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Disfrutando a mi madrastra

Esta historia sucedió hace algunos días cuando fui a visitar a mi padre. Mi padre se volvió a casar con una mujer menor que él, ahora ella tiene 35 años y cuando la conocí por primera vez tenía un cuerpo que a cualquiera le gustaría comerse. Ahora con el paso de los años no está igual, pero sus nalgas sus pechos siguen estando riquísimos y varias veces han sido inspiradores de mis mejores pajas.

Sus pechos son naturales grandes, redondos y con un pezón extraordinario, pues alguna vez por accidente entré a su habitación y ella estaba cambiándose la pijama, lo cual dejó sus pechos al descubierto; y sus nalgas grandes y redondas, que te invitan a tener sexo anal muchas y muchas veces hasta acabar.

Le gusta vestirse sexy y su ropa interior es sexy también, pues tiene tanguitas y ropa de algodón, que a mí es la que me pone más caliente. Ya hace algunos años, en una casa anterior, que había querido tener alguna de sus prendas íntimas conmigo, y lo había conseguido, pero con una pantaleta limpia, lo cual fue muy excitante, sin embargo yo quería sentir su olor y saber que había tocado zonas muy íntimas.

Pasó un tiempo y se mudaron de ciudad, a la fecha tengo 23 años, y las pantaletas son unas de mis prendas favoritas, en cuanto a fetiches se refiere. Ya en su nueva casa, no perdí oportunidad de echarle nuevamente un vistazo a mi madrastra en cuanto llegué, sobre todo cuando usa blusas tipo ejecutiva, que me ponen a 1800.

Uno de esos días tuvieron que salir temprano, pero como yo no estaba listo me quedé en la casa solo. No tenía mucho tiempo, pues regresarían tal vez en una hora o dos como máximo.

Algunos minutos después de que salieron me preparé para lo que sería una de las mejores pajas de mi vida. Me quité la ropa y me dispuse a encontrar prendas íntimas de mi madrastra recién usadas. El primer paso fue ir a su habitación y no tuve que buscar mucho, pues encima de la cama había ropa de ella, y justo ahí encontré un sostén. Era rosa y de una tela muy suave.

Inmediatamente lo llevé a mi nariz y me dispuse a olerlo, no podía creer que estaba ahí oliendo un brasier que apenas hace unos minutos estaba tocando los pezones y areolas de mi deliciosa madrastra.

Acto seguido y, con la precaución debida, me metí al baño, envolví mi miembro con el sostén y comencé a acariciarlo de arriba hacia abajo tan suave como pude, pues me temblaban las mano de emoción, y continué por un rato, mirándome al espejo y disfrutando cada momento.

Pero no era lo que deseaba completamente y me decidí a hacer una búsqueda de las pantis usadas de mi madrastra. Llegué al depósito de ropa sucia y debajo de varias prendas conseguí lo que tanto deseaba, las pantaletas de algodón recién usadas de mi madrastra.

Entonces regresé al baño y cerré con seguro la puerta. Lo primero que hice fue revisar las pantis y en la parte delantera encontré una deliciosa mancha que indicaba que algunos de los jugos vaginales de mi madrastra se habían impregnado y habían dejado su olor también. Me llevé las pantis a la nariz y las olí, echando a volar mis fantasías.

Ahí estaba yo con unas pantaletas de algodón usadas con jugos vaginales impregnados y sólo para mí. El olor era un olor raro, un poco amargo he de confesar, pero al mismo tiempo era delicioso sentirlo en mi olfato y saber lo que eso era.

Nuevamente, mirándome en el espejo, me enredé las pantis en mi miembro y comencé a masturbarme, haciendo que los jugos vaginales en las pantaletas hicieran contacto con mi pene para disfrutar aún más el momento.

Alternadamente olía las pantaletas y me masturbaba con ellas. Era un momento inolvidable.

Así continué, acariciando suavemente mi miembro con las pantaletas, encontrando sensaciones que no había descubierto antes y que aunque quería llegar al orgasmo, cambiaba la velocidad de masturbación para que el momento durara mucho tiempo.

Mientras lo hacía, pensaba en la idea de acabar en las pantaletas, pero ante el temor de saber que alguien me descubriría decidí no hacerlo ahí.

Continué masturbándome hasta que ya no pude más. Inmediatamente que sentí el momento de eyacular, quité las pantaletas de mi miembro y las llevé a mi boca para chupar aquellos jugos impregnados y al mismo tiempo olerlos.

En ese momento expulsé el semen en el baño, pero era tal la excitación que salían algunos chorros de semen que no creía, era algo fenomenal, incontrolable…

Tal fue mi eyaculación que no pude sostenerme en pie firmemente, mi miembro seguía erecto, mis piernas se tambaleaban y mi pene no dejaba de expulsar semen.

Así, cuando terminé de eyacular, me dispuse a revisar que las pantaletas no estuvieran manchadas de mi semen y a colocarlas en el lugar de donde las había tomado.

22/11/2009 Por: Nikita


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