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Mamá separada

Soy una mujer separada de 38 años, hasta ahora mis únicas descargas sexuales eran unas descomunales pajas frente algún filme porno, así era cogida en mi fantasía, por un negro con un miembro descomunal, una lesbiana ardiente o algún mastín incansable, según de que se trate el filme.

Una tarde estaba frente al TV, disfrutando de una sesión masturbatoria, vestida con un top, que dejaba mis enormes pechos al aire y una mini, que tenia levantada hasta la cadera, con las piernas abiertas y la tanga corrida, mis dedos volaban del clítoris hacia mi ano, mientras con la mano izquierda torturaba mis enrojecidos pezones, cuando apareció mi hijo de 20 años, ¡por la puerta del living!, salí corriendo hacia el baño, sin apagar el TV, sin poder disimular y retándolo porque a esa hora debería estar estudiando.

Él sin perder la calma me explicaba que había faltado un profesor y los habían dejado salir antes, decía, que por favor lo dejara pasar al baño que se estaba orinando, abrí la puerta y salí enrojecida de la vergüenza, él pasó a mi lado como si nada pero pude observar su tremenda erección, esto me turbó más todavía, ¿había visto, mi hijo, lo que su madre estaba haciendo?, ¿esto lo había calentado?

Debo reconocer que soy una mujer atractiva y él es un macho de ensueño, es rubio como yo, heredó mis ojos verdes y practica deportes, lo cual unido a su juventud lo hace muy apetecible, me acerqué despacio hasta la puerta del baño, sentía sus gemidos ahogados, mis dedos retomaron su trabajo, enloquecía de morbo, nos estábamos dedicando una paja el uno al otro y solo nos separaba una puerta, entonces tramé un plan, le dije en voz alta:

- Termina, ya con eso que mamá, te prepara un jugo, tenés calor, ¿no?

Caminé hasta la cocina sin sacar los dedos de mi concha. Allí, le exprimí un par de naranjas y él vino por detrás y me abrazó, bebió su jugo y luego me empezó a besar las manos, diciendo:

- Que rico juguito hace mi mamá, lamía mis dedos, los mismos que un minuto antes estaban en mi concha.

Yo permanecía de espaldas a él disfrutando como una perra en celo, cuando sentí que con total desparpajo, mi hijo me apoyaba y se movía como cogiéndome, quería reclamarle, decirle que habíamos ido muy lejos!, que parara, en cambio saqué mi cola y comencé a refregarme en su miembro erecto, le dije:

- ¿Te gusta el juguito de mami?, servite directamente.

Dándome vuelta y empujando su cabeza hacia mi entrepierna, él asintió con la cabeza y comenzó a chuparme la concha como poseído, me lamía los labios mayores para luego meterse el clítoris en su boca y chuparlo como si fuera un pequeño pene, yo me retorcía de placer, ya habíamos cruzado la línea, sabia que no había vuelta atrás.
Quería esa pija en todos mis agujeros, lo empujé con dulzura y me abalancé sobre su verga, comencé a mamarlo desde el glande hacia atrás, dándole unas lengüeteadas cortas, para luego engullir toda su pijota y apretando los labios sobre ella sacarla casi hasta afuera de mi boca, él suspiraba y entre gemidos me decía:

- Así, puta así, mámame maaaasssssssssss, te voy a coger toda mamita, Aaaaaahhhhh, que rico mami.

Dejé de mamarlo antes de que se viniera y mirándolo a los ojos le dije:

- Espero que cumplas todo lo que prometes…

Nos besamos con locura, nos comíamos la boca el uno a otro, él me manoseaba las tetas, la conchita, el orto, su dedo lubricado por mis jugos penetraba mi orificio anal casi totalmente, me ordenó: - Date vuelta, me penetró desde atrás llenando por completo las paredes de mi vagina, yo me movía como una verdadera puta apoyada en la mesada, revoleaba mis cola, empujando hacia atrás mientras le decía:

- Cogeme, bebé, soy tu puta!, cogeme toda, así, mi macho, así, - Tenés un culo precioso, mamá y unas tetas terribles, muchas veces me masturbé por vos, me limpiaba la lefa en tus tangas, murmuraba él.

Ahora comprendía aquellas manchas en mi ropa interior, decidí que esto merecía un premio, saqué su pija de mi conchita y la ubiqué en la entrada de mi ano, diciéndole:

- Acábame en la cola amor…

Él empujó llenándome de placer, su pijota me desgarraba toda, y en dos o tres minutos, sentí que latía a punto de acabar, apuré la tarea de mis dedos para acabar por enésima vez, y sentí que me inundaba el recto con su lechota.

- Así, bebe, así, dámela toda, amor, grité, - si, mamii, sii, contestaba él, mientras no paraba de empujar desencadenando en mí otra ola de orgasmos.

Luego nos duchamos juntos y nos pasamos el resto de la tarde haciendo el amor en el dormitorio, él duerme junto a mi y estamos planeando unas vacaciones en Brasil en una playa nudista, luego les cuento.

25/03/2008 Por: Sonia


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