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Las tetas de mi madre

Comenzaré por presentarme: me llamo Iván, vivo en Madrid, tengo 36 años y soy licenciado en derecho y psicología. Mido 1,70 y peso 67 kilos, es decir, no soy ni un cachas ni un super tío, y para colmo de males no soy nada guapo, lo único que se salva son mis ojos verdes y mi pene tampoco es como los de los tíos de la mayoría de los relatos, es normalito de largo y algo grueso, pero nada espectacular.

Esta historia comienza cuando yo tenía 28 años. Acababa de terminar la mili (con el tema de las prórrogas por estudios) y al volver a Madrid y hasta que me buscaba una casa para empezar mi vida laboral, pues volví al seno familiar, vamos, a casa de mis padres. Mi padre por aquel entonces tenía 54 años y mi madre 53. Mi madre no es ninguna mujer de bandera, es la típica ama de casa española dedicada toda su vida a su familia. Mi familia pese a ser una familia acomodada, no teníamos servicio ni nada parecido por lo cual correspondía a mi madre el hacer las tareas de la casa, ayudada a veces por su madre, es decir, mi abuela materna.

La relación con mis padres era buena. Con mi padre los típicos roces padre-autoritario con hijo que se cree más listo que nadie (cosas de la juventud) y para suerte de todos, mi padre por su trabajo (investigador químico) viajaba mucho y cuando no viajaba, pasaba en el laboratorio todo el día y gran parte de muchas noches.

En mi juventud, como espero que en la de la mayoría de los adolescentes, me había sentido atraído por mi madre como referente femenino más cercano, pero todo eso pasó pronto, pues como dije antes, mi madre no dejaba de ser una madre, es decir sin ningún tipo de atracción sexual alguno para mí. Pero como dice el refrán “Nunca digas de esta agua no beberé”, un día de verano todo cambió para mi y para ella aunque ella aún no lo sabía.

Volvía de una entrevista para mi actual trabajo y con eso del traje en pleno mes de julio y por los nervios típicos llegaba empapado de sudor. Pensaba que a esas horas, no habría nadie en casa, pues sabía que mi abuela tenía que ir al centro (vivíamos en disculpándome, pero como digo, ambos nos evadimos de lo lógico y yo me quedé mirando sus pechos que no eran los típicos grandes, de pezones oscuros y empinados hacia arriba y turgentes y demás...

Eran los pechos normales de una madre de 53 años, medio caídos y hastiados por la edad y demás avatares de la vida, pero aún así, me subyugaron de tal manera que me quedé embelesado mirándolos... y ella se quedó como embobada mirando mi mano que sostenía mi pene algo más gordo que antes de entrar y el tenerlo agarrado por la base apretando para no mearme, no ayudaba a disimularlo.

Pasó menos de un minuto, pero a ambos nos pareció una eternidad, hasta que se rompió el hechizo por un tema físico... vamos que me estaba meando, me giré hacia mi derecha y apuntando al inodoro... sacié mis necesidades entre suspiros de placer pues llevaba mucho tiempo aguantándome.

Mi madre el tiempo que duré estuvo mirando mi pene, con sus manos llenas de crema corporal y seguía desnuda, hasta que en un momento de reflexión, se dio cuenta de su situación y dándose la vuelta no se le ocurrió otra cosa que agacharse hacia el suelo a recoger el dichoso albornoz con tan mala suerte para mi que por la postura, me regaló una visión perfecta de su culo y de su vagina y para ella pues con esa visión, me terminé de empalmar y mi meada se fue derechita a la tapa del water, con el consiguiente estropicio higiénico.

Ante la situación y para quitarle hierro al asunto, ambos forzamos unas risitas, yo me la guardé como pude dentro del calzoncillo, para colmo de esos tipo slip que poco dejan a la imaginación en situaciones embarazosas y salí esbozando una disculpa estúpida dada la situación, y ella terminó de ajustarse el albornoz y allí quedó la cosa.

Me cambié a toda leche para huir a la piscina de la urbanización antes de que tuviera que cruzarme con ella, pues pensaba que el que se iba a cortar iba a ser yo, dado que ella era una mujer con experiencia y yo al fin y al cabo, casi un crío inexperto, al menos, claro está, en este tipo de situaciones. Evité a toda costa, como es lógico, a mi madre en toda la tarde, pero en la cena era inevitable, pues teníamos una especie de celebración familiar. Vino mi hermano pequeño (yo soy el mayor) y mi hermana pequeña, y mi padre, mi madre, mi abuela y una hermana de mi madre con su marido. La cena fue normal, con las típicas gracias familiares y demás. Yo era el centro de atención de la cena por 2 motivos, uno que era mi cumpleaños, de ahí la celebración y el otro mis andanzas en el ejército español, pues acababa de terminar la mili como alférez paracaidista.

Llegó el momento de los regalos, y cuando llegó el turno del regalo de mis padres, y como había notado a mi madre durante toda la cena esquivándome hasta la mirada, decidí tensar un poco la cuerda con ella. Mi padre me dio un abrazo, me regaló un impresionante reloj y volviéndome a mi madre esperando mi regalo, me dijo tartamudeando que mi regalo no había podido traerlo pues en la tienda no lo habían recibido aún, que la disculpara.

-¿Ah, pero tú regalo no me lo diste ya? Todo dicho con una sonrisa pícara.

Ella, claro, se puso roja como un tomate, y lo mejor fue que nadie se dio cuenta, pues todos supusieron que yo me estaba refiriendo al reloj, que suponía que era un regalo compartido por mi padre y mi madre. Todos, menos mi madre, que supo exactamente a lo que me refería...

Fueron pasando los días y cada vez que tenía la oportunidad le decía algo a mi madre, cuando no había nadie cerca, cosa fácil todo esto pasaba en la planta alta de nuestra casa. En unos momentos sopesé las opciones... o darme la vuelta e irme a mi cuarto totalmente empalmado y hecho un burro o probar a entrar. Hasta ahí la decisión era fácil... probaría a entrar, lo malo venía después. Si la puerta estaba cerrada con el pestillo, no habría problema alguno, pero si no lo estaba... Yo soy feo, pero no cobarde, con lo que decidí tentar a mi suerte.

Acerqué mi mano lentamente al pomo, lo agarré y pese al calor interno que tenía en mi cuerpo lo noté frío (estábamos en pleno mes de julio y en la planta de arriba caía el sol de pleno de buena mañana), lo giré lentamente y pese a lo que deseaba... empezó a girar y la puerta se entreabrió. Sin darme tiempo a pensármelo mejor, entré y cerré la puerta tras de mi. Mi madre estaba de espaldas a la puerta, sólo veía su cuerpo por detrás, su media melena, su espalda, su culo algo regordete y con apuntes de celulitis propias de la edad y unas piernas también regordetas. La mampara transparente empezaba a empañarse por el efecto del calor, pero aún se podía ver perfectamente a través de ella. Se estaba enjabonando las piernas con una manopla de crin. Se dio la vuelta y al levantar la mirada de sus piernas, nuestras miradas se encontraron.

Fugazmente pude ver un destello de sorpresa que fue rápidamente sustituido por una mirada que jamás le había visto, una mirada de mujer, de hembra, un tipo de miradas que uno cree que nunca verá en su propia madre hacia su hijo. Siguió echando gel a la manopla y empezó a frotarse los pechos. Ahí he de decir que quien se cortó fui yo. Balbuceé una disculpa y con una gran erección en mis pantalones, me di la vuelta y salí del cuarto de baño.

Dirigiéndome a mi habitación a toda leche para aliviar mi calentura, me cruzo con mi abuela, también es mala suerte, quien tras una fugaz mirada a mi abultada entrepierna, me dice, buenos días Iván, te acabas de levantar, ¿verdad? Todo con una sonrisa que me acojona pues es mi abuela. Aquí he de decir que de mi abuela desde siempre me ha llamado mucho la atención lo bien conservada que estaba para sus 75 años, con unas tetazas increíblemente grandes.

La cosa quedó ahí. A media mañana, cuando volví a bajar después de haberme duchado (en otro cuarto de baño por miedo a cruzarme de nuevo con mi abuela o peor aún, con mi madre) bajé para picar algo. Mi abuela se había ido a comprar algunas cosillas, y me encontré con mi madre en la cocina. Me acerqué a darle el habitual beso de buenos días, pues aunque ya nos habíamos visto por la mañana, en el baño, no habíamos cruzado palabra alguna. Estaba con una camiseta vieja de esas super amplias y unos pantalones cortos, es decir, una ropa normal y nada, nada erótica o provocativa, de no ser que al girarse un poco y alzar los brazos para sacar la una cosa de un armario en alto, la camiseta al ser tan amplia, me regaló una rápida visión lateral de su teta derecha.

Me quedé atontado mirando como un voyeur salidorro al hueco de su camiseta, y ella al girar la vista al oírme entrar, me pilló totalmente y en contra de lo que esperaba me dijo: -¿Qué pasa hijo, no me digas que Cris no te da lo que necesitas? Cris era mi novia desde que éramos críos, nuestro noviazgo era largo y conocido y aceptado por ambas familias, ya de hecho habíamos vivido juntos algunas temporadas.

-No es eso mamá, lo que pasa es que uno no deja de ser un hombre e involuntariamente fijarse en las mujeres hermosas.

-Anda, anda, adulador, con lo guapa que es tu Cris y mira, hijito, ya que estamos entre confidencias, te confesaré que como toda mujer que lleva casada casi 30 años, en algunos momentos me he planteado como sería tener una aventura, ten en cuenta que yo no conozco otro hombre sexualmente hablando que no sea tu padre, y claro, dadas nuestras edades y con lo que hoy en día se ve y se oye... pues como que siento que me he perdido muchas cosas que ya no sabría proponerle a tu padre, pero luego siempre me digo... total, para acostarme con un hombre de la misma edad que tu padre, que seguramente tendrá los mismos... prejuicios... ¿pues para qué? -Mamá no sé si estoy entendiéndote o no... Además, no entiendo por qué dices que tendría que ser con un hombre de la edad de papá.

-Pues está clarísimo... ¿tú crees que alguien más joven se iba a fijar en una mujer como yo, de mi edad y encima menopáusica ya? -Jajajaja, eso de la menopausia lo estás enfocando mal, pues lo dices como una traba o algo malo.

-Ah, y qué pasa... ¿qué es bueno acaso? -Por supuesto... es una gran ventaja para ti y para un supuesto amante tuyo, pues no existiría el riesgo de un embarazo no deseado. Y aquí me tiré totalmente a la piscina, arriesgándome a recibir una reprimenda por parte de mi madre. Además, más placer para ambos, para tu supuesto amante por poder correrse dentro de tu coño libremente con el placer que ello implica, y para ti, pues según me ha comentado Cris, la sensación de recibir una corrida a pelo en el coño no tiene ni punto de comparación con el hacerlo con un condón.

Aquí casi esperaba que mi madre después de regañarme por mi lenguaje con ella, cortara la conversación de raíz, pero para mi sorpresa (una más en lo que iba de día) no lo hizo, sino que me siguió la corriente con un vocabulario que jamás se había oído en mi casa y mucho menos, claro está, de boca de mi propia madre.

-Bueno, si lo miras así, sí, podría llegar a ser una ventaja, pues la verdad es que sí, que la sensación del semen en tu coño es indescriptible, y según dicen algunas amigas que no te diré el nombre, pues las conoces, eso mismo en la boca... dicen que es tremendamente excitante, pero el problema entonces se duplica....

-No entiendo... -Sí, antes estaba el problema de que tu padre se pudiera enterar y con lo de la posibilidad de hacerlo a pelo, como vulgarmente se dice, el riesgo se amplia al tema de enfermedades sexuales, ya sabes... por no hablar de lo que te dije antes... quien se iba a fijar, siendo menor que yo, en una vieja como yo... diciendo esto se estiraba su camiseta hacia abajo y al ajustársela al cuerpo, noté como tenía los pezones marcados en la tela, lo que me indicó que quizá le estaba gustando nuestra conversación secreta.

-Hombre, sí, claro, tienes razón, pero ambos problemas se solucionarían juntos sabiendo elegir a la persona. -Ahora, hijo, soy yo quien no te sigue...

-Mira te explico... para que papá no se enterase tendrías que buscar a un hombre que tuviera el mismo miedo a que papá se enterase; para lo de los riesgos de enfermedades... tendría que ser un hombre de tu total confianza, claro; y en cuanto a lo de que quien se iba a fijar en ti.... pues muchos hombres estarían encantados de hacerte el amor.

-Gracias por el cumplido hijito lindo, pero yo no quiero que nadie me haga el amor, yo lo que deseo a veces es que me follen como a una perra, que me hagan cosas que jamás he hecho ni he probado, y que ni siquiera me he atrevido a soñar en mis momentos más húmedos y solitarios.

En eso oímos el ruido en la sala donde está la pc, estaba la abuela dialogando en un chat por medio de de internet para ir con sus amigas a tomar el té alguna tarde.

Mamá y yo nos retiramos, regresé por la tarde, le di un beso a mamá y le pregunté:

-Hola mamá le dije ¿Has visto a la abuela? -Sí me dijo mirando y señalando por la ventana de la cocina. Ahí la tienes, ligoteando ella y sus amigas con los pobres viudos en la piscina...

-Jajajajaja, déjala a las pobres, que se diviertan. -Huy, hijo... tú no sabes el peligro que podemos tener las mujeres en esta casa, jajajaja. Oye, por cierto... tenemos que hablar de lo que ha pasado esta mañana aquí mismo. -Bueno, pues tú me dirás... dije acercándome a ella intentando intimidarla.

-Mira, creo que no te he entendido bien y me gustaría aclararlo antes de que pudiera haber malos entendidos. -Dime mami -Esta mañana creí, seguramente erróneamente pues sé mis... limitaciones, que una opción a mis problemas o dudas podría ser alguien... cercano. Diciendo esto se volvió hacia la ventana dándome la espalda. -Pues sí, me entendiste bien esta mañana, me refería a alguien muy cercano a ti, tan cercano como esto dije pegando mi cuerpo al suyo.

Dio un respingo al notar mi polla ya algo morcillona incrustarse en su culo y rápidamente miró por la ventana a mi abuela y su grupito de amigas, pero desde fuera y dada la altura de la ventana sólo se veía la cabeza de quien estuviera en la misma.

-Pero hijo... soy tu madre y tú eres mi hijo, no estaría bien... -¿No estaría bien? Pues esto (restregué mi polla en su culo) y éstos (le agarré los pezones con mis dedos) parece que no están demasiado de acuerdo... -Uuuummm, el tiempo que hace que nadie me toca los pezones... pero qué estamos haciendo... deja, deja, por favor te lo ruego. -¿Seguro mamita? Le dije quitando mis dedos de sus pezones y metiendo mis manos por las anchas mangas de su camiseta agarrando duramente así sus tetas con mis manos y empezando a apretárselas -Uuuummm... ay, ay, ¡qué me estás haciendo! Aaaaaaaayyyyyyyyyyyyyy...

Y para mi sorpresa se corrió con solo tocarle las tetas. Vimos que mi abuela se levantaba y empezaba a despedirse de sus amigas. Saqué mis manos de su camiseta, le apreté más aún mi polla en su culo, y le dije al oído (aún a riesgo de que mi abuela, si giraba su cabeza nos viera...): -Si te has corrido así... espera a probar mi boca en tu coño...

Se giró para mirarme y seguramente replicarme, pero yo aproveché a sacar mi lengua y lamerme de arriba a bajo sus labios, lo que la dejó totalmente parada y creo que más cortada aún que el hecho de que se hubiese corrido con mis sobeteos en sus tetas. Me di la vuelta y empecé a poner la mesa. En eso llegó mi abuela y tras saludarnos nos dijo que se iba a lavar las manos. Me acerqué a mamá y le dije al oído...

-Tú también tienes algo que deberías lavarte, ¿no? Hazlo por favor, que me está volviendo loco el olor de hembra que despides y no responde de mí mientras le tocaba el culo con toda la mano abierta.

Mi madre salió al baño y volvió al rato. Se había cambiado los pantalones cortos por una faldita por encima justo de las rodillas de esas de vuelo. Volvió también mi abuela y empezamos a comer. Mi madre no dejaba de mirarme asombrada por lo que había pasado, pero con un brillo en los ojos desde luego no de enfado.

Cada vez que había que levantarse a algo, me levantaba solícito a ayudarla, vamos, una excusa para intentar rozar su cuerpo, con todo el disimulo del mundo dado que estaba mi abuela delante, aunque yo estaba seguro que no se estaba enterando de nada... al menos eso creía... De nuevo sentados los tres, cada uno, una vez que recogimos la cocina entre los 3, nos dirigimos a nuestros respectivos dormitorios. Como creo que dije anteriormente, el cuarto de mi abuela estaba en la planta baja, y el de mis padres, los antiguos de mis hermanos y el mío en la planta de arriba, así que mi abuela se metió a su cuarto.

13/08/2008 Por: Nikita


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