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Excelente follada con papa

Hace tiempo que visito este lugar de escritos sinceros y situaciones excitantes. Lo que voy a contar aquí me ocurrió hace ya un tiempo, antes siquiera de saber de esta página web. Aun a fecha de hoy no se si hice bien, si me equivoque (nos equivocamos) o hicimos lo que sentimos sin más.

En mi casa, de siempre ha habido un ambiente abierto sobre la sexualidad y sobre el cuerpo, viéndonos unos a otros sin pudor y de forma normal. Por eso conocía a la perfección el pene de mi padre o las tetas de mi madre.

Lo que voy a contar pasó cuando yo tenía 19 años. Hace unos 5 años. Soy una chica normal, creo que me cuido bien y con mis 19 años de entonces todavía más. Todo estaba en su sitio, bien preto como diría alguno, con un culito respingón y unos muslos que me gustaba lucir con minifaldas, pues no en balde había patinado durante mi reciente juventud y los tenia bien formados. Los senos más bien grandes, y como me dijo una vez un novio que tuve, apuntando al cielo (jajaja). Además soy muy sensible con mis pezones y enseguida se me marcan un montón, lo cual me ha puesto a veces en situaciones comprometidas, marcándoseme bajo la blusa o la camiseta. Pelito moreno por debajo de los hombros.

Con 19 años ya había tenido alguna experiencia sexual, por lo que ya sabía lo que son los bultos que a los chicos se le forman bajo el pantalón, y con qué facilidad podemos hacer que se formen. Yo y una amiga nos gustaba jugar a eso con algunos amigos. Si es que las hormonas en los chicos de 18-19 años están a flor de piel!!!

Con anterioridad había comprobado ese bulto en mi padre, pero nunca le había dado importancia. Incluso se la había visto medio empalmada alguna vez en la ducha. Pero igual que el me había visto empitonada con el biquini, o sin el, o me había visto afeitarme el vello del pubis. Todo dentro de la normalidad de una casa en la que siempre se había actuado al respecto con normalidad.

Pero un día no se qué cambio, nos sé que ocurrió. Yo creo que mi padre me vio con ojos distintos desde un día que me vio rasurándome los pelos del coño, como otras veces. Pero esa vez recuerdo que antes, debido a el calor de aquel verano, me había metido en la ducha y me había duchado durante un largo rato, y me había hecho una buena paja con el agua en mi clítoris. Lo necesitaba. Me relajó un montón. Al salir me puse a depilarme, sobre el inodoro y con las piernas sobre una banqueta. Mi clítoris me lo notaba todavía latente, rosado asomándose hacia afuera. Mis pechos me estallaban de duros que los tenia. Los pezones erguidos y desafiantes hacia arriba. Yo súper relajada. Casi con una sonrisa picara en mi boca. En ese momento entró mi padre en el baño. Todo normal. Se estuvo mirando en el espejo del baño. Pero vi que miraba mi imagen reflejada más de lo normal. Supongo que me vería algo distinta. Supongo que se percató de mi clítoris inflamado y de mis senos espectacularmente firmes. Después de un rato se dio la vuelta y se sentó en el bidet, frente a mí, y me estuvo observando. Yo no me sentía mal, pues siempre lo hacía cuando quería hablar conmigo. Me sacó el tema de que ya no era una chica, que como había crecido, que si quería hablar de algo que contara con él, etc., etc. Yo seguía con mi labor y le contestaba a sus comentarios. Al final de la conversación, me levanté y me senté en sus rodillas, como hacia cuando era más pequeña, y le di un fuerte abrazo. Entonces noté un calor enorme en mi muslo por la parte exterior, la parte que estaba en contacto con su pene súper erecto tras esos pantalones cortos de verano que llevaba. No le di importancia. Era normal, supongo.

Pero esa noche le comencé a dar vueltas a todo. Me empecé a imaginar escenas, situaciones, momentos con él. El era una persona que se conservaba muy bien, con sus 45 años recién cumplidos. Iba al gimnasio y salía a correr. Me empecé a tocar mientras mi imaginación volaba sin darme cuenta. Estaba en la cama con unos pantaloncitos cortos de pijama y nada más. De esos que paran súper anchos por la zona de las piernas, por lo que me facilitaba mi labor. Las sábanas casi no me cubrían. Estaba volando cuando me di cuenta que mi hermano, un año menor que yo, se había sentado en la cama de al lado y estaba viéndome con una sonrisa en los labios. No había secretos entre nosotros, pues habíamos descubierto la sexualidad entre nosotros de forma inocente y como si fuera un juego. Nos habíamos pajeado mutuamente alguna vez y le hice en un par de ocasiones una mamada, y él a mi también, para saber lo que se sentía. Pero sin que fuera a más. Como un juego más entre hermanos.

Entonces me dijo: joder hermanita, como estás, no?? Que no soy de piedra y me vas a poner a cien. A lo cual me reí y le dije que se hiciera un trabajo manual. Me di media vuelta y me dormí.

Al cabo de unos días nos bañamos mi padre y yo en la piscina de la casa de verano que tenemos. Está en un lugar protegido del exterior y nos solíamos bañar desnudos o con biquini en top less o bañador. Yo iba en biquini sin la parte de arriba. Jugué en el agua con mi padre. Como otras veces. Pero le noté mas manoseador que nunca, aunque no le dije nada porque en el fondo me gustaba. Estábamos solos en la casa. Salimos del agua y para tomar el sol nos quitamos el bañador y el biquini. El la tenía medio erecta, como cuando se ha estado empalmado y te está bajando. Yo me había quedado súper excitada, tenía el coño húmedo y los pezones a reventar. Me subía un pequeño aroma a sexo fruto de los flujos que me salían. Nos tumbamos uno al lado del otro, y no sé si fueron las feromonas o las hormonas o lo que sea, que mientras le estaba poniendo crema en la espalda, vi como entre sus piernas, sobre la toalla se estaba empalmando de forma que la veía incluso latir. Acabé y le dije que se diera la vuelta, para ponerle en el pecho. Me dijo que ya se la ponía el. No le dejé, no me lo podía perder. Se dio la vuelta y la vi majestuosa. Debía medirme casi los 18, y más gorda que nunca la había visto. Le hice un comentario jocoso y le empecé a untar. El cerró los ojos. Cuando llegué a las piernas no me pude resistir y me la introduje en la boca. Hasta la garganta. Mirándole a los ojos. El ni los abrió. Emitió un suspiro y me dejó hacer. Al minuto me dijo que eso no podía ser. No le contesté. Me puse haciendo un 69 encima de el y le mostré frente a él mi clítoris palpitante y rasurado. Me lo comió como nunca me lo habían hecho. Que placer. Indescriptible. Fue verdaderamente increíble. Me vine por lo menos cuatro veces seguidas. Que gozo. Yo mientras le agarraba su polla junto con los huevos y se la apretaba entre mis labios. Como me gustaba!! Y como notaba que le gustaba. Cuando estaba llegando mi cuarto orgasmo y mis gemidos eran considerables, noté como su glande se hacia mas grueso si cabe y palpitante. Sabia que me iba a regar con su semen toda mi boca. Me la introduje hasta la garganta una vez mas y cuando noté que iba a salir mi manjar la tomé con los labios hasta la base del glande, agarrándola con las dos manos el resto de polla y pasándole la lengua repetidas veces con la punta, notando un sinfín de chorros que me llenaban la boca y no me daba casi tiempo a tragármelos. Mientras me venia un orgasmo incleible, e incluso creo que le regué toda su cara con flujos mios de la corrida. Perdí la cuenta de los chorros de semen que salieron de su gran polla, el se retorcía de placer, mientras yo no podía dejar de hacer movimientos casi espasmódicos de mi cadera mientras me agarraba con sus fuertes manos y me seguía comiendo el coño mientras me corria. Entonces me di cuenta que me había metido un dedo en el culo, y que toda esa situación me hacia ponerme mas y mas caliente, si cabe.

Cuando acabó de eyacular me dediqué todavía un minuto a lamer su glande hiper sensible, lo cual le hacía retorcerse de placer. Me incorporé y lo vi tumbado sobre la toalla, con los ojos cerrados y con la respiración todavía fuerte. Su pene seguía poderoso y enorme. Me senté sobre él y me la introduje en el coño. Que placer, increíble. Como necesitaba su polla dentro de mí con el calentón que todavía tenía. Entonces abrió los ojos y se sonrió y me dijo: “Pequeña, que seguramente necesite un descanso!!” Me llamó pequeña como es habitual en él conmigo, pero dentro de este contexto se me hizo raro. Le miré y le dije: “Eso habrá que verlo”. Estaba sentada sobre él, con las piernas arrodilladas paralelas al suelo, y me arrecosté hacia atrás, a apoyándome las manos en sus tobillos por detrás de mi espalda. En esa posición se me introducía toda su polla hasta el interior y la notaba muchísimo. Empecé a hacer movimientos de pelvis mientras tiraba la cabeza hacia atrás. Yo sabia que el me estaba contemplando, veía mis senos moverse, pese a los duros que están a esas edades, y con los pezones a reventar. Me los acarició y me dieron casi calambres por el cuerpo. Era una gozada. Su polla no perdió ni un ápice de dureza. Mas al contrario. Noté como empezó a latir dentro de mí, y mi padre no podía dejar de gemir. Fue increíble.

En un momento agarró él el mando de la situación. Me puso a cuatro patas y me tras darle un lametón a mi coño, desde el clítoris hasta el ano que me supo a gloria, me introdujo toda su polla mientras me agarraba por la cintura y me acercaba hacia él casi brutalmente. Aquello me ponía a mil. Era un momento para que me llamara puta, zorra, y cualquier frase guarra que nos hace excitarnos tantos en estas situaciones. Pero no, el no. Me dijo muy suavemente si estaba disfrutando tanto como él, volviendo a emplear la palabra pequeña. Mientras me metía su dedo pulgar en el ano. Todo aquello junto hizo que me pegara una corrida vaginal impresionante. No podía contener mis espasmos. Me llevé mi mano a la boca y me chupé dos dedos. Acto seguido me los acerqué a mi clítoris, o sin antes tocar el pene de mi padre mientras me penetraba sin descanso, notándolo húmedo de mi. No llevaba si 30 segundos tocándome el clítoris y alrededores cuando me vino un orgasmo clitoriano en toda regla. Increíble. Todo ello mas supongo que con mis gemidos, hizo que mi padre se pusiera a mil y descargara mas leche si cabe que antes en mi coño. Descargó tres o cuatro veces, o esas fueron las que noté yo, cuando me salí de el y me introduje su polla en mi boca nuevamente. Aún pude llenármela de su semen. Como me gustaba!!! No pararía de chupar y de tragar!!!!

Nos tumbamos uno al lado del otro, lamentándose de haberse corrido dentro de mi. Decía que no pudo pensar en mas y descargó en mi interior. Le tranquilicé diciéndole que estaba en uno de esos días fuera de riesgo para las mujeres. Era cierto, y además lo tranquilicé. Comentamos si había o no estado bien. Y llegamos a la conclusión que nos apetecía en ese momento y que era una tontería lamentarse. A partir de ese día hubiera sido fácil repetir los encuentros, buscarnos en la oscuridad, tocarnos a escondidas…. Pero no. No Ocurrió mas, Supongo que sabíamos que fue algo esporádico, y además que queríamos recordar en nuestra mente la situación como única, excepcional e impresionantemente placentera.

Espero que no se haya hecho largo el relato, pero es que cuando recuerdo la situación, aún hoy, me pongo muy caliente y no puedo evitar hacerme algún dedillo. Hoy han caído dos mientras lo escribía!!!!

17/04/2012 Por: pechoscalientes


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