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Desvirgué a mi tía

Por: Nikita
Mi tía era una mujer soltera y 18 años mayor que yo. Yo tenía veinte dos y tenía una novia muy linda que no quería tener nada de sexo conmigo porque quería llegar virgen al matrimonio. Así que un día al regresar a casa después de mi cita con ella llegué súper caliente que sentí el deseo de hacerme una buena paja. Todos dormían en casa, eran como las 18 de la noche.

Cuando llegué al baño, la puerta estaba cerrada, toqué. Mi tía se encontraba dentro y en un susurro me preguntó: --¿Quién es? --Soy yo, Samuel --respondí --Espérate, ya salgo-- dijo ella.

En verdad que mi tía siempre estuvo de muy buen ver: bajita, de caderas redondas y firmes y unos pechos pequeños y duros que siempre fueron motivo de alguna de mis pajas. Cuando salió del baño me llevé tremenda sorpresa, ella salió vistiendo un baby doll transparente que dejaba ver toda su hermosura y la firmeza de sus carnes, tenía los treinta y un años más bellos que yo había visto. Después de deleitarme viendo su figura la miré a los ojos y noté una mirada extraña en ella. Se había dado cuenta que yo tenía el miembro duro y listo para la faena.

--Pasa -- me dijo al tiempo que me cedía entrada al baño --¿Qué hace levantada? pregunté. --Estaba leyendo --respondió.

Entré al baño mientras ella se retiró a su cuarto. Aquello me encendió: me la imaginé en su cuarto con las piernas abiertas y sin pantaleta pasándose el dedo por esa dulce semillita de placer que es el clítoris. Cambié de idea, dejé correr el agua y me dirigí a mi cuarto a volarme tremenda paja doblemente caliente por mi novia y ahora por mi tía.

Entré en mi cuarto y puse mi lámpara en la cabecera de mi cama a media luz. Me desnudé y de inmediato me saqué el miembro para darme el alivio que tanto necesitaba. Comencé por tomar un poco de lubricante en mi mano y mojé mi miembro para que estuviera resbaloso mientras le retraía la piel en un movimiento rítmico que me daba el mejor de los placeres. Lo tenía duro como un palo y ese momento solo deseaba poder meterlo en una rajita jugosa y peludita como la de mi novia que ya me había dejado tocársela una vez en el cine. De pronto escuché que mi puerta se abrió despacio y pensé: Mierda, ya me cogieron. Traté de esconderme bajo la sábana, pero era tarde, mi tía ya estaba dentro y junto a mí.

-- ¿Qué haces? --me dijo con asombro. ---¿Tía qué haces tú aquí? -- le pregunté, un poco avergonzado y tratando de taparme.

Ella mientras tanto no quitaba los ojos de mi tranca y eso me excitaba mucho más. Pude ver como debajo de su baby doll sus pezones se le endurecían y me di cuenta que ella también estaba más caliente que una perra en celo.

--Sobrino, no te tapes, déjame verte. Es más, déjame ayudarte.

Sus palabras por poco me paran el corazón, ella se sentó en la cama y sin decir más extendió su mano para arrebatarme la sábana. Su mano pequeña empezó a acariciarme con torpeza al principio, pero luego tomó ritmo y yo la dejé hacer. No podía quitarle los ojos de sus pechos.

-- ¿Puedo tocar tus senos? --Claro bobo --- me respondió.

Alargué mi mano y la metí por entre la manga de su camisón y empecé a acariciar su tetita tiernamente. Ella jadeaba, pero no soltaba mi tranca. Así pasaron unos minutos hasta que sentí que me estallaba la cabeza del tolete. Ya estaba por venirme, empecé a sentir que la cabeza de mi pene iba a estallar, que iba a bañarla con mi semen. Ella pareció darse cuenta porque me dijo: -Dame tu lechita sobrinito lindo. --- ¿De verdad, la quieres? --Si derrámate ya mi nene --- respondió.

Mi leche salió en un largo chorro espeso y blanco. Ella la cogió en el aire directo hacía su boca y se la bebió completa. Toda, sin derramar una gota. Me quedé espantado.

--Tía, qué le pasa, nunca la creí capaz de algo así---le dije con genuino asombro.

Ella se sentó mejor sobre la cama y dándome una mirada llena de lujuria me dijo con voz bajita:

-Hace mucho tiempo que deseaba que esto pasara. Me imaginé las calenturas que pasarías, quizás tantas como yo.

Eso fue una verdadera confesión y acto seguido me besó en la boca. Yo la abracé con fuerza, sin deseo de soltarla y con mi lengua fui invadiendo su boca. Ella me correspondió y nos besamos por largo rato.

A la mañana siguiente desperté muy temprano todavía impresionado por lo sucedido la noche anterior. En mi mente no podía aceptar que mi tía sintiera algo por mí y mucho menos que hubiera venido hasta mi cuarto y se hubiera bebido mi semen, era como estar recordando un sueño. De pronto la puerta se abrió de nuevo muy lentamente: era ella, mi tía Elena.

--Buenos días --Hola --¿Tía qué haces aquí de nuevo? --Tenemos que hablar de lo que pasó anoche. ---Tía, por favor, no vayas a pedirme que lo olvide. No podría. ---No,--dijo ella-- fue algo muy lindo, solo quiero que no lo digas a nadie, que lo guardemos como un secreto. ---Está bien, así lo haré.

Entonces la abracé, la apreté contra mi pecho y tomando su cara entre mis manos puse mis labios sobre los suyos. Sus labios húmedos se abrieron suavemente para dejar entrar mi lengua, nuestras lenguas se encontraron y yo dejé que ella penetrará su lengua en mi boca, después yo le introduje la mía y jugué con las partes internas de sus labios. Lamí sus labios y se los chupé como un pezón. Ella se soltó de mi abrazo y me dijo:

-Samuel, yo sé que esto no parece bien, pero me siento sola y desde hace mucho tiempo empecé a desearte. ---Tía yo también la he deseado en silencio muchas veces y me he venido pensando en usted. Tiene un cuerpo muy bello. Hace tiempo que yo también la deseaba.

Volvimos a besarnos con toda la pasión de un amor que comienza.

Acordamos que íbamos a compartir muchos momentos juntos, pero que no lo diríamos a nadie para no causar pesar a nuestros familiares. Ella me dijo que desde hacía ya mucho tiempo se había dado cuenta de mi crecimiento y había comenzado a desearme. Yo por mi parte también le dejé saber lo mismo: que ella me gustaba y que incluso me había sentido un poco enamorado de ella en el pasado, pero por respeto arranqué de mi mente mi deseo y me busqué una novia.

Le dije que cuando la miraba me excitaba mucho y que varias veces había terminado haciéndome una paja a nombre de ella. Ella se sonrió y confirmó que hacía lo mismo, ya que siendo soltera y sin deseo de casarse no le quedaba otro remedio. Me preguntó si yo era virgen, a lo cual yo le respondí que no y ella quería que le contara como fue mi primera vez.
--Y tú, ¿eres virgen? Ella quedó callada un rato largo y yo esperando, finalmente me dijo: --Aunque no lo creas, lo soy.

--Pero tú has tenido novios. ---Si, pero nunca pensé que hubiera uno que supiera darme la primera vez que yo soñé, así que nunca lo hice con ninguno.

Eso me llenó de imaginaciones, ¿sería yo el hombre que ella esperaba para que la desvirgara? El tiempo lo diría. Ese día nos encontrábamos solos en la casa así que le dije que qué tal si aprovechábamos el tiempo para darnos más amor y conocernos mejor.

-- ¿Qué quieres que hagamos? --Vamos a desnudarnos, tengo muchas ganas de ver tu cuerpo desnudo.-- el saberla virgen me llenó la mente de otras ideas, pero me contuve. ---Está bien, tú primero ---dijo ella.

Nos fuimos a su cuarto y nos sentamos en su cama. Me quité la camisa y luego los pantalones y la trusa quedando totalmente desnudo. Ella pudo ver que a pesar de mi juventud ya tenía pelos en el pecho y ella dijo que eso le gustaba. Vio mi pene y ahora con más calma lo examinó: le limpió una gota de líquido viscoso y gruesa que me venía saliendo debido a la excitación y la puso en su lengua al momento que me daba una profunda mirada. Retrajo la piel de mi pene hacia atrás dejando toda la cabeza al descubierto, estaba roja y grande que parecía que quería estallar. Midió mi pene con su mano y me dijo:

-Sobrino qué rico estás. Cómo has crecido, vamos a gozar mucho.

Yo me sentí estallar, pero me contuve y me acosté en la cama boca arriba.

--Tía quiero verte desnuda, ahora te toca a ti. ---Si mi papi rico, ahora me verás. Paciencia.

Acto seguido se bajó de la cama y comenzó a desnudarse. Se quitó la blusa y debajo no tenía nada así que pude ver sus deliciosos pechos pequeños y firmes, redondos como dos manzanas maduras, jugosos. Los pezones eran oscuros casi puede decirse que de un color marrón oscuro que contrastaba de manera muy linda con su piel blanca. Su piel dejaba ver partes bronceadas y partes muy blancas, las marcas de su bikini. Su estómago estaba plano y su ombligo era una O perfecta en medio de su cuerpo.

Desabrochó su pantalón y lo dejó caer al piso quedándose solo con la pantaleta puesta. Era de encaje, blanca. Se acercó hacia mí para que yo la abrazara y tomándola por la cintura enterré mi nariz en medio de sus piernas, pude sentir el olor de su sexo, su pantaleta se estaba poniendo húmeda por sus jugos que empezaban a mojar la piel del interior de sus muslos. Era delicioso, perturbador el olor de aquella mujer en celo. Cogió mis manos y las dirigió hacia el elástico de sus pantaletas y dijo:

-Esta me la quitas tú.

Me levanté y puse mis manos en su cintura y comencé a bajarle lentamente su prenda íntima. Quedó al descubierto su pubis, lleno de vellos, la rajita oculta entre ellos. Pude ahora, con una caricia muy suave separar sus labios y los labios menores eran tan oscuros como sus pezones, el labio izquierdo era ligeramente más largo que el derecho. Los acaricié suavemente por largo rato dejando que mis dedos se lubricaran con sus jugos que a estas alturas manaban abundantes de su cuevita.

Los separé y pude ver su himen intacto, rosado como un pétalo de rosa. Por fin le quité la pantaleta totalmente y hundí de nuevo mi cara entre sus piernas y sentí ese olor inconfundible de una mujer deseosa. La besé desde el comienzo de su rajita hasta llegar a sus labios y luego la acosté en la cama y me dediqué a admirarla.

Era bella, me deleité viendo su cuerpo. Le dije que abriera las piernas, lo cual ella hizo y me arrodillé en medio de ellas. Tenía su clítoris duro y erecto. Ella cerró sus ojos y respiraba con un ritmo que hacía subir y bajar su vientre. Con el dedo medio acaricié toda la extensión de su raja hasta llegar al ano, el cual al tocarlo ella lo contrajo como en un espasmo protector. Comencé a mover mi dedo medio en forma circular encima de su clítoris mientras con el dedo pulgar acariciaba los lados de sus labios menores. Tenía su conchita muy hinchada y caliente, ardiendo de deseo.

--Ummm... --logró balbucear- que rico me lo haces. Pásame ese dedito por toda mi rajita y hazme venir. Hazme gozar papito.

Seguí pasando mi dedo por su vulva, dándole un masaje a esos labios hinchados por el deseo, se miraban rosados, casi rojos. Su cuerpo se retorcía y a la misma vez ella se movía como deseando ser penetrada. Pasados unos segundos yo noté unos espasmos en su vientre.

--Me estoy viniendo, papito toma mi venida en tus manos-- un líquido transparente y espeso y con un olor a frutas salió de dentro de su concha y me mojó la mano. Yo la unté en sus piernas y sus vellos púbicos mientras ella seguía teniendo espasmos debido a su orgasmo y se retorcía de placer. Cuando se calmó me miró a los ojos y me dijo: -- ¡Qué bien lo haces! Me has hecho venir sin medida, me has dado la mejor paja de mi vida.

Me acosté junto a ella para reponerme de todas las emociones y esperar el momento ideal para romperle su himen. El saber que, a pesar de que había tenido un par de novios, seguía siendo virgen me había hecho que me pusiera en mi mente la meta de ser yo el primero. Me volteé hacia ella y la miré a los ojos y comencé a besarla en las mejillas y luego en los labios. Nuestras bocas se juntaron y nos dimos un beso largo y callado. La miré a los ojos muy profundamente, seguían brillosos por la pasión y el deseo. Nuestros cuerpos estaban repuestos del primer encuentro y ahora yo solo esperaba lo mejor: estrenar aquella concha con mi miembro.

--Tía quiero hacerte mía -- ¿Siiii? --Quiero penetrarte, estar dentro de ti y gozarte. ---Mi amor --dijo ella, mirándome a los ojos-- quiero ser tuya y que me ames toda la vida. Quiero que me hagas tu mujer para siempre aunque tenga que ser un secreto toda la vida. ---Tía, ¿estás enamorada de mí? --Si sobrino, eso te quiero decir, que me di cuenta hace mucho tiempo, pero no tenía el valor de decírtelo, ni hallaba el momento. ---Tía, yo también te quiero. Había notado que eres una mujer completa y algunas veces me hice unas pajas pensando en ti. ---Yo también me excitaba pensando en ti.

Mientras hablábamos ella me acariciaba el estómago y mi miembro duro desde hacía mucho tiempo, ella lo tomó entre sus manos, se hincó en medio de mis piernas y lo besó, dándole un ligero chuponcito en la cabeza lo cual me encendió mucho más.

--Ahora si mi amor quiero que me hagas tuya.

Se acostó nuevamente boca arriba y me puse encima de ella. Ella abrió sus piernas tan ancho como pudo y yo toqué su conchita y me di cuenta que estaba mojada, lista para el momento sublime de sentirse desvirgada. Dirigí mi miembro hacia la entrada de su vagina, empujé despacio y sentí la dureza de su himen oponiendo resistencia a aquel pedazo de carne, a mi miembro intruso que quería abrirse paso a través de ella. Me retiré un poco y tomando más impulso me lancé a fondo logrando penetrarla. Ella lanzó un gemido, mezcla de dolor y satisfacción. Me hundí hasta el fondo y pude ver que su frente se arrugaba al mismo tiempo que cerraba sus ojos y una lágrima escapaba por sus ojos.

Me detuve por un momento y pude sentir algo pegajoso que se adhería a mi miembro y deduje que era la sangre de su himen al romperse. Empecé a moverme con ritmo, despacio hacia adentro y hacia afuera, gozando aquella vagina en la cual era mi miembro el único que había entrado y lo hacía por primera vez. Ella acompañaba mis movimientos con el movimiento de sus caderas, mi pubis rozaba su clítoris haciendo que sus embestidas fueran cada vez más violentas y placenteras.

--Gózalo tía --Si mi amor, mi sobrinito rico, lo estoy gozando, tal y como lo soñé.

Le di un beso en la frente y luego besé su boca mientras la cogía fuertemente por los hombros, la excitación seguía creciendo y la presión dentro de mi sexo crecía más y más, se acercaba el momento de mi venida. Sentí el cosquilleo, preámbulo de mi orgasmo, en la cabeza de mi órgano y le dije: -Me estoy viniendo, me la vas a sacar mamacita --Dámela quiero recibirla dentro de mí, lléname de lechita. Yo también me vengo.

Sentí de repente que su vagina apretaba mi pene como queriendo que nunca saliera y después empecé a sentir las paredes de su vagina contraerse alrededor de mi miembro en rítmicos espasmos que denotaban que estaba teniendo su orgasmo. Lanzamos un suspiro muy profundo, ambos a la misma vez, en ese momento yo me derramé dentro de ella llenándola por primera vez con el semen que salía a chorros por la cabeza de mi pene.

Nos quedamos callados mirándonos el uno al otro, nos besamos y cuando sentí que mi erección decrecía, me acosté a su lado. Debajo de sus nalgas las sábanas blancas mostraban una mancha de sangre, mi vello púbico también estaba manchado.

--Todo fue tal como yo quería que fuera mi primera vez -- ¿De veras? --Sí, si mi amor, de verdad me has hecho muy feliz, has hecho mi sueño realidad, gracias sobrino.

Y me dio un largo beso en la boca. La verdad es que yo también lo había disfrutado, había soñado con un momento como este, pero tuve mucho más de lo que esperaba pues ella era virgen y se entregó a mí, su sobrino, para que la estrenara. Ahora lo único que queríamos era volver a hacer el amor. Nuestros cuerpos ya estaban unidos por el amor y el deseo.

Añadido el 22 de Junio de 2008

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