Los mejores relatos eroticos clasificados por la categoria amor filial

Buscador de Porno XXX

Relatos Eróticos / Unas vacaciones distintas

Unas vacaciones distintas

Me llamo Mario y vivo a escasos30 kilómetrosde Madrid. Los que conocen esta ciudad sabrán que durante los meses de verano el calor es especialmente duro y la gente intenta evadirse unos días. Debido a una herencia, tengo un piso en Gandía, muy cerca de Valencia. Todos los años, normalmente en Agosto, suelo coger vacaciones e irnos un par de semanas con mi mujer y mi hija. Este año mi hija se ha casado y ya no vive con nosotros, de modo que todo indicaba que iríamos mi mujer y yo. Apenas quedaban un par de días para irnos y ya había ropa sacada por los lados de nuestro piso.

- Cariño – me dijo mi mujer – ha llamado la nena, nos pregunta si puede ir unos días a Gandía

- Bueno, sin problema – respondí - ¿ le has dicho las fechas en que vamos nosotros? Seguramente querrá intimidad con su reciente esposo,jeje.

- No no – contestó riéndose mi esposa – como la casa es grande quieren venir con nosotros y así no perder la costumbre.

Me pareció una estupenda idea, estaríamos todos juntos y en familia disfrutando de unos días de vacaciones en la playa, tomando cervecitas y en definitiva relajándose un poco de la rutina horrible del trabajo en la gran ciudad.

Por fin llegó el viernes, salí algo antes del trabajo y me dirigí a casa, donde debería esperarme mi mujer junto con mi hija y su marido para dirigirnos a Gandía, con 4 ó 5 horas de coche, aunque haremos una pequeña parada a comer.

Llegué a casa, y ahí estaba mi mujer esperando. Al sentir el coche mi hija salió de casa. Hacía varios días que no la veía. Se llama Paula, pelo pelirrojo, unos ojos enormes de color marrón claro y no muy alta. Su piel era blanca. Y la verdad que un bonito cuerpo, unos pechos realmente generosos y un culo bien puesto, al que se le notaba muy firme. Jamás en mi vida la había visto como una mujer sexualmente apetecible, pero en calidad de hombre debo decir que era una autentica muñeca. Gracias a su pequeña falda observé que mantenía unas piernas realmente preciosas.

Una vez metidas las maletas y todos listos, nos metimos en el coche. Yo conducía, mi hija se sentó con su marido en la parte de atrás y mi mujer en el asiento del copiloto. Cuando estuvimos listos, puse el coche en marcha y nos dirigimos a nuestras vacaciones en familia.

Una vez salido de los atascos madrileños ya me fui relajando en el coche e íbamos hablando tranquilamente, sobre el trabajo, cuando nos dan un nieto… En un momento determinado mi mujer se durmió y la pareja que iba en al asiento trasero se fue callando, por lo que entendí que se iban a dormir también, puse la radio con algo de música, pues sabía que el resto del trayecto sería en silencio.

Apenas quedaban dos horas y media para llegar a nuestro destino cuando observé un pequeño detalle…la mano del marido de mi hija se perdía por debajo de la falda, muy disimuladamente…La mano no se movía, ambos mantenían los ojos cerrados, pero cada cierto tiempo mi hija sacaba su lengua humedeciendo los labios.

Debo decir que me sorprendió, pues no suele ser muy común que un yerno meta mano a su mujer, en presencia de sus suegros y con tantas posibilidades de que sean pillados.

Quise intentar hacer caso omiso a lo que en el asiento trasero sucedía, miré hacia delante para concentrarme en la carretera y no tener mayor problemas, ya quedaba menos y sabía que con esa situación mi despiste podía ser trágico.

Pasaron los kilómetros, pero el acto reflejo de mirar por el retrovisor me hacía ver de vez en cuando que la mano de mi yerno seguía perdida por debajo de la falda de mi querida hija. Pero con la diferencia de que mi hija cada vez tenía las piernas un poco mas abiertas y la falda se movía lentamente, signo de que la mano perdida tambíen lo hacía. Mi hija mantenía los ojos cerrados, si bien, su boca estaba semiabierta, con pequeños momentos en los cuales se mordía los labios, claro signo de que no solo no estaba preocupada por si la pillaban, sino que estaba disfrutando con aquel momento de intimidad con su pareja.

En momentos cerraba la boca con fuerza, secuestrando sus propios gemidos, decididamente esta disfrutando, estaba gozando… Su marido seguía triunfal, con los ojos cerrados…

Yo me notaba sudar, el calor del coche subía por momentos, pero no podía bajar la ventanilla por el ruido inmenso que hace un coche en una autopista, y tampoco quería despertar a mi esposa, la cual, inocente, dormía ajena aquella espiral de morbo y sensualidad que se respiraba.

Cada vez sentía mayor calor en mi cuerpo, me estaba excitando por momentos y aún quedaba un buen camino hasta llegar al destino. Mezclaba miradas al frente con mi obsesión trasera. Mi hija ya respiraba mas hondo, sin querer hacer ruido. No abría los ojos, seguía disfrutando de aquel maravilloso momento. Sus manos apretaban fuerte el asiento… Yo notaba mi polla dura dentro de mi pantalón, hacía años que no sentía tal excitación en mi, y jamás pensé que sería viendo disfrutar a mi propia hija.

Por momento la falda se movía mas, mi yerno aceleraba, seguramente permitido al ver que su esposa, mi hija, apretaba con mas ahínco su boca y las manos al asiento.

No pasaron unos minutos cuando Paula se arqueó levemente, una de sus manos agarró el muslo de su esposo y la falda dejó de moverse, su boca se abrió completamente….había tenido un orgasmo…

Carlos, que así se llama mi yerno, sacó la mano de entre las piernas de mi hija, poco pude ver, pero dos dedos si estaban claramente mojados, lubricados con los líquidos sexuales de mi hija…se los llevó a la boca y los chupó…los saboreó para posteriormente besar a mi hija en el cuello…y se quedaron apoyados el uno en el otro, hasta quedarse dormidos.

Nuevamente estaba sólo en el coche, pero excitado como creo que nunca lo había estado. Apenas quedaba una hora, pero yo necesitaba relajarme. Entonces vi lo que era mi salvación, un área de descanso a escasos dos kilómetros. Lo tenía todo calculado, parábamos, tomaba un agua, y descansaba mi mente excitada…y lo que no era mi mente también.

Tomé el desvío, aparqué y paré el coche. Los tres acompañantes se mantenían durmiendo. Procuré no hacer ruido, pero…

- ¿ Has parado papa? – mi hija se desperezaba – pero si ya queda poco para llegar…

- Si hija – respondí – pero me notaba cansado y necesitaba estirar las piernas, son muchas horas en coche.

Me bajé del coche, y me fui a una pequeña tienda y compré agua. La bebí casi de una sentada. No podía quitar de mi mente esa visión de mi hija disfrutando en el asiento trasero de mi coche, con las piernas semiabiertas, la mano de su marido perdida entre ellas haciendo diabluras, con aquella cara de satisfacción de mi hija…y su orgasmo final. Me era imposible quitarme la excitación, por lo que tomé la mejor decisión…ir al baño y hacerme un “ sedúcete a ti mismo”

Me fui al baño, me encerré y me bajé los pantalones…ahí, dura como un roble saltó mi polla, ávida de sexo, de lujuria…comencé a masajearme…e imaginarme lo que sucedía debajo de aquella falda…posteriormente sin falda…y finalmente cambiando el dueño de aquella mano…Subí el ritmo, me imaginé como sería el sabor de aquellos dedos después de estar totalmente pringados de los líquidos del coño de mi hija…seguro estaban bien sabrosos…me sentí correr y aceleré…soltando enormes chorros de semen… Hacía mucho tiempo que no me corría de ese modo, lo que demostrada que hacía mucho tiempo que no estaba tan excitado.

Cogí un poco de papel y me limpié la polla, un poco que había caído sobre el calzoncillo y las manos. Me senté, aún con la puerta cerrada y rebobiné lo que allí había pasado. Me había masturbado pensando en mi hija, jamás lo había hecho y nunca hubiera creído que algún día lo haría, pero si algo me había dejado un cuerpo raro….es que había disfrutado con aquella sensación, pero algo me dio miedo….quería mas. Si bien también creí que con el tiempo pasaría esa tensión sexual por mi hija.

Decidí salir del baño, me lavé las manos con agua y me dirigí al coche, donde me esperaba toda mi familia despierta.

- Has tardado mucho – me dijo mi mujer - ¿ te encuentras bien?

- Si mujer – contesté – es un viaje largo, estoy cansado…

Apenas dije esa frase mi hija me cortó…

- Pues deja a Carlos que conduzca de aquí al final, no queda mucho y como tenéis la misma aseguradora no hay problema…

Sinceramente me pareció muy buena idea, aunque soy de los que le gusta conducir y estar todas las horas que haga falta al volante. Cuando me disponía a sentarme al lado de mi yerno, en el asiento del copiloto…

- Cariño – mi mujer – siéntate detrás que así descansas y vas mas cómodo, y si lo deseas te duermes o vas hablando con tu hija, que después te quejas que apenas la ves…

Me pareció una muy buena idea, con lo que recorrí el coche hasta llegar a la puerta trasera del piloto y me monté en el coche. Cuando ya estaba cómodamente sentado y con el cinturón de seguridad puesto, mi hija se montó, y con el movimiento de entrar, sentarse, pude observar mas de cerca esas bonitas piernas que poseía y que mi yerno disfrutaba…y no solo en la intimidad.

Me sonrió, la correspondí y comenzamos hablar mientras Carlos, mi yerno, puso el coche en marcha. Con el rabillo del ojo observaba las bonitas piernas de mi hija y comencé a pensar, inconscientemente, en lo sucedido anteriormente…

- ¿ te gustan mis piernas? – mi hija me preguntaba con una gran sonrisa

- Yo….- no me salía la respuesta- lo siento…

Mi hija me había pillado mirando sus piernas muy concentrado. Grandes calores me recorrieron por el cuerpo ante tal situación.

- No te preocupes papa – salió al paso mi hija – es bueno que un hombre tan guapo como tu le gusten las piernas de una mujer como yo.

Y sonriendo me dio una gran beso y me cogió la mano.

El resto del viaje fue bastante tranquilo, hablando de cosas varias, pero yo era incapaz de quitarme la imagen de la mano perdida de mi yerno entre las piernas de mi hija…la boca abierta de ella…los dedos húmedos…

Aquella fue la primera vez que pensé en mi hija como lo que era…una mujer bella, hermosa, apetecible…pero lo que creo que mas me llamó la atención fue su instinto por el morbo…no cualquier hija se dejaría meter mano en aquella situación tan paeligrosa…

Tras poco mas de una hora de viaje llegamos al destino, aparcamos en el garaje de la zona residencial y descargamos el coche. MI yerno y yo cogimos las maletas mas pesadas como buenos caballeros y mi mujer y mi hija llevaron las bolsas.

Una vez en el piso, cada pareja se fue a su habitación, ya era de noche y nos despedimos hasta el día siguiente. Yo posé la maleta encima de la cama, la abrí y comencé a sacar la ropa y colgarla en perchas o bien meterlas en los cajones. Observé que mi mujer estaba asomada a la ventana, me acerqué donde ella, la abracé por detrás y ambos observamos el mar, la playa…días de relax.

Estábamos absortos en las vistas cuando empezamos a notar unos ciertos golpes en la pared que daba a la habitación de la otra pareja de la casa. Mi mujer y yo nos quedamos mirando…no lo decíamos pero sabíamos lo que era…

- Parece que están estrenando la cama – se rio mi mujer…

Yo me reí, aunque a me sentí ciertamente excitado a cada golpecito que sentía en la pared. Recordaba lo del coche y comprendía que estuvieran totalmente excitados…y con ganas de desahogar.

Suavemente comencé a bajar mi mano por el vestido de verano de mi mujer…y acariciando por encima el culo…le di un pequeño cachete…

- ¿ Quieres hacer la competencia a tu yerno y a tu hija? – sonrió picadamente…

Mientras apretaba mi cintura contra la de ella y amasaba el hermoso culo de mi mujer, ella dejó caer su cabeza hacia atrás apoyándose en mi hombro derecho. Yo empecé a besarla en el cuello y recorrer con mi lengua sus lindas orejitas…subí mi mano izquierda y comencé a apretar sus pechos, meter mi mano entre su canalillo y sentirla como se excitaba por momentos.

Le subí la falda despacio, dejando al aire sus hermosas nalgas. Para ser sincero debo decir que aunque se nota el paso del tiempo, aún se conservan duritas, apetecibles y estupendas. Mi mujer mantenía los ojos cerrados, dejando escapar leves gemidos.

Aparté con mi mano el tanga y comencé a sobar el húmedo coño de mi mujer. Acariciando lentamente sus labios, impregnando mis dedos con el líquido que emanaba de su delicioso coño…mientras tanto, con la otra mano perdida bajo el vestido, acariciaba los pechos, rozaba los duros y erectos pezones…

Comencé a introducir levemente un dedo en la raja, que ya rebosaba de líquidos. Apretaba con mi propio cuerpo, la gravedad de los gemidos subía por instantes. Mientras uno de mis dedos hurgaba dentro de ella, otro dedo jugaba con su clítoris, tal y como a ella le gustaba.

El morbo se estar mirando a la playa y estar disfrutando de nuestros cuerpos nos hacía seguir avanzando en nuestro éxtasis, mientras yo, mantenía un sentido en la otra habitación, el oído. Se oía el rechinar de la cama que había en la habitación contigua y donde mi hija y su yerno disfrutaban de su juventud y de sus ganas de disfrutar de ellos y de sus cuerpos… Imaginarme lo que estarían haciendo, me producía cada vez una mayor excitación…

Noté una mano de mi mujer acariciarme por encima de mi entrepierna, donde un gran bulto se apoyaba en el culo de mi mujer. Buscó el botón y consiguió desabrocharlo…posteriormente me bajó la bragueta e introdujo su mano por debajo de mi pantalón.

Comenzó a acariciarme con mucha fuerza mi polla dura, la sacó de mi slip y comenzó a pajearme lentamente. Llevó su mano hasta su boca, la untó en su propia saliva y regresó a la acción, poniéndome mas caliente por momentos.

Lo repitió varias veces, dejando bien húmeda mi robusta polla. Me pajeaba con ganas, apretando contra mis huevos todo lo posible, lo que en ocasiones me producía una cierta sensación de dolor, pero que en mi interior me incitaba a querer mas y mas.

Apartó su cabeza de mi hombro, dejó de masturbarme y arqueó su cuerpo hacia delante, apoyándose en la ventana. Sus manos comenzaron a subir el vestido, dejando a la vista su lindo culo y su tanga rojo. Lo apartó levemente, dejando a la luz lo poco que quedaba por imaginar. Su coño rebosaba líquidos, unos labios hinchados por la excitación…Abrío poco a poco sus piernas, y comenzó a tocarse suavemente…

- Hazme el amor – me dijo entre tímidos jadeos

Me acerqué a ella con mi polla preparada para la batalla, la cogí y la puse en la entrada de su coño. Comencé a introducirla lentamente. Sus manos apoyadas en el marco de la ventana apretaban al sentirse penetrada…

- ahhh – pequeños gemidos de mi mujer acompañaban la entrada de mi polla en ella.

Una vez totalmente dentro, me arqueé hacia delante, una mano la acerqué a su cara y comencé a acariciarle los labios, ella me sacó la lengua y comenzó a chuparme mis dedos como si de una mamada experta se tratase. La otra mano empezó a jugar con sus pechos, sus pezones, apretando, algo que a ella le encantaba y que provocaba gemidos sonoros.

En esa situación comencé el movimiento lento de entrar y salir. Ahí estabamos, apoyados en la ventana, con la bahía como vista y disfrutando de nuestro amor y del morbo de que alguien mirara y se fijara en la cara de auténticos poseídos por el sexo.

Apenas sin darme cuenta, comprobé que mis movimientos coincidían con los golpes que oíamos en la pared, cerré los ojos y me imaginé los gemidos de mi mujer como si fueran los de mi propia hija.

En ese instante ambas estaban gozando, haciendo el amor con sus parejas, pero mientas uno disfrutaba físicamente de mi hija, otro, deseaba llegar a ese momento…

Por momento me parecía oir los gemidos provenientes de la pareja de al lado…yo me excitaba cada vez mas…apretaba mas los pechos de mi mujer…y mi ritmo era cada vez mayor.

Sentí que los ruidos en la pared aumentaban no solo de intensidad, sino que cada vez se oían mas rápidos…supuse que mi yerno estaba al correrse…que mi hija se habría corrido y estaría disfrutando…

Aceleré…quise correrme cuando ellos, necesitaba hacerlo…

- Me corro cariño – mi mujer empezó a gritar, jamás le había hecho el amor con tal ímpetu.

Al instante de decirme eso, sentí un gemido femenino…mi hija había gemido….y los ruidos de la cama ya eran prácticamente sin interrupción…

Aquello fue el cúlmen, imaginarme como mi hija había llegado al orgasmo a escasos metros de mi,

Mi mujer se arqueó, gimió bastante fuerte y esto acabó por excitarme del todo, me sentí correr dentro de mi mujer, cerré los ojos, con cada chorro de semen que expulsaba yo apretaba mas contra mi mujer, lo que le hizo volver a correrse…

Nos quedamos duros unos instantes, reposando aquel gran momento…Pasado un rato comencé a sacar mi polla ya fláccida y pringosa del coño de mi mujer. Al salir del todo, un hilo de semen salió y se deslizó entre sus muslos.

Ambos, extasiados nos tiramos encima de la cama. No se oía nada en toda la casa. Tras la tormenta de sexo, había llegado la calma…

Mi mujer cerró los ojos a modo de querer descansar un rato.

Yo me quedé pensando en lo sucedido aquel día, en aquel viaje, en como me había excitado mi propia hija y los deseos que estaban despertando en mi de poseerla…

27/07/2012 Por: pechoscalientes


Usamos cookies propias y de terceros para gestionar tu visita, si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies. ¡Gracias!.