban ahí, para qué engañarnos.

¿Quieres una copita Claudia?

No gracias, es que acabo de beber jeje. ¿Y tú qué eres amigo de Santi? – Le pregunté como para cambiar de tema.

No, ni le conozco, lo acabo de conocer. Parece buen chaval, sólo que es del Barça jeje. ¿Tú de qué equipo eres Claudia? ¿Te importa que te llame Clau?

No qué va, si así me llaman todos jeje. Pues soy del Madrid, aunque no me gusta mucho el fútbol la verdad.

Diciendo esto vi cómo me repasaba el cuerpo de abajo arriba.

¿Perdona? Que no te estaba escuchando, ¿qué decías Clau? – Me dijo aposta, para hacerme saber que le gustaba mi cuerpo.

Que soy del Madrid, aunque no me gusta mucho el fútbol.

Bueno, ya tenemos una cosa en común.¿ Me acompañas a ver un poco la casa? Que así movemos las piernas, no me gusta estar quieto, ¿y a ti Clau?

Jeje bueno vale, espera que se lo digo a Santi. – Me giré para decírselo a Santi, pero Andrés me dijo:

No hace falta, no iremos tan lejos, anda ven. Y me tiró de la mano. Me dejé llevar, vi que Santi seguía hablando efusivamente con aquellos chicos, miré a Andrés. Seguía cojiéndome de la mano, pero me solté al darme cuenta.

¿Y cómo que eres del Madrid? Le pregunté, para hablar de algo.

Pues vi que las chicas guapas eran del Madrid, y me convencí de que era lo mejor, ¿y tú rubia?

Jaja, qué poco original eres. Yo porque mi abuelo lo era, y le quería mucho, y mira, pero no me gusta nada el fútbol, sólo lo soy para picar a veces a Santi, pero ya está.

Cuando me di cuenta, estábamos en la cocina, con Andrés sirviendo dos copas de champán.

Uy! Yo no quiero beber mucho, que a Santi no le gusta que vaya borracha jeje.

Santi, Santi, Santi… ¿No puedes decidir por ti misma rubia? Eres Claudia, no la novia de Santi, libérate un poco. Además, por lo que he visto antes, ese Santi pasa un poco de ti no?

¿Pero qué dices anormal? ¡Si sólo nos has visto un segundo! Además, no quiero beber porque no me da la gana, y por cierto, qué mal tiras la caña, deberías aprender un poco más…

Bebí un trago, mientras le miraba satisfecha con lo que acababa de decir.

Bueno, -me contestó- veo que eres un poco malhablada… - diciéndome esto me pasó la mano por la cintura, sin respuesta por mi parte, pues quería ver si se lo curraba para ligarme. – Bueno, y si dices que no sé ligar, déjame intentarlo, y si lo hago bien, me concedes un baile. ¿Qué me dices rubia?

Diciéndome esto se me acercó hasta la oreja, pasando la mano de lado a lado de mi cintura. Eso me gustó, me sentía deseada, y eso es lo que más me pone.

Vale. Pero sólo si te lo curras eh. Si eres uno más, hasta luego Lucas. ¿Entendido? – Le contesté con cara de estar dándole una lección, con el índice amenazador.

Entendido rubia, ahora, para empezar, acábate la copa y vamos a los bancos de fuera, que ahí trabajo mejor. – Me dijo al oído.

Me sentía excitada. Eran cuatro copas ya, y aquel chico me trataba de manera muy dulce, mientras Santi discutía de fútbol. Le miré. Me acabé la copa y la dejé encima de la mesa de la cocina. Me ofreció la mano, se la di y salimos los dos.

Saliendo, nos encontramos a David, que volvía a dentro. Miró a Andrés, con cara de ‘y este quien es??’ y me dijo:

Ven Claudita, que te voy a sacar a bailar. – No me lo creía. Qué atrevido no? Miré a Andrés, como esperando que respondiera por mí.

Chaval, déjala en paz, que sólo quiere estar conmigo. – Le respondió Andrés. Esa frase me excitó, como dando por hecho que Santi no existía para él, y que yo quería estar ‘sólo’ con él.

David me miró y me preguntó: ¿Qué dice ese idiota? Anda ven Caludita, no seas tonta, que te lo vas a pasar bien.

Le miré, y le dije: David, vete, por favor. – Por un lado quería estar con Andrés, a ver cómo me ligaba, y por el otro, no quería que David se metiera en problemas por mi culpa, y encima nos estropeara la noche.

David me miró con cara de pena, pero esta vez no le hice caso. Se fue. Miré a Andrés, que me hizo un gesto de ‘adelante’. Salí delante suyo, me volvió a coger de la mano, hasta llegar a un banco que había detrás de la casa. Era el patio trasero, pero estaba muy bien la verdad, con plantas y muy bien cuidado. Había más bancos, vacíos todos. Nos sentamos.

Andrés me puso la mano en el hombro, inclinándose hacia mí. Yo me crucé de piernas, pudiendo ver que la faldita del vestido apenas me tapaba lo justo, pero no podía arreglarme ya porque estaba sentada, y eso sería como un gesto hacia Andrés de ’mírame, que te lo estoy enseñando todo’. Así que decidí, en mi disputa interna, dejarla tal cual.

Le miré, me estaba mirando el escote y las piernas. No había conseguido nada con no bajarme la faldita.

Vaya vestido más bonito que llevas no?

Bueno… Gracias – Le dije, sonrojada y excitada.

¿Pero y la prenda roja? No me digas que la tienes escondidita… - Diciéndome esto se me acercó a la oreja- ¿La podré ver?

Me aparté un poco: No, ni loco. – Me molestó que fuera tan a saco, me gustan los tíos mas sutiles.

Bueno, pero al menos dime qué es lo que llevas rojo… - Eso me lo dijo casi rozándome la oreja, cosa que me encanta. A la vez, su mano bajó un poco por mi hombro, tocándome con un dedo el comienzo de la teta izquierda.

El sujetador y el tanga, todo lo otro ya lo ves, negro. ¿Tú crees en estas supersticiones? Le dije con voz entrecortada por los nervios, pues por un lado le había revelado mi ropa interior, dejándole que se la imaginara, y por otro me estaba tocando la teta.

Sólo la gente vacía cree en esas cosas, rubia. Mira. – Me señaló el cielo.- ¿A mí qué me va a afectar si aquella estrella se junta con la otra, o si se alinea con el sol? Nada, ¿O tú crees que sí?

La verdad es que no, pero ya que la gente lo hace, pues yo también, no sé… - Le miré, estaba mirando las estrellas. Me encantaba su olor, era una colonia a hombre, olía bien como todos, pero era el único que tenía a mi lado.

Pues no deberías, cariño. Si alguien no bebe tú sólo no vas a beber porque él no lo hace? – Me dijo, refiriéndose a Santi, claramente.

Santi bebe, yo no es que no beba, sino que lo hago con moderación.

¿Y quién ha hablado de Santi ahora? ¿Acaso te he hablado de él yo? Tienes que pensar por ti misma, y hacer lo que tú creas que es lo mejor para ti. Ni ponerte ropa roja porque lo hacen todos, ni hacer lo que otros les gusta que hagas. – Todo me lo decía al oído, mientras notaba que el dedo que me acariciaba la teta ya no era uno, sino que eran dos o tres, no acertaba a contarlos por el tacto.

Prosiguió: Ve a traer dos copas de cava anda. – Me levanté, como para coger aire, le miré, me estaba mirando el culo, pues la faldita se me había subido un poco. Me la arreglé enseguida, poniéndome aún más roja de lo que ya estaba, y le dije que ya iba.

Caminé a paso rápido. Estaba empapada. No quería hacer ninguna locura más, me debía a Santi, le quería, estaba enamorada de él, no se merecía los cuernos que le había puesto. Me autoconvencí de ello y, en vez de ir a por las copas, me dirigí al jardín en busca de Santi.

Me puse a buscarle, pero no lo veía por ningún sitio. Todo eran ojos mirándome de arriba abajo, pero ninguno de Santi. Entré en la casa, había un montón de gente, me mezclé con la gente, que bailaba al son de la música, buscándolo. Quizás estaba en los sofás. En el lavabo. O bailando entre esa gente. Daba igual, lo quería encontrar como fuera.

Por un momento se me pasó por la cabeza la imagen de Santi y Sara en la cocina… y me imaginé que Santi sabía que le había sido infiel y se estaba tirando a la guarra de Sara. Ese pensamiento me puso nerviosísima, y fui corriendo a la cocina.

Ahí estaban. Santi y Sara, hablando, pero con más gente.

¡Santi! – Me abalancé sobre él, al tiempo que le daba un beso en la mejilla- No te encontraba cielo. ¿Cómo estás?

Me miró sorprendido, por mi reacción: Bien ¿y tú cariño?

Bien, ahora que te encuentro. – Miré a Sara, por si pretendía robarme a mi novio. ¿Y tú Sara?

Yo bien jeje, ¿Qué te pasa Clau? – Me respondió.

Nada, contenta de ver a mi novio, pasa algo? – No sé porque estaba respondona con ella, me estaba imaginando cosas que no eran, y Santi era un santo, nunca mejor dicho.

¿Vamos a bailar amor? – Le dije cogiendo una copa de champan.

Lo estoy deseando princesa- me respondió dándome un beso en la boca. Entramos en el salón, y bailamos como siempre lo hacíamos, bastante sexy, levantando pasiones entre los chicos, y lo que no son pasiones xD.

Al rato, vi entrar por la puerta a Andrés, me acordé de que estaba ligando conmigo, pero que sudé. Llevaba ya 5 copas de cava, iban a dar las campanadas, cuando le vi que se sentaba en el sofá. Entonces Santi me dijo de ir a traer dos copas más, que quería pasárselo bien, a lo que asentí enseguida.

En la cocina vi a David, con Sara, hablando.

¡Hola parejita! – Les dije, animada, mientras cogía dos copas de cava.

David me miró con mala cara, y me dijo: Si eso, tú vete con todos menos conmigo, Claudita.

Sara me miró y me preguntó: ¿Cómo que con todos? – Nada, tonterías de este, no le ves que no sabe lo que dice?

Oye, menos con David eh, que es muy inteligente y sabe todo lo que dice, no es tonto vale?

Me puse a pedirle perdón, que no era lo que quería decir, que no se qué… Hasta que me dejó en paz.

Volví al salón, para darle la copa a Santi, pero no lo hallé. Miré a mi alrededor y vi que estaba con Andrés en el sofá. Me puse nerviosa, le había dejado plantado por mi novio, qué curioso. Me acerqué a los dos, y le di la copa a Santi.

Siéntate cariño. Mira este es Andrés, y es del Madrid eh jeje. – Me dijo mientras me dio un cachete en el culo. Miré a Andrés, y sonreí, de mala manera.

Encantada. – Andrés dijo enseguida: Si ya nos conocemos tío, la vi fuera contigo y charlamos de supersticiones y de creencias, es una chica muy culta la verdad.

Eso no me lo esperaba. Me dejó por los suelos.

Es que no sabía cómo te llamabas… - Me excusé.

O sea que es muy culta? Si ya lo sé, tengo a la novia mas culta del mundo, ¿a que sí amor? – Y me dio un beso en la mejilla. – Sí cari. – Respondí, y bebi bastante de la copa de golpe.

Andrés se levantó y me ofreció la mano para bailar: ¿bailas? – Santi, ya tenía confianza en él, porque le habrá caído bien, pero yo no quería caer de nuevo en sus redes.

No, gracias, que estoy cansada, y voy un poco borracha… - Respondí.

¡Venga anda! Que es fin de año amor, mueve ese culito que te vea. – Me dijo Santi, dándome otro cachetito. ‘Si no había más remedio…’.

Me paré y me puse a bailar con él, bajo la atenta mirada de Santi. Andrés se comportaba, pero no quitaba ojo a mi escote. Estuvimos bailando un buen rato, manteniendo las distancias, hasta que nos llamaron para las campanadas.

¡¡Van a dar las campanadas chicoos!! – Alguien tiraba uvas desde la cocina, como los reyes magos con los caramelos. Andrés me acercó sutilmente a la cocina, para poder coger mas uvas. Lo tenía enganchado a mi culo, cogiendo uvas, como yo. Cogí 18, me faltaba una, le miré desesperada. Sonrió.

¿Cuántas te faltan rubia? – Una… - le dije con cara de culpa, sabiendo que no me había portado bien antes con él.

Toma, rubia, pero me prometes que vas a bailar conmigo. – Vale, te lo prometo.

¿Prometido qué? – Me respondió. – Que voy a bailar contigo…

Me tenía intimidada, pero a la vez seguía mojada. Me dio la uva, y nos sentamos en el césped del jardín. Él estaba detrás de mí. Vi a Santi sentarse delante, con Sara y otra gente.

Empezaron a sonar las campanadas: una, dos… 18. Tenía la boca llena! Me giré con cara de risa, se me caía el jugo por la boca, pero Andrés, muy elegantemente, pasó un dedo por mi barbilla, limpiando el jugo, y pasando su dedo por mis labios.

Aquello me hizo excitarme aún más, con lo que me atraganté y lo eché todo fuera, sobre el césped. Le miré, estaba riendo.

¿Te he puesto nerviosa cielo? No era mi intención, sólo estaba limpiando esa carita tan bonita que tienes. – Aquello me puso nerviosa, pero sabía que no quería nada raro con otro que no fuera Santi. También notaba que el alcohol me estaba subiendo de lo lindo. Estaba muy cansada. Me lo quedé mirando, hasta que le dije:

No tranquilo, gracias por limpiarme, jaja, que mal que voy tío. Oye, antes he visto a Santi por ahí delante, ¿me puedes llevar con él? Es que cuando voy así estoy más cómoda con él…

Entonces miramos los dos delante, y no estaba, pero yo no podía mantenerme en pie mucho tiempo. Andrés lo vio y me dijo que me levantara:

Vamos a buscarle los dos, así te dejo con él, quieres? – Le miré y reí, por el alcohol, supongo. Vale.

Sentía su mano acariciar mi culo disimuladamente, arriba y abajo, mientras me esforzaba por mantenerme en pie con tacones. Preferí no decirle nada por lo del culo, suficiente tenía con mantenerme en pie. Cada vez tocaba más culo y menos espalda, pero no le decía nada. Le estaba agradecida por llevarme a Santi.

Al rato, nos sentamos en el sofá, visto que no lo veíamos, bueno, él, porque yo miraba al suelo, para no caerme. Me apoyé en él, para descansar mejor, sólo eran las 18, y quería bailar.

Me di cuenta que me estaba tocando la teta por el lateral, sin decirle nada yo. Me levanté de golpe y le dije: Sólo son las 18 Andrés, quiero bailar, porfa, baila conmigo.

Él se levantó encantado, y nos pusimos a bailar, poco a poco se me iba bajando el alcohol, y mis habilidades de baile aumentaban, y mi equilibrio también. De vez en cuando miraba a ver si veía a Santi, pero nada. Andrés seguía bailando conmigo, y eso me gustaba, porque me encanta bailar. Estaba muy apretujado contra mi cintura, rozándome el culo con sus dedos. Era una sensación excitante, pues ni me tocaba el culo ni no, era algo intermedio.

Vamos a beber rubia, que te veo cansada. – Me dijo al oído, rozando sus labios contra mi piel.

Obedecí, y caminé delante suyo. En la cocina había mucha gente, así que cogimos las copas y salimos al jardín. Ahí vi a ¡¡¡Santi!!! Hablando a lo lejos con un chico. Andrés también lo vio, pero me hizo un gesto con la cabeza de ‘no’, moviéndola de lado a lado. No sé por qué, pero no le llamé, y me limité a beber de la copa, observándole.

Me llevó al banco, y ahí se me puso a hablar de las religiones. Yo estaba flipando, por un lado me tenía mojadísima, pero no le quería poner los cuernos otra vez a Santi, y por otro, cuando me tenía a tiro, se me ponía a hablar de las religiones!! No le entendía.

Total, que me acabé la copa, y ya sí que noté que no podía más.

Andrés, voy borrachísima, me gustaría quedarme escuchando tu opinión sobre las religiones, pero no puedo más. Llévame a las habitaciones por favor, que me estoy quedando frita.

Me dio un beso en la mejilla y me subió en brazos al piso de arriba. Entramos en una habitación muy tranquila, llevándome en sus brazos. Me dejó en la cama y se sentó a mi lado.

Dile a Santi que estoy aquí por favor… - Le dije a duras penas, con los ojos medio cerrados.

Pero no hubo respuesta. Escuché su cremallera, luego sus pantalones caer. Me temía lo peor. Estaba borracha, en la cama, a solas con Andrés, y nadie lo sabía! Unos segundos después noté una piel caliente y dura, rozar mis labios. No parecían sus labios.

Abre la boquita preciosa. – Obedecí, como por instinto. Aquel trozo de carne se iba introduciendo lentamente en mi boca, hasta topar con mi garganta. Salía y volvía a entrar. Luego salió del todo, me quedé intrigada unos segundos, en que no notaba su tacto, hasta que pasó por mi mejilla, subiendo a mis párpados cerrados, a mis orejas, bajó por mi cuello, y volvió a mi boca. Ya la tenía entreabierta, así que no le costó mucho entrar.

Mientras, me tiraba del vestido hacia abajo, dejando mis tetas con el sujetador rojo al aire. Me lo tiró abajo también, sin desabrocharlo. Me pasó las manos por las tetas, sobándomelas a lo bruto, mientras su pene seguía explorando mi boca.

Luego bajó una mano a mi faldita y me la subió bruscamente. Se le notaba excitado por la respiración. Me bajó el tanga hasta las rodillas, y acto seguido me pasó la mano por el coño. Di un gemido de placer. ¡Qué gusto por Dios! Me cogió la cabeza y me la empujó dentro de su poya, metiéndomela cada vez más. Yo no tenía fuerzas para resistirme, ni quería.

Su dedo se fue introduciendo dentro de mi coño, cada vez más rápido. Yo gemía con su poya en mi boca. Me metió dos, y luego tres. Aquello era un placer infinito. Quería decirle que tenía novio, que si nos veía le mataría, pero no podía. Tenía su poya en la boca, y sabía muy bien, por cierto.

Pronto me corrí, gracias a sus dedos, gimiendo como loca. Entonces me sacó la poya de la boca, y pude gemir como una zorra. Cuando acabó mi orgasmo, me la volvió a meter en la boca, besándome el coño.

Entonces alguien entró por la puerta. Abrí los ojos, pero era David. Menos mal, no era Santi.

¿Qué pasa aquí dentro?¿Qué haces Claudita? ¿Si te ve Santi qué va a decir? – Me riñó.

¡Fóyatela y calla! – Le ordenó Andrés. Eso me tranquilizó, pues Andrés tampoco quería que se supiera, supongo que porque se le acabaría el chollo.

Apartó su boca de mi coño, y me dejó la poya en la boca. Vi que David se había sacado los pantalones y los calzoncillos… ¡Qué asco! Ese pesado asqueroso me iba a foyar… Pero mejor eso que Santi se enterase. Dejé las piernas abiertas, como las tenía antes, intentando saborear la poya de Andrés para olvidarme de la de David. Me incorporé un poco para metérmela mas adentro y disfrutar de ella.

Eso es, preciosa, chupa, no dejes nada sin chupar. ¿Qué diría Santi si te viera chupar otra poya nena? Tranquila, que no diría nada, le gusta que los otros vean lo puta que eres, ¿a que sí? – Le miré y gemí, como diciendo que sí.

Así me gusta puta, dame el placer que le das a él…

De golpe, la poya de David me penetró, sin rodeos, el coño. Qué asco. Le di más rapidez a la mamada que le estaba haciendo a Andrés, a la vez que notaba la poya de David foyandome rudamente mientras gemía.

Mmm cuánto lo he deseado, Claudita. Siempre he querido foyarte ese coño que tienes, ahora quién es el subnormal eh?

Eso me excitó, pero a la vez me sentí más humillada, por ese idiota, que antes tanto odiaba y que ahora me está foyando a placer.

Me miré, tenía el vestido y el suje enrollados a mi vientre, y mi tanguita estaría por ahí abajo, entre mis rodillas y mis pies, detrás de David.

Andrés, entonces, me la sacó de la boca, se la cogió con una mano, mientras con la otra me pellizcaba los pezones. Abrí la boca para recibir su leche, ‘si sabe igual que su poya, vamos muy bien’ me dije.

Muy bien, veo que sabes lo que tienes que hacer nena. ¿Trágatela toda entendido? – Eso me excitó, e incluso me empezó a gustar que David me estuviera foyando con el permiso de Andrés.

No tardó en correrse en mi boca, salpicándome a la cara. Gemía como nunca Santi había gemido al correrse en mí, supongo que por la sensación de estar a punto de foyarse a una chica con novio.

Me tragué todo lo que cayó en mi boca, chupando después los restos de su poya, con todo el gusto del mundo. Su semen sabía que daba gusto. Me encantaba y quería más. Me sentía como una puta, igual que las dos veces anteriores.

David no tenía mucho aguante, así que noté su semen brotar dentro mío en poco tiempo, gimiendo como un loco, y derrumbándose encima de mí. En vez de apartarlo como hubiera hecho de normal, le acaricié el pelo y la cara con la mano manchada del semen de Andrés, cosa que me estaba excitando muchísimo.

Entonces, Andrés, que se la había estado tocando, lo empujó de golpe a la cama y se puso entre mis piernas. Me pasó dos dedos, viendo cómo gemía de placer, mirándole. Luego tres. Me tenía excitadísima. Bajó la cabeza, y me lo comió como Santi nunca me lo comerá. Me foyaba con la lengua, mientras me miraba a los ojos, luego me mordió el clítoris, y los labios. Estaba loquísima. Me iba a correr de nuevo. Le miré, pero él seguí dándome placer.

Hasta que me corrí en su cara, descargué todos mis flujos en él, y para más sorpresa mía, vi cómo se lo tragaba! Me estaba haciendo lo mismo que lo que le hice yo! Eso Santi nunca me lo hubiera hecho, siempre tenía que darle más de lo que me daba él a mí. Andrés me volvía una animal.

Entonces se levantó, pasó su poya por mi coño, y se inclinó hacia mí:

Pídeme que te foye puta, - me susurró al oído.

Foyame por favor. – Fue lo único que pude decirle.

Pídemelo mejor, ¿quién eres tu ahora? – Enseguida supe lo que quería oír.

Foyame por favor, soy tu puta, te pido que me foyes por favor.

Mmm así me gusta, vas aprendiendo nena.

Me tenía excitadísima. Me metió lentamente la poya en mi coño, pero no pude esperar más. Me bajé un poco el cuerpo para que entrara antes. Eso le gustó, y aceleró el ritmo. Notaba su punta reventándome la barriga, sentía que iba a explotar. Yo gemía como una auténtica zorra, supongo que lo era.

Hasta que noté el segundo chorro de semen que me inundaba el coño en menos de veinte minutos. Oía sus gemidos de placer, me incorporé y le besé en la boca. Nos fundimos en un beso brutal mientras descargaba su semen dentro mío. Luego notaba cómo se encogía en mi coño, hasta volver al tamaño normal.

Nos quedamos un rato abrazados, besándonos, tocándonos, mientras se recuperaba. Entonces se levantó de nuevo, me dio la vuelta de un empujón, y quedé boca abajo sobre la cama, me tiró de las piernas hacia el borde de la cama, quedando mis piernas colgando. Abrí las piernas lo máximo que pude, sujetándome las nalgas con las manos y arqueando la espalda.

Jeje, veo que eres buena puta eh, no te tengo que decir nada… mmm me gustas muñeca.

Me sentí muy excitada, al ver que lo hacía todo bien. Pasó un dedo por mi culito, luego dos, luego tres. Gemía, de nerviosismo y de placer. Luego rozó la punta de su poya, la metió poco a poco. Me dolía, y quería gritar.

En ese momento David despertó de su letargo, y se sentó delante de mi cara. Vi su poya, rodeada de pelo largos y ondulados. Le miré a los ojos, estaba deseando que se la comiera, así que no me anduve con rodeos. Mientras la poya de Andrés me perforaba el culo, me metí la poya de David en la boca, chupando sin manos, al tenerlas abriéndome el culo para Andrés.

Jeje me gusta Claudita, ahora podré comprobar si haces buenas mamadas… Trágatela zorra!

Mientras, Andrés me cogió del hombro para metérmela mejor, cosa que me hizo abrir mas la boca, lo que permitió que David me foyara literalmente la boca. Sentía arcadas. Le miraba a los ojos, para excitarme con su cara de placer. Se mordía los labios mientras me foyaba, cosa que me excitaba muchísimo. Me sentía como un juguete en manos de dos chicos.

Mientras, Andrés no paraba de foyarme, cada vez más rápido, empecé a sentir placer.

¡Vamos puta, te voy a dar lo que tu novio nunca te podrá dar! – Me dijo, instantes antes de empezar a gemir, y vaciar sus testículos en mi ano. Su chorro caliente me inundaba el culo, a la vez que me lo quemaba por dentro, pero no podía gritar, sólo se me caía alguna lagrimita por el escozor.

Al poco tiempo David me inundó la boca de leche, sin avisar, con lo que me vi obligada a tragar a medida que salía el chorro de su poya. Seguía mirándole a los ojos, los tenía cerrados, disfrutando de mi boca. Esa visión me excitó aún más, y se la seguí chupando como una obsesa.

Ya no notaba la poya de Andrés en mi culo, sólo oía su respiración entrecortada a mi lado. Me estaba tocando las tetas y yo sin darme cuenta, de lo ensimismada que estaba tragando aquella sabrosa leche que salía de la poya de David.

Cuando acabó, me la sacó y se vistió. Miró a Andrés y le dijo, riendo: Tío, muchas gracias, no sabes las ganas que le tenía a esta guarra. – Acto seguido se fue.

O sea que yo era una guarra para David? Ahora era el tonto subnormal del que todo el mundo se reía el que me llamaba guarra y se reía de mi? Pues sí, el semen del tonto subnormal del que todo el mundo se reía estaba en mi coño y en mi estómago, a partes iguales. ¿Quién era la tonta y la subnormal ahora?

Y Andrés a mi lado, respirando cada vez más flojo, con su camisa y sus zapatos, con su poya al aire, boca abajo. Por un momento pensé en agacharme y darle una última mamada, cosa que le hubiera gustado mucho, seguro, pero no podía más, estaba destrozada.

Me incorporé, me levanté el tanga, me limpié con las sábanas el semen que me resbalaba por los muslos, me arreglé el vestido y me dispuse a bajar. Pero estaba mareada por el alcohol, no me había dado cuenta por la ración de sexo duro, pero no podía ni caminar. Así que me volví a la cama, confiando en que Andrés se marchara de ahí antes que Santi subiera a buscarme, me tumbé boca abajo y me puse a dormir.

Cuando me desperté estaba en esa misma cama, sin nadie en la habitación. Miré la hora, eran las dos de la tarde. Busqué mi tanga, a ver si estaba en su sitio. Sí que estaba. Me levanté y bajé al salón. No había nadie. Salí al jardín, tampoco. Volví a subir a las habitaciones, que era donde tenía que haber mirado primero, y ahí estaba Santi, en una cama, y en la otra, Sara.

Me acerqué a Santi, le miré si tenía los pantalones desabrochados, o si olía a colonia femenina, pero no. Fui a ver a Sara, si olía a semen. Tampoco. Sólo olían a alcohol los dos. Eso me tranquilizó. Pero a pesar de intentar serle fiel, tampoco lo conseguí.

29/08/2011 Por: pechoscalientes


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