Los mejores relatos eroticos clasificados por la categoria amor filial

Buscador de Porno XXX



Relatos Eróticos / Cuido a mi hermano

Cuido a mi hermano

Siempre que recuerdo los acontecimientos de aquel septiembre me excito…La verdad es que he experimentado y vivido muchas cosas desde entonces, pero el morbo especial que tuvieron aquellos días fue algo único e irrepetible…

Mi vida hasta entonces había sido relativamente normal, como la de cualquier chica…Aunque en el ámbito familiar no había sido muy agradable. Y es que mis padres, aunque puede que fueran buenas y agradables personas si las tenías por amigos, no es que fueran los mejores progenitores del mundo precisamente. Mi infancia estuvo llena de abandono y prácticamente tuve que hacer de madre de mi hermano menor, nacido cinco años después que yo. Nuestros padres siempre pasaban fuera casi todo el tiempo, es verdad que trabajando la mayor parte, pero yo sabía que es que tampoco les gustaba estar en casa. Sin embargo y aunque a veces al pensarlo me parece increíble, salimos adelante bastante bien, y siendo ya adolescente supe aprovecharme de la libertad que me daba su falta de vigilancia y sus ausencias… Desde bien jovencita y, sobre todo cuando entré en la universidad, había sido una chica coqueta, atractiva y, como diría el carca de mi padre si lo supiera, una libertina. Empezando con mi primer novio a los 18 y hasta mi último rollo veraniego de aquel año en que trascurrieron los hechos que les voy a narrar, tuve aventuras y escarceos de forma continua y con gran variedad. Había leído muchos relatos y visto muchas películas y todo quería probarlo…

Así que el único hombre constante en mi vida, por decirlo de alguna manera y aunque nunca había pensado en él como tal era mi hermanito. Él era,…, como decirlo,…, especial. Es extraño que en una familia tan extrovertida como era la nuestra hubiera alguien como él. Era tímido, reservado y silencioso. No sé si se debía a la naturaleza o a la desafección de nuestros padres, no sé nada de estos temas, y desde luego nunca le llevamos a ningún psicólogo. Mis padres los consideraban una estafa. Y puede que no les importase. Pero la verdad es que a mí sí me importó, aunque no sabía que hacer. Sandro, que así se llama mi hermano, era inteligente y podía ser encantador cuando cogía confianza con alguien, cosa muy infrecuente, pero vivía en una burbuja que, al menos en apariencia, era inaccesible. Sobre todo desde los 18 o 18 me preocupaba de verdad. No tenía amigos entre sus compañeros, y mis amigas veinteañeras no eran precisamente la mejor solución. Cuando volvía del colegio yo era su única compañía y la única con la que hablaba, ya que con mis padres sobra decir que la relación era casi nula. Bueno, la verdad es que más bien él escuchaba y yo hablaba. Me gustaba contarle las cosas que había hecho a lo largo del día y, cuando tuvo edad, incluso le empecé a narrar mis experiencias sexuales. Me hacía gracia como se ruborizaba y bajaba la cabeza, como si no le interesara, pero yo sabía que me escuchaba muy atento…Eso siempre me divertía. Aunque para mí sólo era un juego y le veía solamente como mi hermano, de hecho, había sido casi como un hijo…No imaginaba que eso pudiera cambiar.

No sé exactamente como empezó, pero fue al final de un largo y caluroso verano. Yo estaba cerca de acabar la carrera justo cuando Sandro iba a empezar derecho y ciencias políticas en septiembre. En ese momento estaba muy nervioso, ya que iba adentrarse en un ambiente nuevo. Yo no me preocupé mucho, ya que eso era normal y le pasaba a todo el mundo. Y es que además yo en ese momento tenía la cabeza en otra parte.

Aquél verano había tenido una pequeña aventura con un compañero de la universidad. No había sido nada innovador, el tío era un poco soso y receloso a la hora de probar cosas nuevas, pero estaba muy bien dotado y eso me había bastado para aceptarle en mi cama durante varias semanas. Una vez aburrida de él lo deje y lo cierto es que en esos momentos estaba buscando algo que no hubiera hecho antes, quería algo que fuera enteramente morboso, algo todavía más prohibido…Empecé a mirar por Internet por adquirir ideas. Yo ya había tenido la suerte de probar muchas cosas: había estado con chicos, con chicas, tríos, orgías,…Pensé en la zoofilia aunque no terminaba de convencerme, o en el morbo de intentar seducir a alguno de mis profesores pese a que ninguno me parecía demasiado atractivo aunque sabía que podría, pues nunca había tenido problemas con ningún hombre gracias a mi físico…Sí, estaba orgullosa de éste. Alta, pelo negro que me caía en una suave melena por la espalda, grandes ojos azules, rasgos delicados con una nariz respingona y una boca suave de rosados labios…Un cuerpo con suaves curvas: unos pechos grandes y redondeados, suaves, una piel suave y blanca que bajaba en un ligero torso hasta unas seductoras caderas que seguían en unas largas y delicadas piernas. No queda bien que lo diga de mí misma, pero soy todo un bombón.

Y estaba en eso, buscando cosas para probar cuando, no sé por qué, me encontré de repente leyendo muchos relatos de incesto. No es que no hubiera leído antes ninguno, pero ahora empecé a devorarlos con avidez. ¿En quién pensaba? Empecé pensando en seguir a mi padre…Era un carca conservador y me divertía imaginar que pasaría se supiera como era su hija, o si ésta de repente le pusiese a su alcance su cuerpo para qué lo gozase… ¿Estallaría de furia o se dejaría llevar por la lujuria? También pensé en mi madre. Ella era más liberal, pero no creía que tanto, aunque me daba más morbo que mi padre. Pero no. Realmente me caían demasiado mal a esas alturas como para fantasear bien con ellos.

Quedaba mi querido hermanito. Al leer un relato protagonizado por dos hermanos lo pensé…Al fin y al cabo él ya tenía dieciocho años. Era un hombre aunque no hubiera pensado en él nunca de esa manera. Y lo cierto es, qué, pensándolo bien, además era guapo…Y tan inocente en su desconocimiento del sexo que la idea de enseñarle algunas cosas lleno mi mente de morbosidad. Pero aquella primera idea fue descartada. Sandro era mi hermano, pensé, realmente no estaría bien, además, ¿cómo podría afectarle? Y eso sin contar con que él nunca lo haría conmigo aunque yo se lo pidiera…

Pero a pesar de que había descartado el incesto como medio de alcanzar nuevas experiencias, no pude dejar de fijarme en mi hermano de otra forma. Hasta que empezaran las clases él no tenía nada que hacer y se pasaba gran parte del tiempo leyendo en su habitación o viendo la televisión. Realmente era guapo. No tanto como otros novios o amantes que había tenido, pero en caso de no tener parentesco que nos uniera pensé que me habría fijado en él, al menos para un revolcón rápido…Imaginarme con él me era difícil, pero lo cierto es que no podía quitarme la idea de la cabeza. Y cada vez parecía entrar más y más. Él en casa vestía de manera informal, al ser verano llevaba un pantalón corto y una camiseta, por lo que podía imaginármelo desnudo perfectamente, y una mañana me sorprendí pensando como estaría de dotado.

Finalmente, un pequeño incidente el último día de agosto me decidió prácticamente. Aquella tarde llegué a casa antes de lo previsto, pues una cita que tenía con unas amigas se canceló en el último momento. Entré a casa y vi que todo estaba tranquilo. Miré el reloj. Me extrañó que mi hermano no estuviera viendo la tele, ya que era la hora de su serie favorita. De hecho, había mucho silencio. Aunque pensé que era una tontería, me inquiete un poco y fui a su cuarto. Si, ahí se oía algo, un sonido apagado…Sentí curiosidad, pero dudaba de que hacer…Finalmente, decidí arriesgarme: Di dos golpes fuertes en la puerta como para llamando pero entré antes de que tuviera tiempo a nada.

Él estaba sentado frente a su escritorio, y note que reaccionaba co un movimiento cerca de su entrepierna y cerrando una ventana. No necesitaba más para imaginar que había estado viendo porno. Realmente, pensé sonriendo para dentro, mi hermanito ya era mayor.

-No te he oído llegar-me dijo. Su voz sonaba tranquila aunque respiraba de forma un poco agitada. A pesar de que intentaba que no fuera visible arrugando su camiseta pude percibir que tenía una erección. No pude hacerme una idea del tamaño, pero sentí un cosquilleo y una extraña sensación de vacío en mi boca…

-Acabo de llegar-le expliqué-La cita que tenía se suspendió.

-Ah-se limitó a asentir.

-Me extraña que no estés viendo tu serie-comenté.

-Hoy no me apetecía-respondió.

Fue mi momento para limitarme a asentir. Empecé a preguntarme si aprovechaba siempre que se quedaba solo para masturbarse con tranquilidad…Claro, no tenía a nadie para hacerlo, sin amigas y sin novia…Yo era lo más parecido que había a una mujer en su vida. ¿Habría él fantaseado alguna vez conmigo, con follarme a mí, su hermana?...Me sentía muy caliente con esas ideas…Pensé en si sería oportuno ver hasta dónde podía llegar la situación.

-¿Qué hacías?-le pregunté intentando poner el tono de más inocente curiosidad posible.

-Nada, aquí, navegando por la red-me contestó.

-¿Viendo cosas?-le pregunté-Cuando llegué se oía como un video-no era verdad, pero decidí arriesgarme.

-Sí, estaba en you tube-hablaba con calma, pero conociéndolo como lo conocía, sabía que estaba qué estaba cada vez más nervioso. Probablemente se estaba preguntando cuánto había oído y qué.

¿Qué debería hacer? Yo ya tenía claro que me mentía, ¿y cómo debía actuar? Por un lado no me gustaba que me mintiera y pensaba que debía decirle algo así como que podía confiar en mí, que no me parecía mal que viera porno, sino muy normal. Por otro lado, frente a eso, frente a la hermana, estaba mi yo ninfómano que cada vez tenía más claro que mi querido hermanito era un amante en potencia. Ambas se debatieron un momento y finalmente dije:

-Pues a mi me parecía que hacías otra cosa.

-¿Otra cosa?-se limitó a repetir, inexpresivo. Realmente le creería si no fuera porque le conozco.

-Vamos, hermanito. Tú sabes lo que hacías y yo también. No tiene nada de malo. Además, yo ya sé que lo haces, ¿o crees que soy tonta?

-No eres tonta.

-Pues no intentes engañarme cuando lo he visto.

Entonces sí se quedo callado. Realmente no le había visto “in fraganti”, pero el farol me había servido antes y me sirvió también esa vez.

-¿Lo has visto?-miraba hacia otro lado.

-Sí. Y no tiene nada de malo, pero no me gusta que no me digas la verdad. Somos hermanos y tenemos confianza, ¿no?

-Sí-asintió con voz queda. Me miró-¿Estás enfadada?

-No, pero no me vuelvas a mentir, ¿vale?

-Vale.

En ese momento pensé que le tenía a m merced. Pero todavía no estaba del todo segura de querer hacerlo,…, no estaba del todo excitada y tampoco sabía a que podría llegar él. Pero decidí hacer un tanteo para terminar con aquello…de momento.

-Bien, ahora dime lo que hacías-le dije, con voz dulce pero imperativa, debía saber que quería una respuesta.

-Bueno, ya lo sabes-me dijo.

-Sí, pero digamos que es un pequeño castigo. Quiero oírlo de tus labios, y nada de eufemismos-le dije, regodeándome en mis palabras.

Él tardó un poco, pero tras unos largos minutos entendió que no me iba a ir ni a dejarle escapar.

-Me estaba masturbando-confesó finalmente.

-Así me gusta, con sinceridad y confianza-le dije-Ahora te dejo, tengo cosas que hacer-me despedí saliendo por la puerta, satisfecha con esta victoria y algo excitada tras oír las palabras de mi hermano.

En los días siguientes mi interés por mi hermano fue creciendo todavía más. La idea de mantener relaciones sexuales con él iba teniendo más aceptación. Pensar en ser la primera chica con la que estaría, en todo lo que podría hacerle…Me sentía totalmente húmeda…Además, me dije, con lo que le voy a enseñar se le va a quitar esa tonta timidez de golpe. Empecé a fantasear con todo lo que podría hacer con él. Él era un chico tímido, estar planteándome la posibilidad de hacer de él un amante del placer como yo… Me hacía sentirme deliciosamente sucia y corruptora…

Después del incidente yo ya estaba decidida a tomar para mí la virginidad de Sandro. Empecé tanteando sus reacciones frente al sexo. No es que vistiera antes de forma casta ni era una monja precisamente, pero ahora decidí vestirme con la menos ropa posible y casi exhibirme cuándo estábamos solos en casa: vistiendo pantaloncitos o faldas que apenas me cubrían el culo o camisetas ajustadas, e incluso, con la excusa del calor, a veces simplemente me ponía un pequeño sujetador que le permitía contemplar casi por completo mis bien formados pechos…Esa táctica funcionó. Claro que sabía que a ningún tío, por muy hermano mío que fuese, se le podía poner semejante cuerpo delante de las narices sin que reaccionara. Al principio pareció evitarme, pero yo casi le obligaba a mirarme, llamándole cuando nos cruzábamos en el pasillo, poniéndole las piernas encima cuando mirábamos la tele, etc. Sus primeras miradas eran rápidas, pero cuando cogió algo de confianza y yo le dí muestras de que no me importaba que me observara, se quedaba a veces un rato largo escudriñándome, comiéndome con la mirada…Él nunca había visto tan de cerca ninguna chica desnuda. Quería que me viera como una mujer como yo ya le había aprendido a ver como un hombre…Sería el primer paso para mi plan de meterle en mi cama y entre mis piernas.

También le hablaba más que nunca de sexo. Quería que en su mente esa palabra quedara ligada a mi persona, que no pudiera pensar en ello sin ver mi cuerpo, que exhibía al tiempo para él. Le hablaba de mis últimas aventuras del verano, y al mismo tiempo, yo le preguntaba a él, cosa que le hacía sonrojarse. Por supuesto, él no tenía amigas, y yo le picada diciéndole cosas como que en la universidad seguro que conocería chicas guapas o que cuando quisiera traerse alguna a casa para follar solo me avisará, para no aparecer y cortarle el rollo. Sobre todo esas cosas le daban una gran vergüenza, y yo, como ya antes, me divertía pinchándole, pero ahora había otra cosa…Ahora también quería ver si le excitaba.

Y durante esos días yo también me vi afectada. Me iba sintiendo más y más caliente según llevaba a cabo mi plan y ya deseaba acostarme con mi hermanito…Me decía que le iba a enseñar varias cosas y me divertía con mi propia perversión. Cada vez pasaba más tiempo en casa y casi no le dejaba…

Mi siguiente paso fue tocarle. Realmente a él no le había terminado nunca de gustarle el contacto físico. Pero ahora, me dije, eso va a tener que cambiar. Empecé con cortos abrazos, a veces sin venir a cuento. Él al principio se sentía incómodo, pero poco a poco se acostumbro. Luego fueron más largos y después me permitía recorrer su cuerpo con mis manos, por su espalda, sus muslos, sus brazos, incluso su culo…Y noté que aún nervioso, cuando era más atrevida, su pene reaccionaba y empecé a acercarme para sentirlo. Él, como no, empezó alejándose cuando sentía una erección, pero yo no le dejaba y tuvo que ceder. De hecho, empezaba ya a disfrutar esos juegos como lo hacia yo, y aunque nunca se atrevía a tomar la iniciativa, una vez que empezaba, él se dejaba hacer. Quizá hasta me habría dejado tocar directamente su polla, pero no estaba segura de ir tan lejos todavía, o al menos de esa manera.

Finalmente, decidí que no aguantaba más. Las miradas y los toqueteos ya no me contentaban. Era la hora de hacer mío a Sandro. Y la oportunidad se presentó unos pocos días después, poco antes del inicio de las clases.

Mis padres, como he dicho, casi no paraban en casa. Pero aquella semana sería todavía mejor. Se iban a un viaje y tendríamos la casa totalmente para nosotros. La primera noche que fuéramos a pasar solos, mi hermanito no se me escaparía… Decidí preparar algo especial.

Aquel día tenía que deshacerme de él hasta la noche, para poder prepararlo todo sin que viera nada. Me costó bastante, pero logré convencerle de que fuera con un viejo amigo mío a la universidad con la excusa de que así la conocería antes de ir por para vez a clase, y cosas así. Desde luego no se marchaba entusiasmado, pero Jorge, mi amigo, me aseguró que se encargaría de todo. De todas formas no tenía tiempo para preocuparme de ello: tenía trabajo que hacer.

Primero, compras. Lo cierto es que me gasté más de lo que hubiera querido, pero era una noche especial y por una vez al año me dije que no pasaba nada. Limpié la casa e hice la mejor cena posible. No es que sea buena cocinera, pero tengo algo de mano y preparé ternera con puré de patatas, que a Sandro le encantaba, así como una ensalada y una buena salsa para acompañar. Compré vino, que mi hermano nunca había probado, para beber, así esperaba que viera lo “serio” y “adulto” que quería que fuese la noche…Me reí al pensarlo.

Preparada la cena y el comedor, pasé a mi dormitorio. Puse nuevas sábanas y ordené un poco mi cuarto. Esta noche estaba decidida a no dormir solita… Finalmente, sólo me quedo vestirme y arreglarme. Estaba decidida a ponerme lo más guapa posible. La primera chica de mi hermano, me dije, tiene que ser muy atractiva… Me puse uno de mis mejores vestidos, de seda negra, que con un suave pero abierto escote y sus líneas, dejaba ver e insinuar mis formas sin caer en un simple exhibicionismo. También me puse unos zapatos de tacón, medias y, por debajo un conjunto de lencería sexy. También me maquille a conciencia: sombra de ojos que contrastaba con mis ojos azules, lápiz de labios de un rojo intenso… Cuando me miré pensé que más que guapa podía parecer una putita… La putita de mi hermano… Me gustó.

Finalmente llegó la hora en que tenían que volver. Por un momento temí que volvieran antes, pero Jorge debió controlar la situación. Estaba en la cocina cuando oí las llaves y las voces y los pasos de los dos chicos entrando en la casa.

-Ya hemos vuelto-dijo Jorge-¿Estás, Elena?

-¡Sí!-le contesté sin salir. No quería que vieran como estaban: Jorge porque no sabía lo que planeaba y que el favor que le pedí para mi hermano era una distracción, y Sandro, porque antes tenía otra sorpresa para él.

-Bueno, me voy, ¡adiós!-se despidió el primero.

-¡Adiós!-me despedí igualmente sin aparecer. Esperé entonces a qué se cerrará la puerta y poco después dije-Sandro, ¿estás ahí?

-Sí-oí la voz de mi hermano desde el salón-¿Dónde estás?

-Ve a tu cuarto y cámbiate-le dije-Vamos a cenar. Ponte la ropa que hay sobre tu cama.

-¿Qué ropa?-me preguntó.

-Sandro, cielo, tú haz lo que te he dicho-le dije nuevamente con mi tono dulce-imperativo.

Yo estaba nerviosa. Aquella era la noche y no sabía del todo como reaccionaría él. Desde luego creo que no se lo esperaba y aunque esperaba que se dejara llevar por mí no lo podía afirmar con plena entereza. Yo me senté en un lado de la mesa, en el comedor, esperando que apareciera.

-¿Dónde estás?-le oí 18 minutos después.

-¿Te has vestido?-le pregunté a su vez.

-Sí.

-En el comedor.

Efectivamente, se había puesto la ropa que le había dejado. Algo sencillo pero que me parecía elegante. Un traje sencillo: una camisa blanca y una chaqueta y pantalones oscuros, zapatos marrones. No le había puesto la corbata, quería algo elegante pero no demasiado formal. Cuando entró en el comedor, yo me levanté y fui hacia él para que me viera de cerca. Estaba desconcertado, como esperaba, pero noté en su mirada que le gustó verme.

-¿Por qué estamos así?-me preguntó.

-Es una noche especial-le dije.

-¿Por qué?

-Porque vas a ir ya a la universidad-le dije, aunque no era por eso…-Además, estamos solos en casa y pensé, vamos a hacer algo especial.

-Ah…-asintió. Aunque creo que no le convencí del todo.

En cualquier caso nos sentamos y empezamos a comer. Estaba contenta. El día había sido duro, pero adivinaba la recompensa que me cobraría aquella noche. Él estaba muy guapo con la ropa que le había comprado y notaba como, con disimulo, me miraba el escote, que por otro lado, yo dejaba bien a su vista.

Empezamos hablando de la universidad, claro. Le pregunté por la visita y le hable de lo que conocía. Tocamos muchos temas después y yo procuré que bebiera todo el vino posible… Por si acaso, era mejor ablandar sus posibles reticencias a la hora de entrar en la cama de su hermana y, bueno, en el cuerpo de su hermana. Um… Me calentaba pensando en que pronto tendría a mi hermano desnudito en mi cama para llevar a cabo todos mis deseos, y además, virgen, sin estrenar… No pude reprimir una extraña sonrisa al pensarlo, que oculté bebiendo un poco de vino.

Conforme la cena se acababa y fluía el vino fui caldeando el ambiente.

-¿Te ha caído bien Jorge?-le pregunté.

-Sí-respondió encogiéndose de hombros.

-Es majo,…, y un buen amante-añadí con voz insinuante.

Él no dijo nada. No solía comentar nada cuando le hablaba de mis encuentros. Yo le seguí hablando de Jorge y de la última vez que lo hicimos. Él parecía escucharme con apenas interés, pero yo sabía que captaba bien mis palabras. Estaba segura que con mi ropa, el relato, el vino y su imaginación haciendo el resto, pronto estaría tan caliente como yo.

-Fue una buena experiencia-concluyó, esperando que él me de pie para lo que quiero decir.

-Eso parece-una frase poco comprometedora, pero me vale, pensé.

-Espero que tú disfrutes de experiencias tan buenas como las mías.

-No sé…

-Venga. En cuánto te abras un poco tendrás muchas chicas encima,…, eres bastante atractivo, ¿sabes? Atractivo y deseable.

-Eso lo dices por decir, porque eres mi hermana-me dijo.

Yo pensé que era momento de ir a por todas. La cena ya había acabado y yo apure el último sorbo de vino para coger el punto de valor que me hacía falta para hablar:

-No te niego que podría ser eso, pero… ¿Sabes? No es por ser tu hermana por lo que mis braguitas están mojadas…

Él me miró, sorprendido por mis palabras. Yo me levanté y, sin dejar de mirarle a los ojos fui rodeando la mesa hasta ponerme a su lado. Él se notaba inquieto pero yo puse mis manos en sus hombros para tranquilizarle y para que no se levantará.

-Tranquilo-le digo acercándome a su oreja derecha para susurrarle justo junto al oído-Esta noche te la voy a dedicar hasta el final, her-ma-ni-to-terminé hablando al tiempo que entre silaba y silaba le mordisquee el lóbulo.

Él no respondió y por un momento no reaccionó, así que decidí ir a más.

-¿Quieres ver una cosa?-le pregunté.

Finalmente, asintió con la cabeza. Ya es mío, pensé.

Cogí su mano derecha y la eleve cuidadosamente hasta mis labios. Bese la palma tiernamente y luego las yemas de los dedos. Él observaba atento mis movimientos. Luego la dirigí sin dejar de mirarle a los ojos por debajo de mi falda y coloqué sus dedos palpando mi mojada ropa interior. Noté su mano junto a mi caliente conejito,…, aunque estaba la tela entremedias, sentía perfectamente sus dedos… Como no se atrevía a hacer nada yo misma los moví para que palpará y sintiera el calor y la humedad… Um… Aparte la prenda y acerque sus dedos a mi coñito, le deje rozar la piel un momento y retire su mano… De momento solo quería que lo conociese y eso bastaba.

-¿Qué has notado?-le pregunté.

-Calor, humedad, suavidad-dijo. La verdad es que me divirtió su respuesta, no pude evitar reírme ligeramente.

Él se miró entonces los dedos. Su punta se veía cubierta por una pequeña capa de algo brillante. Yo sabía muy bien lo que era. Volví a acercar su mano y lamí lentamente dos de los cuatro dedos mojados… Luego dirigí los otros dos a la boca de mi hermano.

-Pruébalos-le dije.

Él me obedeció y lamió mis jugos de sus propios dedos. Eso me encantó. Ya deseaba que los tomara directamente de la fuente.

Me incliné sobre él y mis labios se dirigieron a los suyos. Los probé finalmente por primera vez… Se abrieron a mi primer impulso y mi lengua tuvo acceso libre a su boca. Ya había besado a muchos chicos, pero este beso me resultaba especialmente morboso.

-Ven-le dije-Vamos a mi habitación.

Él aún mostraba algo de duda en su rostro, pero me siguió dócilmente cuando, tirando de la mano le hice levantarse y seguirme hasta mi cuarto. Yo palpitaba de la emoción y me sentía totalmente encendida, como una bombilla. Estaba llevando a mi hermanito a mi cama de la mano, decidida a dejar en nada las fantasías que pudiera tener, hundidas en una tormenta de sexo.

Llegamos y abrí la puerta, indicándole que pasara. Él entró… Le notaba nervioso, inquieto,…, pero se veía que tenía tantas ganas como yo.

-Siéntate en la cama-le dije.

Él lo hizo y yo me situé ante él, desnudándome ante sus ojos, haciéndole casi un streptease. Me quedé solamente con la lencería que me había puesto.

-¿Qué te parezco, estoy atractiva?

-Mucho-me respondió, comiéndome con los ojos.

Me retire entonces lentamente las braguitas, dándole la espalda y agachándome para que se deleitase viendo mi culito y mi entrepierna. Cuando me levanté y dirigí a él, ya estaba completamente a cien.

Apoye mis manos en su pecho y le hice quedar tumbado boca arriba en mi cama. Me subí sobre él, situando mis piernas, más de rodillas que en cuclillas, alrededor de su cabeza, de maneta que mi rajita quedara al alcance de su boquita. Acaricie sus mejillas y le miré dulcemente. Él me miraba sin saber muy bien que hacer. Yo acerqué su cabeza a mi entrepierna y eso fue bastante… Acercó sus labios y los posó en mi ardiente vulva. Luego sentí su lengua rozar y pasar entre los calientes pliegues de mi vagina. Yo sabía que no tenía experiencia, pero no estaba mal como empezó a hacerlo: su lengua recorría por completo mi rajita y empezó a centrarse en mi clítoris, lamiéndolo y succionándolo con los labios. Entonces usó los dedos también para acariciar mi concha y pronto note un dedo introduciéndose en mi interior. Oh. En las últimas semanas había visto muchas veces en mi imaginación a mi hermanito haciéndome una comida de coño, pero resultaba mejor de lo que había esperado.

Primero otro y luego dos dedos siguieron al primero, hasta que tenía tres introduciéndose en mi interior mientras él se centraba con su lengua en mi monte de Venus, cercándolo con sus labios,…, um, incluso sentí un dulce escalofrío al notar sus dientes apretándolo ligeramente. Para ser su primera vez lo hacia mejor que muchos tíos, y eso me sorprendió muy gratamente. Su otra mano acariciaba mi muslo y fue deslizándose hacia mi culito, rodeando mi nalga y apretándola… Yo ya esperaba que dirigiera sus dedos al estrecho orificio que guardaban, pero no fue así… Bueno, pensé… Era novato al fin y al cabo, pero yo le enseñaría esa y otras muchas cosas me dije.

Yo acariciaba su cabello y mantenía apretada su cabeza contra mi carnosa entrada, deseando que no se alejara. El placer era indescriptible y el morbo inimaginable. Había obtenido lo que quería y lo estaba disfrutando más allá de lo que podía haber pedido. Me concentré en sentir las embestidas de su lengua, con la que ahora buscaba penetrarme todo lo posible mientras sus dedos presionaban mi clítoris… Gemía de placer y sabía que no podría aguantar mucho más. Y así fue, poco después llegaba a un magnífico orgasmo que dejaba salir mi néctar directo hacia su boca. Para mi alegría, él no dudo en dar buena cuenta de ellos. Me regodeé nuevamente con la idea, mi hermanito me había comido el coñito hasta hacerme correrme.

-Um… Hermanito, lo has hecho muy bien-le dije levantándome.

Entonces le desabroché el pantalón y, tras retirarle los zapatos, tiré de las perneras hasta sacárselos. Hecho esto, su ropa interior no tardo en seguir el mismo camino. Me arrodillé ante él, al borde de la cama, él estaba apoyado sobre sus antebrazos para ver lo que hacia. Yo sabía my bien que me apetecía… Por fin tenía su pene delante de mí, esa verga que tantas veces había imaginado, que tantas veces había acogido al fantasear por los orificios de mi cuerpo… Iba a ser mía.

Su polla no era mejor que otras que había tenido, pero me gustó. No era muy larga, pero si gordita y estaba duro, de hecho, me parecía verla crecer, y sentirla cuando la rodee con mis dedos. Él me miraba, leí en sus ojos la lujuria y sabía que deseaba sentirla en mi boquita. Pero todavía no…

Retiré suavemente la piel de su glande… Él tomo aire. Poco a poco acaricie su verga a lo largo, mis dedos sentían la piel deslazarse sobre el músculo central, duro ya como una piedra. Soltó entonces el primer suspiro y yo aumenté el ritmo de la masturbación mientras mi otra mano acariciaba sus testículos. Él cerró los ojos para centrarse en la rica sensación que le proporcionaba y yo aligeré todavía más.

Entonces decidí ir a más. Poco a poco acerque mis labios y besé la punta, dónde ya había algo de liquido preseminal. Um… Enseguida me gustó. Yo era adicta al sabor de las vergas desde hacia años, pero está me encantó especialmente. Después de varios besitos por el glande, apreté mis labios contra ella, como si fuera ésta un ariete que quisiera forzar mis labios. Poco a poco cedieron y sentí su polla invadir toda mi boca. De una vez me la traque hasta los huevos. Él se estremeció de placer al sentir su miembro desaparecer y rozar mi garganta.

Comencé a mamarla, recorriendo con mi boca a lo largo de su erecto mástil, jugueteando con mi lengua en su cabeza, intentado meter la puntita en el pequeño orificio. Mis manos le masajeaban los huevos, le masturbaban y, mojando un dedo, lo fui aproximando a su culito. Él tembló al sentirlo, pero no me amilané y presioné hasta introducírselo entero mientras seguía chupándosela.

Él respiraba cada vez más rápido, jadeando del placer que estaba recibiendo. Yo tenía mucha experiencia y mi hermanito lo estaba disfrutando. Yo me permití introducirle un segundo dedo y empezar a moverme en su culito… Él hizo un movimiento como de queja al sentir una molestia creciente en su ano, pero con mi otra mano le acaricie el vientre por debajo de la camisa, buscando tranquilizarle. Y cuando ya se relajo, le metí un tercer dedo para terminar de estimularle mientras se la comía. Me sentía a mil, le estaba abriendo el culito a mi hermano mientras se la comía… Me sentía nuevamente húmeda y calentita… Me dije que pronto tendría esa verga enterrada en mi interior.

De hecho, la quería ya, así que me detuve y, para su alivio, saqué mis dedos de su interior. Él estaba embriagado de placer y claramente quería más. Me miró con ansia, pidiéndome claramente que siguiera, pero yo tenía otros planes. Le levanté y le ayude a quitarse la camisa mientras volvíamos a besarnos apasionadamente. Yo noté todavía el jugo de mi amor en su boca y él debió notar su propio sabor en la mía.

Cuando la camisa voló al suelo, le llevé hasta una silla y le pedí que se sentara. Así pude ponerme encima, sintiendo la punta de su pene cuando rozó por primera vez mi conejito. Esa era mi postura favorita, controlando yo totalmente la situación, cabalgando a mi amante. Era la mejor forma de que mi hermanito conociera por primera vez el calor del interior de una mujer… Mi coñito iba a ser el primero en tener esa pollita… Estaba tan húmeda que pensaba que me la podría meter de un golpe.

Casi pensé en hacerlo, pero no, prefería que él lo notara lenta y tranquilamente, centímetro a centímetro. Fui sentándome mientras su polla, sujeta por una de mis manos para no desviarse, entraba en mí, abriendo mis carnes a su paso… Me encantaba esa sensación, especialmente dadas las circunstancias. Sentía su caliente y dura verga penetrarme mientras me empalaba lo más lentamente posible en ella.

Finalmente llegué hasta el tope y la note toda dentro, dura contra mis paredes. Me apoye en sus hombros pero me quede quieta un momento, queriendo hacer presión con mi conchita en su pene, cuál si pudiera apretárselo… Entonces le bese en la boca. Él aprovecho está postura para acariciar mi vientre y subir hasta mis pechos. Ya se sentía con más confianza y eso me gustaba. Entendí que deseaba probar mis tetas, así que deje de besarle para que pudiera introducirse uno de mis pezones en su boca, succionándolo como si fuera un bebé tomando alimento del pecho de su madre… La idea me gusto y acaricie su cabeza como si de verdad fuera su madre dándole de lactar…apretándola contra mí. Su lengua recorría el pezón mientras sus labios lo apretaban. También lamió el grueso del pecho, dándole pequeños “mordiscos” que me volvían loca. Lo hizo primero con una de mis tetas y luego con la otra.

Entonces empecé, ya sí, a cabalgarle, saltando apoyada en sus hombros. Ahora le notaba entrar y salir de mí… Oh… Él gemía suavemente y yo le acompañaba. Mientras sentía su pene conocer por mí la primera de las que suponía serían muchas almejitas, entrando y saliendo, me seguí regodeando en el morbo del incesto… No era la primera vez que me cogían, pero ahora era mi querido y tímido hermanito… Cada vez estaba más segura de hacer de él todo un amante del placer como yo. Iba a aprender muchas cosas de mí, cosas que le asombrarían.

Volvimos a besarnos. Él ya exploraba mi boca con su lengua y jugaba con la mía, me alegro que fuera cogiendo confianza y algo de destreza. Yo seguí acelerando y sus manos, en mis caderas, me impulsaban a ir más rápida. Le contenté yendo lo más deprisa que podía. Nuestros gemidos se cruzaban al salir de nuestras bocas al separase y nos tomábamos mutuamente nuestros suspiros y alientos. Fue un momento culmen. Me sentía totalmente unida a mi hermanito casi de una forma… Esa postura siempre me daba buenos resultados, pero entonces quise que Sandro probara otra.

Salí con cuidado y por un momento me lamente de perder la sensación de ese rico pene en mi interior, pero bueno, en seguida lo tendría otra vez.

-Vamos a la cama-le dije.

Me tumbe boca arriba sobre las sábanas. Era una postura clásica, pero me apeteció. Él se fue acercando a mí, posicionándose encima. Pronto empezamos nuevamente a besarnos mientras su pene se acercaba nuevamente a mi ansioso conejito.

-Sandro, hazme el amor de nuevo-le susurré para excitarle todavía más, si eso era posible.

Él no me decepcionó y nuevamente seguí su gran verga entrar en mí, abriéndose paso entre mis labios y entre mis carnes. Avanzó rápidamente y en pocos segundos se detuvo con toda ella dentro de mí. Él volvió a besarme, ya cada vez estaba más suelto, y al poco comenzó a moverse… ¡Oh! Gemía de placer ante sus embestidas mientas intentaba abrirme todo lo posible de piernas para que accediera bien…

-¡Oh, hermanito! ¡Sandro! Así, cojéeme, folláme con fuerza, más rápido…

Él aceleró y sentí cada vez su miembro salir y entrar con más fuerza… No creí que pudiera aguantar mucho más… Y no me equivoque.

-¡Ah!... Elena-dijo-Creo que voy a acabar.

-¡Sí, mi cielo! ¡Vente en mi boquita!-le pedí.

Él la sacó rápidamente y se acercó hasta mi cara mientras se masturbaba. Yo me coloqué para que quedará justo sobre mí cara y mi mano sustituyo a la suya, al tiempo que apuntaba la cabecita de su miembro justo a mi boca, bajándola para poderla alcanzar con mi lengua. Le masajeaba cada más rápido mientras chupaba y succionaba la punta con ferocidad y pronto obtuve mi recompensa.

Con un suave pero alargado jadeo comenzó a eyacular. Yo me metí la punta y sentí su leche salir disparada en espesos borbotones que me llenaban la boca. Su semen era calentito, espeso, con un sabor un poco ácido…Lo deguste, me pareció sabroso y jugué, queriendo excitarle, con su corrida en mi boca, moviéndola entre mis dientes con mi lengua y tragando lenta y sonoramente. Seguí hasta tomármela toda y haberle dejado muy limpia su polla.

Entonces el se tumbó a mi lado,…, estaba cansado. Y yo también después del día de preparativos con su fantástico final en aquél polvo en que, sentía cosquilleos en mi coñito al pensarlo, había gozado quitándole la virginidad a mi hermano…

Viéndole a mi lado mientras me acercaba para besarlo nuevamente decidí que esta solo había sido la primera de muchas ocasiones, y que aún no conocía nada en comparación con lo que le esperaba…

25/10/2012 Por: pechoscalientes


Usamos cookies propias y de terceros para gestionar tu visita, si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies. ¡Gracias!.